¿A ti como te gusta sentirte? ¿Te has preguntado alguna vez cuál es tu estado emocional preferido?

Puede que tu respuesta tenga mil matices, pero, en general, apuesto a que te gusta sentirte feliz, con energía, seguro de ti mismo, motivado, querido…

¡A mí también! En esto coincidimos 😊.

Sin embargo, he aprendido algo que ha sido vital para mí.

He aprendido a no necesitar esos estados, a liberarme de la adicción a ellos y del consecuente miedo a todo lo demás.

Puede sonarte extraño, pero fíjate bien. Tiene mucho sentido.

Cuando he aprendido a soltarlo, paradójicamente, el estado de bienestar y conexión ha dejado de escapárseme de los dedos constantemente para quedarse más que a menudo a acompañarme en mis pasos.

O, dicho de otra manera; cuando he aprendido a convivir con “mi lado oscuro”, curiosamente, me ha invadido la paz y la armonía. Además de que han ocurrido cosas maravillosas.

Observa: No es lo mismo preferir que necesitar desesperadamente. Esa diferencia, en apariencia sutil, lo cambia todo.

La primera es una postura amorosa hacia ti mismo, la segunda se basa en el miedo y falta de confianza en ti y en la vida.

Voy a explicarte esto un poco mejor para que puedas aplicar estos, pequeños pero significativos, ajustes a tu vida.

Voy a contarte también, cómo hice yo este aprendizaje en un punto de inflexión determinante de mi vida en el que tuve el coraje de abrazar de verdad mi dolor físico y emocional. Lo que ocurrió después a muchos les parecerá imposible, pero yo soy testigo de que se puede.

Quédate conmigo y te cuento.

Las emociones no son buenas ni malas, son parte de ti y merecen ser atendidas

Encuentro que el exceso de mensajes de positivismo que recibimos por cualquier vía, puede ser contraproducente si no se entiende bien.

Sabemos que hay un boom en cuánto a la exposición de información relacionada con el desarrollo personal. Todos estamos mucho más “puestos” que antes en estos temas. Ahora casi todo el mundo, tiene claro, por ejemplo, que el factor actitud es determinante para superar obstáculos o para tener éxito en cualquier empresa.

Sabemos que, para tener relaciones sanas, debemos tener primero una buena autoestima. Y que el victimismo te aleja de tu verdadero potencial.

Me parece fantástico. Doy gracias por el hecho de que haya una conciencia colectiva cada vez mayor al respecto.

Encuentro, no obstante, que a veces, “nos pasamos” con el “color rosa” en todo esto. Me explico. Compramos la idea de que todo ha de ser maravilloso y complicamos las cosas.

¿Por qué? Porque además de que seguimos teniendo los mismos problemas (ya que no hemos llegado al fondo de la cuestión) ahora le hemos añadido presión y culpa a todo esto. Pensamos que no deberíamos sentirnos mal y nos odiamos por ello.

Claro, esto no ayuda a que nos sintamos mejor. Hemos caído en un círculo vicioso con muchísima inercia. ¿Te suena esto?

En conclusión, cualquier emoción que viene a visitarte es digna de tu atención. Es importante que escuches lo que tienen que decirte.

Yo he vivido esta negativa a aceptar mis emociones al máximo. Te lo cuento brevemente para que me conozcas y puedas darte cuenta de que es una trampa en la que muchos caemos.

Yo en mi pozo emocional

A principios del año 2014, toqué fondo.

Me vi inmersa en una crisis a todos los niveles y no veía el lugar al que “agarrarme”. Todo pareció dejar de funcionar en mi vida y el dolor fue tan grande que perdí las fuerzas para luchar.

Te cuento mi contexto del momento:

Si bien es cierto que llevaba muchos, muchos años inmersa en el mundo del desarrollo personal, devorando libros, asistiendo a talleres varios, etc., la cruda realidad era que no sabía aplicar lo aprendido a la hora de la verdad.

Al menos en algunos puntos clave que se me resistían.

Eso me dolía en el alma (más bien en el ego 😉).

Había acumulado muchos conocimientos, y también había avanzado lo mío. Pero, si era honesta conmigo, no podía dejar de darme cuenta de que había algo muy gordo que se me escapaba.

Puede que entiendas a lo que me refiero.

El caso es que me veía repitiendo ciertas vivencias una y otra vez, por ejemplo, en mis relaciones de pareja. Las cosas empezaban de manera diferente cada vez, en apariencia, pero acababan dándose los mismos elementos una y otra vez.

Yo ya sabía que no era víctima de mis circunstancias, sino que era responsable y creadora, pero no sabía en qué punto me había “perdido” para generar mis circunstancias dolorosas.

De forma paralela, sufría desde hacía unos diez años, una enfermedad considerada crónica: espondilitis anquilosante.

Lo vivía de forma penosa: sufría mucho dolor y numerosas limitaciones, con la frustración que comporta.

A esas alturas, también me sabía responsable (que no culpable) de mi situación física. Había indagado muchísimo sobre el origen psicosomático de la enfermedadTambién había hecho pequeños descubrimientos y comprobaciones que me llevaban a ver cada vez más clara la relación entre mi dolor emocional y la aparición y desaparición de los brotes de mi enfermedad.

Pero claro… Cómo digo, no acababa de dar con la clave para aplicar ese conocimiento de forma que me sirviera para encontrarme mejor.

En esa crisis que te comento más arriba de principios de 2014, todo se derrumbó: tema trabajo, relaciones, pareja, familia… Por no mencionar un gran brote de espondilitis que me dejó en cama por semanas, muerta de dolor.

Todo iba mal. Yo estaba mal.

Ese sufrimiento me empujó a algo que había evitado por años: rendirme.

Ya no quise probar nada, intentar mejorar nada. Me quité la máscara de luchadora y sentí mi pena y mi dolor en toda su crudeza. Sin más.

¿Y cuál no fue mi sorpresa cuando descubrí en esa rendición, mi mayor fortaleza?

Lo que ocurrió después de “rendirme”

No voy a contarte en detalle cómo llevé la situación a partir de entonces, qué hice y cómo lo hice, porque este post sería inmenso. Puedes leer más sobre mi historia en mi blog, por ejemplo, en este artículo.

Te diré que ese momento de rendición marcó un antes y un después en mi vida. Tomé algunas decisiones que hicieron que se movieran las cosas de verdad: me fui sola con mi dolor a hacer el Camino de Santiago durante un mes y reflexionar a fondo, y en semanas tenía una relación nueva, cambié de casa, empecé a crear una familia, y decidí crear mi proyecto online, desde el corazón.

También tomé una actitud más coherente con mis verdaderos valores en cada decisión de mi vida. Actitud que mantengo a diario.

El caso es que se dieron múltiples mejoras en mi vida. La más destacable: La enfermedad “crónica” dejó de serlo.

Los dolores y las limitaciones dejaron de ser constantes en mi vida. Lo que me hizo comprender que mi enfermedad tenía mucho que ver con las emociones que reprimía sin atender.

Puede sonarte extraño si no estás familiarizado con el poder de las emociones sobre nuestro cuerpo, pero existen muchos casos como el mío. Te invito a indagar si te interesa el tema. Puedes empezar por este post en el que Ana ya habló sobre el tema.

Lo que quiero que entiendas es que esa fortaleza renovada y la inspiración que me llevó a los cambios vino de la paz sorprendente en la que me sumergí cuando me rendí a todo lo que sentía, sin luchas, sin filtros, sin evitación.

Y es curioso, porque antes de esta experiencia, evitaba mi dolor precisamente buscando ese estado. Y creo que es lo que nos han enseñado a hacer a la mayoría.

Y cada vez nuestra lucha interna es mayor.

Hoy escribo para transmitirte que tu mayor poder está a través de tu dolor, y no del otro lado.

Una rendición sana con el dolor

En todo caso, lo que quiero aclarar es que cuando hablo de rendición no me refiero a hundirse en el dolor, resignado y sufriendo eternamente.

Me refiero a sentir lo que sientes, sin miedo. Sin juzgar el dolor, pero sin creerte necesariamente la historia mental que te montas a través de él. Sólo experimentarlo sin tratar de procesarlo mentalmente.

Cuando sientes miedo, dolor, tristeza, o cualquier emoción de las que solemos evitar, y te atreves a sentirlas plenamente, ocurre una especie de “milagro”.

Cuando no juzgas esa emoción, no huyes de ella y te abres a sentirla sin más, es como si una parte de ti que solía estar oculta, fuera aceptada y recuperas una energía desconocida.

Lo diría así:

Si estoy triste y me atrevo a sentirme triste, entro en coherencia. Estoy conectado conmigo y esa conexión me conduce a una paz natural que, paradójicamente, disuelve mi tristeza.

Y no la he reprimido. La he trascendido.

Esa paz interior es tierra fértil para que brote una nueva fortaleza en ti, la inspiración necesaria para encontrar nuevas soluciones, etc.

Eso es lo que quiero animarte a que experimentes tú.

La magia de la no dualidad

Lo que aprendí en ese determinante punto de inflexión de mi vida, y que sigo practicando cada día, es la visión no dual.

Empezó con ese instante en que decidí dejar de huir de mí misma y de mi dolor y contemplé asombrada todo lo que se movió dentro y fuera de mi vida en cuestión de semanas.

Y continuó cuando empecé a indagar y trabajar el tema deliberadamente. Me ayudo para practicarlo de distintas herramientas, pero destaco las enseñanzas de Un Curso de Milagros. Aunque tampoco profundizaré sobre esto aquí.

Lo que quiero decirte hoy es que la visión no dual era la vuelta de tuerca que me faltaba para que la aplicación de mis anteriores conocimientos de desarrollo personal, ejercieran en mí una verdadera transformación.

Mi manera de aplicar la no dualidad es sencillamente empezar a derribar las barreras que dividen lo que siempre había considerado “malo” de lo “bueno”.

Darme cuenta con sinceridad de que nada entraña esas cualidades en sí mismo, sino que esta valoración va ligada a mi percepción, del todo subjetiva.

Empezar a no creerme tanto la vocecilla mental que cataloga las cosas y permitirme vivirlo todo es una gran liberación.

En realidad, es el no juicio de toda la vida.

Sé que esto suena bonito pero que a la hora de aplicarlo aparecen dificultades varias. Créeme que lo sé.

Pero también sé que otro modo de contemplar todo lo que te pasa es posible. Y sé, además, que cuando cambias el modo en que miras las cosas, las cosas que miras cambian.

Baso mi labor profesional en acompañar a otras personas a tomar las decisiones importantes de su vida desde esta otra visión más amplia. Así pueden experimentar una profunda transformación interna y externa.

Una pequeña técnica Take Away para que tú también practiques

Para acabar, te voy a dar una pequeña y simple estrategia para que puedas empezar ahora mismo a poner en práctica lo que te cuento aquí.

Una herramienta take-away, al estilo de Ana 😉.

En realidad, fue una de mis lectoras la que me contó que utilizó este “truquito” para aplicarse esta idea de la aceptación-rendición de mis posts. Me encantó y hoy te la propongo:

Cuando venga a visitarte una experiencia o una emoción que considera desagradable, ponle una imagen mental concreta de persona.

Crea un personaje para esa sensación e imagina que este personaje está llamando a tu puerta para hacerte una visita.

Visualízate siendo atento y amable con esa visita e invítale a pasar a tu casa, a sentarse en tu sofá y a charlar tranquilamente contigo.

Es una manera de aceptar simbólicamente una parte de ti mismo y escuchar lo que tiene que decirte. Seguro que aprenderás a comunicarte mejor contigo, a entender y, lo mejor, a hacerlo sin juicios.

Espero que esto te sirva al menos para empezar a relacionarte mejor con esa parte de ti que normalmente evitas.

Me encantará si me cuentas tu visión de todo esto en los comentarios. Podremos hacer un valioso intercambio de puntos de vista.

Un artículo escrito por Cristina Hortal