Nuestro día está compuesto de cientos de ideas que nacen de lo que vemos, oímos y pensamos a cada momento. Y eso se traduce en un montón de frases y de pensamientos basados en imaginarnos qué pasaría si lográramos materializar esa idea que tenemos en la cabeza. Muchas de nuestras conversaciones empiezan con un “¿Qué pasaría si…?”.

Y todo se queda allí, en una conversación, en imaginarnos algo que queremos que pase pero que probablemente nunca pasará. La mayoría de esas ideas sólo disfrutan de unos pocos minutos de vida.

¿Por qué pasa esto?

Porque no nos damos cuenta que esa idea necesita un cuerpo, un esqueleto, una estructura para sobrevivir. Somos muy buenos para pensar nuevas ideas, pero muy malos para pensar en un “manual de instrucciones” para desarrollarlas y volverlas realidad. Ese es nuestro gran problema, pensamos en las ideas, pero no pensamos en un proceso para materializarlas.

Son muy pocos lo que lograrían armar un mueble, una cama o un escritorio sin un manual de instrucciones. Todos esos tornillos, clavos, tablas y tuercas, sin una guía que nos explique donde va cada una de ellas, se convertirían en un desastre difícil de ensamblar. Tal vez, del desespero, terminaríamos usando la madera como leña o terminaríamos revendiendo el mueble en internet.

Lo mismo sucede con una idea. Sin un manual de instrucciones y un proceso que nos explique cómo ejecutarla, las probabilidades de que algo valioso se extraiga de ella son muy bajas.

Hay que entrenar la mente para enlazar el proceso de crear ideas con el proceso para establecer un “manual de instrucciones” para esas ideas. No sirve de nada saltar de idea en idea, de aspiración en aspiración, de sueño en sueño, si no vamos a lograr algo concreto.

Hay que ser más persistentes, y no abandonar una idea justo después de que se nos ocurrió. Esa idea seguramente contendrá material valioso, pero casi nunca lo sabemos aprovechar. Esto pasa porque vemos las ideas en una sola dimensión, o solo las asociamos con un tipo de aplicación. Por eso no nos atrevemos o no nos interesa crearle una estructura a esa idea, porque desconocemos el potencial y las aplicaciones que pueden llegar a tener cada una de ellas.

25-ideas¿Pero qué significa exactamente que una idea tenga un “cuerpo” o una estructura?

Esto suena más complicado de lo que en realidad es. Que una idea tenga una estructura no es más que ser capaz de crear un proceso que permita que la idea deje de ser simplemente algo aspiracional y pase a volverse algo concreto, tangible.

La recomendación acá es trabajar de atrás hacia adelante. Ya tenemos en nuestra cabeza cual es el resultado final o la situación que nos va a traer esa idea. Ya en nuestra cabeza lo imaginamos. Ya en nuestra cabeza se sabemos y tenemos claro cuál va a ser el resultado que queremos obtener.

Un ejemplo del proceso:

Idea y resultado que tenemos en nuestra cabeza: Ser dueños de nuestra propia tienda de ropa.

Esa es la idea, eso es lo que tanto te imaginas en tu cabeza y que siempre, de alguna manera, es de lo que terminas hablando en las conversaciones con tus amigos: “Qué bueno sería ser dueño de mi propia tienda de ropa y poder vender las prendas que yo mismo diseñe”. Esa es la típica conversación donde una idea queda muerta, porque después de pensarla no se hace nada al respecto para desarrollarla y hacerla realidad.

¿Cómo podrías crearle un cuerpo a esa idea?

Empieza a pensar de atrás hacia adelante. Ya tienes proyectado el resultado final que quieres obtener: tener una tienda de ropa y diseñar las prendas que se vendan en esa tienda.

Ahora hay que construir un paso a paso que ayude a llegar al resultado:

  1. ¿Si quieres diseñar ropa y vendérsela a alguien más, por qué no empezar a diseñar primero tu propia ropa? Practica y experimenta para ver qué tipo de ropa, de diseños y qué fuentes de inspiración alcanzas diseñando primero para ti mismo. Diseña, crea y vende algo que tú comprarías y en lo que no tendrías problema en gastar.
  2. Antes de tener una tienda, ¿por qué no empezar diseñando y confeccionando 10 prendas y venderlas por internet u ofrecérselas a tus amigos? Un lugar físico te atará y te consumirá recursos innecesarios al principio del desarrollo de la idea. Lo más importante es poner a prueba esa idea y ver la respuesta de las personas a las que les vas a vender el producto/servicio derivado de ella.Empieza sólo con lo necesario, no pierdas tiempo y energía en los que no sea estrictamente necesario para empezar. Hay que testear la idea y recibir retroalimentación lo más rápido.

Hay formas de lograr que esas ideas no se mueran. Hay herramientas que te permitirán potencializarlas y extraerles valor. Hay que empezar a entrenar y fortalecer esa capacidad de pensar en términos de procesos y de estructuras (que acompañen y fortalezcan esas ideas), y para eso te sugerimos:

– Entender la importancia de registrar. ¿Cuántas ideas valiosas se pierden por no haberlas anotado? Empieza a escribir todas las ideas que se te ocurran durante el día, no importa qué tan insignificantes o sin sentido parezcan. Tampoco importa que no tengan nada que ver con tu trabajo, tus gustos o tu profesión, de cualquier idea se puede extraer valor. Si no te gusta escribir, utiliza la grabadora de voz de tu celular para grabarla.

– Durante las 24 horas posteriores al momento en que se te ocurrió la idea, trata de imaginar dos posibles formas de desarrollarla o de aplicarla en algo. No importa si tiene coherencia, no importa si suenan estúpidas. No importa si se van a hacer realidad o no. De lo que se trata este ejercicio es de desarrollar y fortalecer la capacidad de construir procesos que nos ayuden a desarrollar nuestras ideas. Esto te pondrá en sintonía con esas ideas, y les dará posibilidad de sobrevivir, crecer y desarrollarse.

Inténtalo. Ahora el panorama estará más completo. Tendrás la idea, y también tendrás herramientas en caso de que quieras ejecutarla y materializarla.

Algunas ventajas de empezar a desarrollar esta capacidad:

– Empezarás a desarrollar la creatividad y la capacidad de solucionar de forma más eficiente cualquier problema cotidiano. ¿Por qué? Porque ahora serás capaz de asociar una idea (cómo solucionar un problema), con un proceso (la forma y el paso a paso para solucionar ese problema).

– Entenderás que no todas las ideas que se nos ocurren están destinadas a ser desarrolladas o materializadas. Sin embargo, absolutamente todas las ideas que se nos ocurren sí están en la capacidad de generarnos algún valor, inclusive para aplicar en otra idea o en otra situación. Empezarás a pensar más seguido en términos de valor y de utilidad.

De todo esto, podemos concluir que lo importante de una idea es el valor que le podamos extraer, y la interpretación y utilización que le podamos dar. Es falso eso de que existen “ideas de un millón de dólares”. Las ideas no valen nada sino se acompañan de un proceso de desarrollo y ejecución. No te quedes sólo con la idea, intenta construirle ese manual de instrucciones que le ayude a sobrevivir.

Un artículo publicado en La Nueva Generación