Siete lecciones de una ‘terapia de choque’

En aprender a aceptar lo que nos sucede y a controlar las emociones y las reacciones para que esos sucesos no nos desborden radica el arte de la paz y la tranquilidad. Un pequeño incidente que sufrí hace poco, mientras regresaba a casa con mis hijas, me dejó siete grandes lecciones para la vida y los negocios. Las comparto contigo, pues quizás puedan enseñarte algo.

¿Hay algo más parecido al marketing que la vida real? ¿O será al revés, que el marketing se parece a la vida real? Bueno, no sé cuál sea la respuesta correcta, pero sí se que los acontecimientos cotidianos más simples nos dejan un gran aprendizaje si tenemos la capacidad de aceptarlos, de asimilarlos y de aprovecharlos. Hace un par de días, precisamente, viví uno de esos episodios.

Te cuento: como todas las tardes, salí a recoger del colegio a mis hijas Nichole y Laura. Cuando veníamos de regreso, ya cerca de la casa, me detuve en un semáforo en rojo. Mientras esperaba que la luz pasara al verde, una minivan me golpeó por detrás. El golpe, que por fortuna no fue demasiado fuerte, impulsó mi camioneta y le pegué al que estaba adelante, un lujoso Corvette.

Mi reacción inmediata fue constatar si mis hijas habían sufrido algún traumatismo, pero no fue así: solo estaban un poco alteradas, asustadas, pero ilesas. Primera lección: aquello negativo que sucede en tu vida no es más que un llamado de atención, un mensaje que la vida te envía para que espabiles y te des cuenta de que el curso de tu existencia puede cambiar de un momento a otro.

Esos sucesos negativos son parte de la vida y, aunque nos esforcemos, no podemos evitarlos. En cambio, sí podemos evitar que nos alteren, que nos amarguen el día o la vida. Está en nuestra capacidad aprender a dominar las emociones y no permitir que los hechos se salgan de un curso normal. Esta es una máxima que aplica tanto para la vida real como para los negocios y el marketing.

Enseguida, me bajé a ver qué había ocurrido. La primera sorpresa fue ver que la culpable del incidente era una señora mayor, de 72 años. Estaba apenadísima, y más asustada que el resto. Me pidió disculpas y de inmediato aceptó su responsabilidad y ofreció hacerse cargo de todos los gastos a través de su seguro. No tenía intención de pelear, pero esa actitud me tranquilizó más.

Pronto se unió a la conversación el tercer afectado: un señor más o menos de mi edad, que en un comienzo estaba molesto conmigo, porque creía que había sido el responsable. Tan pronto se enteró de cómo habían sucedido los hechos, también se tranquilizó y bajó la guardia. Él fue quien llamó al 911 y solicitó la presencia de la policía, para diligenciar los reportes correspondientes.

Segunda lección: a veces, inclusive de carambola, inclusive sin tener la intención, lo que haces afecta a otras personas, a un tercero. No hay más opción que dar la cara, escuchar, ser honesto y actuar con tranquilidad. Tercera lección: todos, absolutamente todos, estamos expuestos a cometer errores, grandes o pequeños, que nos involucren en situaciones incómodas.

¿Qué podemos aprender? Que la vida no es perfecta, que estos sucesos son solo pequeños tropiezos que nos ponen a prueba. Lo que me calmó fue que la señora actuó honestamente y reconoció su error de inmediato y, además, se puso a disposición. ¿Cuántas veces has tenido episodios molestos con un cliente que se agrandaron porque tu actitud no fue la conveniente?



No me digas nada: responde en silencio y solo para ti. Cuarta lección: otro aspecto que me provocó una reflexión fue que después de las explicaciones del caso, nos enfocamos en la solución. ¿Cuántas veces un pequeño incidente casi termina en la III Guerra Mundial por la intolerancia, por no escuchar razones, porque nos dejamos llevar por el ego? ¿Cuántas?

La camioneta de la señora sufrió daños menores, igual que la mía, a pesar de que quedé en sándwich, como se dice en Colombia y en Argentina. Irónicamente, el más afectado fue el Corvette, porque no solo recibió el golpe en el bómper, sino que también se le rompieron las luces traseras. No quiero imaginarme cuánto puede costar ese artefacto en un auto de lujo ($$$$$).

Mientras llegaba la policía, que se demoró casi una hora porque no había heridos, nos pusimos a conversar. La señora nos relató que se había distraído un segundo porque cayó algo que tenía en el visor (el que nos protege del sol). El otro conductor, con el que al comienzo hablábamos en inglés, me preguntó de dónde era, porque le causó curiosidad mi camiseta con el logo de MercadeoGlobal.com.

Quinta lección: la importancia de la marca. Si mi camiseta tuviera un dibujo o la figura de un superhéroe, quizás no habría despertado la curiosidad de este señor. En cambio, el nombre de MercadeoGlobal.com llamó su atención me preguntó quién era y a qué me dedicaba. Y, ¡oh sorpresa!, resultó ser un colombiano radicado en los Estados Unidos desde hace 28 años.

Es un consultor en recursos humanos y, por lo que me contó, vive cerca de mi casa. No te puedo decir que ya somos amigos o que va a ser un cliente, pero sí quiere resaltar dos hechos que me parecen importantes: uno, el poder de la oportunidad. Hasta un episodio negativo como este es una oportunidad para hacer networking, para establecer relaciones, para darte a conocer.

Dos, nada sucede por casualidad. Tan pronto le dije a qué me dedicaba y que era colombiano, la conversación empezó a desarrollarse en español y las tensiones que aún existían se derrumbaron. Cuando vives en otro país, así tengas la nacionalidad y vivas allí desde hace tiempo, nada mejor que estar con alguien como tú cuando te ves involucrado en una situación incómoda como esta.

Sexta lección: todo lo que haces o todo lo que te sucede en la vida, insignificante como esto o verdaderamente grave, tiene un precio. Por fortuna, fue uno bajo: caía la tarde, la temperatura era elevada, mis hijas tenían impaciencia por llegar a casa porque tenían hambre y nos habíamos convertido en una molestia porque interrumpimos el tráfico y se armó un trancón enorme.

Antes de que cundiera el pánico y se volvieran a exaltar los ánimos, llegó al policía. Nos movió a un pequeño parque que quedaba cerca y allí hizo los reportes y se intercambiaron los datos. Ya casi era de noche cuando llegamos a casa, cansados, aburridos y con ganas de dejar atrás este suceso. Comimos y, en la tranquilidad e intimidad de la familia, cerramos ese capítulo y nos fuimos a descansar.

Séptima lección: lo que te sucede cada día no es un capricho del destino, o que los planetas estén alineados en tu contra; se trata, simplemente, del discurrir normal de la vida, que tiene altas y bajas, buenas y malas. Entonces, depende de ti las trascendencias que les des, el poder que les otorgues; depende de ti si algo insignificante, o más complejo, se transforma en algo tóxico.

En los negocios, todos los días estamos expuestos a situaciones similares: un cliente que se perdió, uno que no quedó conforme, uno que apareció de la nada y nos compró. Así es la vida, así son los negocios y lo más sabio que podemos hacer es aprender a gestionar esos vaivenes, entender que estamos montados en una montaña rusa y que lo mejor que podemos hacer es relajarnos y disfrutar…

Alvaro Mendoza

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.