En estos días volví a leer un libro que ya había leído hace unos cuantos años atrás. Lo busqué en mi biblioteca, porque algo de mi presente me hizo recordar que había algo interesante ahí. Y pienso que quizás también resuene con vos, por eso creo que es una buena idea compartirlo.

El libro está escrito por dos mujeres que analizan por qué los pequeños asuntos de la vida cotidiana nos afectan profundamente, y cómo muchas veces evadimos los conflictos en lugar de afrontarlos con una actitud sana.

De una manera muy simple, las autoras proponen la idea de representar tu vida mediante la metáfora de una casa, en la que cada habitación corresponde a un área emocional:

  • El dormitorio es el espacio más íntimo de la casa, donde se expresan emociones vinculadas al amor, el sexo y el deseo; así como tu conexión con tu pareja, o la búsqueda de un compañero en la vida.
  • El cuarto de baño es donde le prestás especial atención a las cuestiones de salud, bienestar, vanidad, imagen corporal, el peso y el envejecimiento.
  • La sala de estar es donde te relacionás con las personas de tu círculo más íntimo como tus padres, hermanos y otros seres queridos.
  • El sótano está lleno de recuerdos de la infancia, que tienen su origen en la educación que recibiste, los años en la escuela y las experiencias memorables que te convirtieron en la persona que sos.
  • El living es donde ocurren las conexiones sociales: en este espacio te relacionás con tus amigas, colegas, compañeros de trabajo, compañeros de estudio y todas esas personas con las que te relacionás cada día.
  • La cocina es el corazón de la casa, tiene que ver con el alimento emocional y el sustento, a veces incluso la comida. En la mesa multifuncional de la cocina es donde todo sucede…
  • La habitación de los hijos está relacionada con la crianza de los más pequeños, y también con el tema de querer tener hijos o no.
  • El escritorio representa tu trabajo, tu carrera y cualquier actividad que te guste. También es la habitación del dinero y la seguridad económica.
  • El altillo contiene las reliquias emocionales: las expectativas de tus antepasados, de dónde vienes y adónde quieren que vayas.

Este es uno de los infinitos diseños posibles. Cada persona puede construir su casa como prefiera y decidir cuántas habitaciones quiere tener. Sin dudas, vos podés crearla como quieras.

¿Te parece que hay una habitación que está faltando?

Para completar nuestra casa emocional, en el mismo terreno vamos a incorporar una décima habitación en la que podés refugiarte, pensar o soñar, meditar o vegetar, hacer lo que más te guste, o disfrutar simplemente la soledad. Pero no es un lugar para bajonearte, pasarte el día tirada mirando la tele ni esconderte para comer un kilo de helado… ¡no! Es un espacio positivo donde podés pensar en lo que te apasiona, y tal vez puedas descubrir aquello que le da verdadero sentido a tu vida. Incluso esta habitación podría representar alguna actividad como ir al gimnasio, nadar, meditar, cocinar, tejer o aprender un idioma. Es, más bien, un espacio mental reservado para vos.

 

Hagamos un ejercicio: dibujá tu casa emocional

  • Para descubrir tu arquitectura interior podés dibujar tu casa emocional. Ya sabés que a nosotras nos encantan los cuadernos, escribir y dibujar, así que te alentamos a hacer este proyecto en una hoja de papel.
  • El más práctico es el modelo en corte transversal, donde aparecen todas las habitaciones, como si estuvieras mirando desde arriba. Necesitás una habitación para cada área de tu vida emocional, y este dibujo no tiene por qué reflejar tu verdadero hogar.
  • Recorré la lista de arriba y dibujá cada una de las habitaciones, de manera que reflejen cómo está tu casa emocional ahora.
  • En cuanto decidas agregar una habitación, la pregunta más importante es: ¿de qué tamaño debe ser? El tamaño depende de la cantidad de tiempo y energía emocional que inviertas en ella, y de lo importante que sea este tema para tu felicidad.

Ahora que ya la dibujaste, tomate un respiro, incluso salí a pasear un rato.

No es fácil ser feliz todo el tiempo en todas las habitaciones, porque aunque estés físicamente en una, tu cabeza podría estar preocupada por otra habitación de la casa. Saber que tenés una habitación desordenada podría preocuparte a pesar de que las otras estén limpias y ordenadas. Y también al revés: una habitación ordenada puede levantarte el ánimo.

La décima habitación te ofrece el espacio que necesitás para estar tranquila y serena para preguntarte: Después de haberme ocupado de todos y cada detalle de la casa, ¿qué es lo que quiero? ¿a qué aspiro?

Un buen ejercicio podría ser que dibujes la casa ideal: con las habitaciones que quieras poner y del tamaño que te resulte más adecuado.

Finalmente podrás comparar los dos dibujos y así identificar cuáles son las refacciones que estás necesitando encarar.

La plenitud de la vida puede ser tuya,
solamente necesitás dar el paso para alcanzarla.

 

Pero… concretamente ¿qué hago después de este ejercicio?

En esta tribu de mujeres emprendedoras nos gusta bajar a la realidad, a lo concreto y pragmático, todas estas ideas que nos inspiran y motivan. En línea con esto, te sugerimos que luego de hacer el ejercicio, decidas que te vas a comprometer a visitar esa décima habitación de tu casa emocional con frecuencia. Idealmente, ¡todos los días! Sí, cada día te vas a dar una vueltita por ese lugar reservado sólo para vos. Y sabemos que como buena mujer emprendedora estás a full, ocupadísima, algo que inclusive hace que esta visita de unos pocos minutos cada día en este espacio te permita seguir ese ritmo apasionado que llevás.

Será tu pequeño “alto en boxes” de cada día, un breve paréntesis en el que podrías, por ejemplo, hacer tu Ritual para Crear Dinero, ordenar un poquito tus ideas o incluso, tomarte un tecito ysimplemente ser

¿Te gustó? ¡Hacé este ejercicio y contanos qué te pareció!

Sandra