Teletrabajo

¿De qué hablamos cuando hablamos (por los codos) del branding?

La idea de llevar el volandas el crecimiento de las empresas a través del branding (inteligente) y las experiencias positivas de marca se ha convertido en los últimos tiempos en una tendencia de rabiosa actualidad. Y no sólo en el universo B2C. También las compañías B2B apuestan cada vez más profusamente por el branding a fin de destacar entre la multitud y de hacerse atractivas de cara al cliente.

¿De dónde viene el “hype” en torno al branding?

El branding es en los tiempos que corren cada vez más importante para las empresas. Y lo es porque las marcas personales, aquellas emanadas de todos y cada uno de nosotros, ocupan (y reclaman) cada vez más espacio.

Puede que antaño fuera propiedad exclusiva de las compañías, pero hoy en día todos, absolutamente todos, podemos echar nuestras zarpas sobre el branding (con la inestimable ayuda de las redes sociales).

En la era digital todos somos marcas

Día tras día, y a través de los selfis y los comentarios que publicamos en las redes sociales, levantamos los cimientos de nuestra propia marca personal. En ocasiones nuestra marca está apuntalada sobre la moda, en otras sobre el veganismo. De pilares de las marcas personales pueden ejercer en realidad múltiples temáticas. Esas marcas personales van cobrando después poco a poco cuerpo con las fotos, las historias y los emojis que aterrizan en la que es la mano derecha del branding: la Web Social.

Como el branding personal es cada vez más relevante, a las marcas no les queda más remedio que echar también toda la carne en el asador a la hora de hincar el diente al branding, explica Rebecca Vogels en un artículo para T3N.

El branding para las empresas

Hay múltiples definiciones para el concepto “marca”. Una de ella es, por ejemplo, la que propone a continuación Kevin Lane Keller: “Una marca es la colección de asociaciones que el cliente tiene en relación con una empresa y que determinan el valor de un producto o de un servicio”.

A la hora de dar forma a su propia marca, algunas empresas se empeñan en responder a preguntas como estas: ¿Qué valores debemos expresar? ¿Cómo vamos a comunicar tales valores? ¿Sobre qué temas deseamos posicionarnos?

¿El problema? Que en pleno siglo XXI muchas de estas preguntas son en realidad superfluas. ¿Por qué? Básicamente porque a la hora de hacer branding las empresas no deben cometer del imperdonable pecado de mirarse el ombligo y deberían fijar la mirada sobre todo y ante todo en las marcas personales de sus propios clientes.

Las marcas deben dar alas a la identidad de sus propios clientes

A la hora de aproximarse al branding las compañías no deben responder tanto a la cuestión de cómo se ven a sí mismas como marcas como a la cuestión de cómo se ven los clientes a sí mismos, insiste Vogels.

Las preguntas que deberían en realidad estar sobre la mesa son las siguientes: ¿Qué sentimientos inspiran las empresas a sus clientes? ¿Cómo pueden éstas contribuir a apuntalar las marcas personales de sus propios clientes?

Cuando posan sus ojos en el branding, las marcas deben hacer todo lo posible para ayudar al cliente en verse reflejados en el espejo de su propia marca personal.

Las historias que las marcas deben hacer suyas son aquellas que el cliente se cuenta a sí mismo y que están perfectamente integradas en su identidad personal. Y son esas historias las que en último término deberían tejer (hebra a hebra) el tapiz del branding, concluye Vogels.

Vía: MarketingDirecto

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