Al igual que muchos de mis compañeros de clase, poco después de graduarme de la universidad, me uní a las filas de una firma de consultoría de gestión y estrategia. Sabía que me estaba apuntando a largas horas de trabajo, pero no lo asimilé de verdad hasta unos meses después, cuando pedí un día de vacaciones para ir a la boda de un amigo. Mi solicitud fue concedida, a medias. Mi esposa condujo durante el largo viaje en coche hasta la boda, mientras yo pasaba mi “día libre” en el asiento de copiloto trabajando furiosamente desde mi portátil, con paradas ocasionales en cafeterías para cargar la batería y enviar correos electrónicos con el wifi gratuito. Este ritmo continuó durante meses, incluso en festivos nacionales me encerraba en mi apartamento para trabajar. Hasta que comencé a preguntarme cuánto tiempo podría seguir así.

Desafortunadamente, esta historia de desgaste inminente no es inusual. De hecho, ya en 2012, una encuesta de Gallup reveló que el 40% de los trabajadores estadounidenses “estaban tan estresados ​​que se sentían quemados”. El 70% de las llamadas a las líneas de asesoramiento telefónico de Workplace Options, un proveedor de programas de asistencia para empleados, mencionan el estrés y la ansiedad. Esto puede no resultar demasiado sorprendente ya que las horas de trabajo siguen alargándose para los trabajadores mejor pagados. Durante los últimos 30 años, la centenaria tendencia de que los trabajadores mejor pagados trabajan menos que los trabajadores peor pagados se ha invertido. Hoy en día, los mejor pagados tienen el doble de probabilidades de trabajar más horas que los peor remunerados.Según una encuesta de 2008, la gran mayoría de los profesionales (94%) trabajaban 50 horas a la semana o más, y casi la mitad trabajaba más de 65 horas a la semana.

Los empleadores no han pasado por alto ni han ignorado esta preocupante realidad. Y para aplacarla, han probado tres estrategias diferentes durante las últimas décadas.

1. Compensarlas: la primera táctica consistió en compensar a los trabajajadores con generoros beneficios financieros y de otros tipos.

2. Hacer que resulte más divertido: a medida que comprar las vidas personales de los profesionales de alto rendimiento se hacía cada vez más difícil, los empleadores decidieron llevar una proporción mayor de sus vidas personales al lugar de trabajo. Añadieron mesas de ping-pong, cafeterías y gimnasios, y en algunos casos, comidas gratis, guarderías, lavanderías y salones de belleza.

3. Mejorar el trabajo: durante los últimos cinco años, más o menos, cada vez más empresas han adoptado innovadores programas de salud mental y mindfulness para tratar los síntomas del desgaste laboral. Como un ejemplo, Headspace, un proveedor digital de servicios de meditación y mindfulness, ha crecido hasta alcanzar una valoración que supera los 210 millones de euros en tan solo siete años.

Aunque todos estos enfoques tienen algún mérito, ninguno aborda la causa principal: el exceso de trabajo. Creo que la mayoría de los empleadores lo saben, pero no tienen ni idea de qué hacer para no sacrificar los resultados. Afortunadamente, hay estrategias que todos podemos adoptar a nivel individual para hacer frente a esta situación.

Eso es lo que decidí hacer cuando me quedó claro que me estaba quemando. Intrigado por la posibilidad de salir de este círculo vicioso, un compañero de trabajo (Colin) y yo comenzamos a reunirnos cada dos semanas para analizar la productividad. No teníamos objetivos claros y eso se notó bastante. Durante seis meses de reuniones tuvimos poco con lo que trabajar. Para dar más rigor a nuestras reuniones, decidimos definir una métrica para nuestra productividad: el promedio de horas semanales trabajadas. Empezamos a medirlas y a establecer objetivos para reducirlas. En un mes, redujimos nuestros promedios de horas semanales trabajadas en un 10% con frente a los tiempos iniciales. Durante los siguientes seis meses, mejoramos aún más esa cifra, de modo que nuestros promedios de horas trabajadas durante el transcurso de esos seis meses fueron entre un 15% y un 20% inferiores a las horas de referencia. Pero seguíamos logranto tantos objetivos como antes.

No sabíamos muy bien qué habíamos hecho para conseguir esa diferencia, más allá de analizar a qué dedicábamos el tiempo y reunirnos cada dos semanas. Pero vimos, por primera vez, que nuestros hábitos de trabajo anteriores, desarrollados involuntariamente o copiados a otros, nos habían costado mucho tiempo.

Fue la primera vez que me di cuenta de que la mayoría de las personas no tienen ni idea de si realmente son productivas o no. Pero no sería la última. Lo que comenzó como una reunión quincenal con mi compañero de trabajo, Colin, se convirtió en una iniciativa de tres oficinas que involucró a más de 40 compañeros y duró dos años (esta experiencia finalmente me llevó a dejar ese trabajo y fundar Zarvana, una empresa que ofrece tecnología y servicios de productividad). De ella he aprendido qué es lo que permite a las personas reducir las horas que dedican al trabajo, al mismo tiempo que mejoran su rendimiento:

• Ser estratégico. Esto parece obvio, pero muchos de nosotros pasamos el día desarrollando planes estratégicos para nuestras compañías, o ayudando a los clientes a hacerlo, y sin embargo no adoptamos un enfoque estratégico para mejorar nuestra propia productividad. Como la mayoría de nosotros sabemos, cualquier estrategia buena implica establecer objetivos, desarrollar un plan para alcanzar esos objetivos y seguir los progresos hacia esos objetivos. Lo mismo pasa con la productividad. Sin embargo, la mayoría de nosotros no tenemos objetivos de productividad sostenibles, ni mucho menos un plan para alcanzarlos.

• Definir una métrica. Elija una métrica para la productividad sostenible. Para mí, fue el promedio de horas semanales trabajadas. Para usted, podría ser otra cosa. Después, haga un seguimiento de los datos relacionados con esa métrica, establezca objetivos para mejorarla y realice experimentos para comprobar qué influye en la métrica.

• Centrarse en un cambio a la vez. Hay mucho que hay que invertir en ser más productivo. Estoy seguro de que habrá leído muchos artículos que hablan sobre los “cinco pasos” o las “ocho cosas” o ” las 10 formas” de hacer más en menos tiempo. Pero no se puede trabajar en tantas habilidades a la vez. En cambio, descubra cuál es el mayor obstáculo para su productividad. ¿Qué le ahorraría más tiempo si se eliminara? ¿El tiempo dedicado a decidir qué será lo próximo que hará? ¿Facebook? ¿Ser interrumpido en su mesa de trabajo? Comience por ahí.

• Cambiar comportamientos: muchos han buscado una mayor productividad a través de libros o aplicaciones, esperando que la información o una tecnología les haga más productivos. Pero aunque a priori parezcan útiles, suelen fallar. El problema es que aumentar la productividad se parece más a perder peso que a memorizar las capitales de Europa: es el producto del cambio de comportamiento o de estilo de vida, no (solo) de los conocimientos. Como resultado, la clave para ser más productivo consiste en cambiar comportamientos pequeños (es decir, desarrollar nuevos hábitos) y aferrarse a esos cambios a lo largo del tiempo.

• Encuentre a alguien que le obligue a rendir cuentas. Probablemente habría abandonado mis esfuerzos para mejorar la productividad sin no hubiera tenido el apoyo de Colin, y él probablemente no habría tenido éxito sin el mío. Es muy difícil cambiar de comportamiento sin ayuda. Así que encuentre a alguien que quiera emprender este viaje con usted y sea sincero con respecto a sus progresos (o la falta de ellos).

Si bien la ruta hacia la gran productividad descrita anteriormente no es ciencia espacial, supongo que la mayoría de ustedes no la seguirá el tiempo suficiente para ver los beneficios a menos que consideren la siguiente verdad. Volverse más productivo, en última instancia, requiere hacer una inversión ya a cambio de la promesa de beneficios futuros. Esto significa que en medio de su actividad e inminente desgaste, realmente necesitará añadir otra tarea a su lista de tareas pendientes. Hasta que pueda hacer que convertirse en más productivo sea una prioridad, le seguirá resultando difícil de alcanzar.

Aun así, las buenas noticias siguen siendo que hay una respuesta. Tengo la esperanza de que incluso cuando las personas se embarquen en este viaje, los empleadores dejaran de limitarse a intentar compensar el problema del desgaste y se comprometerán a resolver el problema del exceso de trabajo. Y para ello no tiene por qué esperar menores resultados. Al ayudar a sus empleados a realizar cambios de comportamiento y desarrollar hábitos productivos, pueden obtener más trabajo de mayor calidad de sus empleados, al mismo tiempo que los ayudan a estar más sanos y felices.

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