En la actualidad vivimos en un entorno que se caracteriza por la multitud de focos de distracción que, al final, repercuten en nuestro rendimiento.

Tenemos dos opciones o eliminarlas y vivir como un anacoreta desconectados de la relidad o aprender a convivir con ellas y lograr que no nos afecten negativamente.

De hecho, hay estudios que demuestran que si se es capaz de alcanzar la concentración en entornos influidos por distracciones el rendimiento no se ve afectado e incluso puede mejorar.

La influencia positiva de la distracción se basa en dos factores esenciales por el ambiente y el estado emocionalde las personas.

Si el ambiente no reune las condiciones óptimas y cuenta con elementos que pueden favorecer la distracción, su efecto negativo se reduce en función del estado emocional.

Es decir, las distracciones para unos lo son y para otros no, la razón es el estado emocional, las personas con mayores preocupaciones personales o emocionales tienen mayor tendencia al estrés y son quienes tienen mayor propensión a sufrir distracciones.

Esto explica por qué para unas personas tener un móvil al lado les supone una fuente permanente de distracción y a otros no les repercute en absoluto es, simplemente, por su estado emocional.

Un artículo publicado en Pymes y Autónomos