El Gobierno definirá los requisitos para ser considerado influencer y perseguirá la publicidad encubierta en las redes

El Gobierno ha anunciado un real decreto que definirá lo que la Administración considera un «influencer». Es el paso previo necesario al establecimiento de una normativa, unas obligaciones que regulen su actividad en dos ámbitos esenciales: protección de menores y publicidad encubierta.

La definición ha sido adelantada por José Luis Escrivá, ministro de Transformación Digital, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de este martes. Girará en torno a tres claves: ingresos obtenidos, volumen de actividad en la red y número de seguidores.

Estas personas deberán inscribirse, en el plazo de dos meses, en el Registro Estatal de Prestadores Audiovisuales como «usuarios de especial relevancia». A falta de confirmación oficial, algunos medios apuntan a que los requisitos consistirían en tener unos ingresos anuales superiores a 300.000 euros, más de un millón de seguidores en una red social o dos millones entre varias plataformas, y deben haber compartido 24 o más vídeos al año.

Si un perfil en una red social alcanza al mismo tiempo los tres umbrales, estará atado a una serie de obligaciones que buscan regular la actividad de estas personas para proteger a los menores y para evitar la publicidad encubierta. Los influencers se han convertido en una fuerza colosal en la nueva «economía de la atención». Unas pocas personas que viven casi al margen de los medios tradicionales han conseguido acaparar la atención de millones de seguidores.

Veto a la publicidad de tabaco, alcohol o medicamentos

Las personas que caigan bajo el criterio de «personas de especial relevancia» tendrán que cumplir una serie de normas sobre protección de menores y publicidad engañosa. Los influencers tendrán que utilizar «herramientas de identificación digital de edad» si el contenido que están haciendo es inapropiado para menores de edad. También tendrán que señalar la edad a la que va dirigido el contenido que realizan. Estos códigos normas todavía están por determinar.

En cuanto a la publicidad encubierta. «Los influencers tendrán que identificar y etiquetar de forma expresa el contenido publicitario y no podrán hacer publicidad de tabaco, alcohol o de medicamentos», ha dicho el ministro.

Tampoco podrán publicar anuncios que generen un perjuicio psicológico o físico a menores. Escrivá cree que esta norma establece «un terreno de juego equitativo» con otros actores del sector de los medios de comunicación que ya estaban fuertemente regulados.

Un negocio millonario sin apenas regulación

El fenómeno se lleva cocinando en la puerta trasera de las redes sociales desde hace años: los influencers, dependiendo del número de seguidores y las interacciones que tenía su contenido, podían exigir una cifra más alta o más baja a las empresas que quisieran anunciarse con ellos.

De este modelo, en el que todo está por regular, han surgido famosos que se han hecho millonarios, han montado empresas, líneas de ropa y de maquillaje o cursos supuestamente gratuitos sobre cómo replicar lo que han hecho ellos.

Sin embargo, la base de este sector es la publicidad más tradicional. Grandes empresas que pagan para que estos influencers hagan una publicación hablando de su producto, haciendo un «unboxing» o llevando una de sus prendas. La falta de regulación ha hecho que estos anuncios muchas veces pasen como contenido no remunerado. No hay advertencia de que el usuario está viendo una publicidad.

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