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La abundancia es una realidad a la que te conectas desde el interior

La abundancia es, sobre todo, un estado interior. Lo más acertado sería decir que se trata de un sentimiento constante de que tienes lo que deseas. De que tu perspectiva está orientada hacia lo mucho que posees y no hacia aquello de lo que careces. No tiene que ver con una abultada cuenta bancaria o una vida de excesos.

No es gratuito aquello de que “Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita”. Eso es exactamente la abundancia, un sentimiento de plenitud que no depende de lo externo, sino que se afinca en el interior de uno mismo.

La vida es sólo un espejo, y lo que ves en él, tienes que verlo en primer lugar dentro de ti”.

-Wally Amos-

Tanto la abundancia como la pobreza implican un conjunto de emociones, pensamientos y creencias. De ahí que se presente esa contradicción en la que hay quienes tienen mucho y, sin embargo, se sienten miserables. Mientras tanto, otros tienen muy poco y se encuentran perfectamente agradecidos y felices.

El sentimiento de carencia

Si algo es común a todos los seres humanos es la carencia. Nacemos con faltas y muchas de estas nos acompañan hasta la muerte. Venimos determinados por un patrimonio genético, una raza y muchas otras características. Cada una de ellas implica una renuncia a todas las demás alternativas.

Crecemos y vivimos también con la carencia como horizonte. Sin importar las circunstancias, siempre vamos a vernos sometidos a la renuncia. Todo el tiempo estamos dejando atrás bienes amados. Personas, situaciones y vínculos que no podemos eternizar.

 

Aunque todos sabemos esto en el fondo, algunas personas no se resignan a que la vida sea así. Quieren eliminar de la vida esa parte que implica renuncias, pérdidas y vacíos. Al hacer esto, lo que logran, sin proponérselo, es hacer más profundo e intenso ese sentimiento de vacío que, en mayor o menor medida, nos habita a todos.

Cuando predomina el sentimiento de carencia, vamos por la vida sintiendo que esta nos debe algo. Además pensamos que en alguna parte sí existe esa totalidad, que erradique para siempre la sensación de vacío. A veces se llega a dejar de lado las potencias creativas para convertirse en un eterno receptor insatisfecho.

El estado de abundancia

La carencia es en realidad una condición que cumple con el papel de matizar y modelar nuestras emociones. Quien vive rechazándola, generalmente queda atrapado en ella. Así como sin la noche no podríamos valorar el día, tampoco sin carencia podemos construir el sentimiento de abundancia.

De hecho, las personas que han pasado por grandes carencias y han logrado trascenderlas en su mente, principalmente, son las que más preparadas están para acoger en su vida el sentimiento de abundancia. Al tener conciencia de un vacío, una necesidad o un deseo no cumplido, se le otorga gran valor a aquello que “llena”, aunque sea parcialmente.

 

Buena parte del secreto de vivir está en aprender a ser humildes. Esto no quiere decir conformistas, ni sumisos. Más bien significa entender que al mundo vinimos solos, desnudos e inermes. Todo lo que hayamos conseguido a partir de ahí es una ganancia.

Conectarte con la abundancia

En un mundo y un tiempo consumistas como los que vivimos, tiende a pensarse que la abundancia es exceso. Y que el exceso es una fuente de satisfacción. De ahí que en muchas personas crezca una voracidad inexplicable, que nunca encuentra alivio. Siempre quieren más y nada llega a ser suficiente.

Esa es una condición en la que no hay extrema abundancia, sino extrema carencia. En realidad, no tiene nada que ver con lo que se logra conseguir en la vida, sino con el apetito insaciable que acompaña ese proceso. Esto se convierte más bien en un sufrimiento que no halla alivio. El anhelo de satisfacción que no se encuentra en el interior de uno mismo se traslada a lo externo.

 

Por eso, conectarte con la abundancia es ante todo ser capaz de dos cosas: valorar y agradecer. Valorar quiere decir dar significado a lo que tienes, a lo que logras, por pequeño que pueda parecer. Agradecer es permitirte sentir dicha por todo lo que hay en tu vida y que, perfectamente, podría no estar ahí. Ubicarte en una posición de humildad frente al universo y otorgar un significado a todo lo que te rodea. Así se conquista la abundancia.

Un artículo escrito por Edith Sanchez 

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