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Claves para mejorar la fuerza de voluntad

La fuerza de voluntad es una habilidad psicológica que todos podemos potenciar y madurar si sabemos las claves.

Todos nos fijamos unos propósitos durante el año, especialmente en enero y en septiembre. Empezamos muy animados, pero tiempo después en numerosos casos se abandonan. Para que esto no suceda, ten en cuenta varias claves para mejorar la fuerza de voluntad.

Y es que la motivación, con el paso de los días, se pierde, puesto que llegan las obligaciones, el cansancio, se acaba la emoción de la novedad… Y es cuando se empieza a plantear el abandono. Para evitarlo, tenemos que echar mano de nuestra fuerza de voluntad, pero ¿sabemos con exactitud qué es la voluntad? Vamos a definirla para después entrar en cómo trabajar con ella.

Qué es la fuerza de voluntad

Se trata de la habilidad o la capacidad que una persona tiene para la persecución de un objetivo determinado, venciendo las dificultades, las distracciones y los obstáculos. Eso sí, no solo se refleja en la consecución del logro, sino también en esfuerzo cuando la corriente no nos empuja en esta dirección. Es decir, no rendirnos, ni darnos por vencidos, ni ceder a los deseos a pesar de que los resultados no sean inmediatos.

Dos de los ejemplos más típicos son dejar de fumar y practicar deporte. Al principio la motivación es grande, pero luego, nuestra mente nos va poniendo trabas y habilitando excusas para abandonar, y como es algo que cuesta, necesitamos vencer dichas trabas a base de mejorar la fuerza de voluntad.

Claves efectivas para mejorar la fuerza de voluntad

“A veces no te das cuenta de tus propias fortalezas hasta que te encaras con tu mayor debilidad”.

-Susan Gale-

Para mejorar la fuerza de voluntad es preciso ser conscientes de que se trata de una habilidad psicológica que hay que trabajar, puesto que se adquiere y se potencia durante toda la vida, por lo que el uso de estas claves nos va ser de gran ayuda.

Establecer objetivos claros y realistas

Muchas veces nos proponemos metas que son imposibles de cumplir, falacias que en nuestra mente representan el éxito, pero que no se corresponden con los márgenes que nos concede la realidad ni con lo que podemos lograr en los tiempos que nos hemos marcado. Un ejemplo muy común es querer perder tanto peso y tonificar tanto que en 1 mes se reflejen los resultados equivalentes al trabajo de un año.

Esto, al principio, puede parecer apasionante, pero cuando la realidad se imponga, veremos que tenemos que tener en cuenta nuestra constitución, edad, etc., y que hay determinados logros que no podremos acelerar, por muy grande que sea nuestro deseo. Así es como surge la frustración, la culpabilidad, la desesperación y, por supuesto, la consecuencia es tirar la toalla.

Por este motivo es tan importante contar con unos objetivos bien definidos y estructurados. Por ejemplo, ponerte en manos de un profesional que paute la dieta que mejor se adapta a lo que quieres conseguir. No solo porque ha estudiado y trabaja en ello, sino porque podemos valernos de su experiencia para conseguir lo que queremos, además de contar con una opinión de peso que nos diga hasta qué punto eso que pretendemos es bueno para nosotros.

Dividir las tareas en pequeñas subtareas

Si, por ejemplo, comienzas a estudiar un curso largo sobre alguna materia y piensas en todo lo que tienes que asimilar para aprobar, probablemente aparezca el agobio. En cambio, si lo divides por asignaturas o temas, y estos además los divides en apartados semanales, y a su vez estos en puntos diarios a estudiar, lo que era una gran altura se convierte en pequeñas rampas que puedes salvar sin dificultad, ¿verdad?

Pues en eso consiste, en dividir las grandes tareas que nos hemos impuesto en pequeñas subtareas para que sea más fácil y asequible llevarlas a cabo.

Planifica mediante un calendario las subtareas

No vale el clásico ‘mañana empiezo’, pues así pasan las semanas y los meses y luego llega el estrés y la culpabilidad por haber procrastinado. Has fijado los objetivos, el tiempo que te van a llevar y las subtareas, así que ¡manos a la obra!

Haz un calendario y horario con la distribución diaria de las subtareas, establece tiempos que puedas cumplir sin problemas, ni demasiado cortos, ni demasiado largos y en momentos del día en los que no tengas obligaciones, de manera que el nivel de estrés no suba.

Al avanzar, verás como tu manera de proceder se verá reforzada. Verás los resultados, disfrutaras de sus consecuencias. Así, cuando el hábito esté bien establecido, el volumen de voluntad que tendrás que emplear se reducirá. Lo que antes costaba, ahora es simplemente un automatismo.

Limita la cantidad de objetivos

No es aconsejable llenar nuestra agenda de objetivos que requieran de una gran voluntad. Raciona tu voluntad, igual que planificas el tiempo. Ambos son dos recursos limitados, aunque en alguna ocasión pueda parecernos lo contrario.

Finalmente, señalar una idea. Reducir el nivel de voluntad que empleamos para sostener nuestro día a día es una buena señal de que nuestra planificación vital es buena. Significa que hemos sido capaces de generar una corriente y que estamos disfrutando de ella.

Pedro González Núñez

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