Hoy diluvia. Lleva así desde anoche. Muchos trabajadores irán a su puesto con cara de pocos amigos: atascos, transporte público masificado, en definitiva: “Con lo bien que estaba en casa” pensará más de uno, sobre todo si se ha de cumplir una jornada partida y se ha comido en casa.

Problemas al trabajar en casa también los hay. Tal vez, los temporales no nos afecten, pero la falta de motivación, sí.

Menos es más

En Publicidad es una máxima. El mensaje ha de ser impactante y si éste llega sin demasiadas florituras, mejor. Con el trabajo en casa, sucede lo mismo. De nada sirven las jornadas eternas frente al ordenador sin hacer nada. Ni hacer horas extras, pero tampoco apostar por falta de productividad.

Partiendo de la base de que es complicado trabajar desde casa. Todo depende de la situación personal de cada uno, la falta de motivación también es un punto y no a favor, de que el trabajo salga adelante.

Demasiadas tentaciones en la red, y demasiadas distracciones de las que no podemos ser ajenos, a no ser que contemos con una persona que se encargue de las tareas domésticas (bastante improbable) La motivación ha de basarse en hacer lo que nos gusta durante un período de tiempo a lo largo del día. Sin sentirnos culpables.

¿Qué motiva al teletrabajador?

Si los estudios desvelan que una amplia mayoría de empleados preferiría, siempre que sea posible, trabajar en sus casas, imaginamos que las motivaciones no cambiarían: el sueldo emocional y el económico. Que las condiciones laborales no sean inferiores o negativas respecto al que está presente en la empresa.

Trabajar en tu territorio te otorga una serie de ventajas que ya hemos discutido, pero a la hora de ‘sacar adelante el trabajo’, hay días difíciles, situaciones de incertidumbre. ¿Lo estaré haciendo bien, mal? Sobre todo, si la comunicación no es muy fluida con el equipo o el gerente.

La comunicación es la clave

Si bien se puede negociar realizar parte del trabajo en casa una serie de días de la semana, y los restantes acudir a la empresa, en muchos casos, un teletrabajador jamás ve ningún espacio físico y no siente ese empuje que define el salario emocional en forma de una conversación con un compañero o un superior.

Ningún extremo es bueno. Ni pasar horas y horas en el lugar de trabajo para que el jefe quede contento por verte ahí aunque estés sin hacer nada productivo. Ni trabajar desde casa y al terminar tu jornada, la satisfacción del trabajo bien hecho sea una experiencia individual (lógico) pero que se alargue en el tiempo. La soledad a la larga, acarrea apatía y ésta desmotivación.

Un artículo escrito por Joana Sanchez