El culto a Internet y la productividad personal

Cada vez hay más personas que piensan que deben publicar cosas en sus redes sociales de manera constante para ser visibles, para destacar en sus diversos círculos sociales, o simplemente para demostrar que existen. Un tuit por aquí, una foto en Instagram por allá… No podemos defraudar a nuestros seguidores.

Si a eso le sumamos que también hay cada vez más empresas y organizaciones que presionan a sus empleados a tuitear cosas relacionadas con su trabajo y la empresa, publicar sus contenidos en Facebook, etc., resulta que la productividad de cada individuo ya no solo se ve amenazada por el consumo de información en la red, sino también por la necesidad/obligación de producir su parte.

El culto a internet está haciendo que el trabajo en profundidad sea cada vez más inusual. El trabajo profundo, tal como lo define Cal Newport en su libro Deep Work, crea siempre un valor nuevo, mejora tus habilidades y es difícil de replicar. Y, sobre todo y a diferencia del trabajo superficial, se tiene que realizar sin interrupciones.

Sin embargo, nos empecinamos en interrumpir ese tiempo de trabajo una y otra vez para compartir, comentar, o hacer “me gusta” en algo. Seas una empresa o un individuo, tienes que “estar” en Internet, sino no existes y eres irrelevante. Lo malo no es estar en Internet (lo cual puede ser muy interesante en ciertas ocasiones y por razones importantes), sino hacer de Internet el centro de nuestra vida, algo que la mayoría de la gente ya ve como algo normal.

El desarrollo de la tecnología ha producido enormes avances, pero a la vez ha introducido nuevos problemas. La tendencia a ver Internet como una fuente de sabiduría ha convertido la web en una ideología muy atractiva (Neil Postman acuñó el término Technopoly para definir una cultura en la que la tecnología parece dirigir a los individuos y la sociedad).

Si valoras lo que haces, si una buena parte de tu trabajo es significativo y profundo, se basa en valores relacionados con la calidad de los resultados y un fuerte conocimiento y dominio de determinadas habilidades, entonce tienes que aprender a gestionar bien tu atención porque, ahora mismo, el mundo conspira en tu contra.

AUTOR: Francisco Sáez

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