Los webinars asientan se consolidan como eventos y herramienta de marketing, pero ¿cómo deben ser?

En la lista de palabras clave casi mágicas que se han repetido durante la crisis del coronavirus, webinar ha sido una de las más recurrentes. Dado que las empresas y las marcas tuvieron que echar cerrojazo en todas sus actividades presenciales y que no pudieron hacer congresos, mandar a sus comerciales a convencer o impulsar charlas sobre sus áreas de interés, no tuvieron más remedio que refugiarse en los webinars. Los webinars se convirtieron en una pieza esencial del marketing de eventos y de las actividades de conexión directa con los potenciales consumidores, especialmente en el competitivo mundo del marketing B2B.

Y, a pesar de que hemos entrado en la nueva normalidad y que, con ciertas limitaciones y medidas de seguridad, las acciones directas y los eventos «reales» ya pueden volver a las agendas, muchas empresas siguen apostando por los webinars y por otras herramientas de acciones a distancia.

No solo todavía siguen intentando evitar reunir a sus potenciales clientes de forma física y exponerlos a riesgos (y posiblemente tampoco quieran descubrir si los consumidores están o no dispuestos a asumir esos riesgos por su marca), sino que además han descubierto el potencial de llegar a muchos consumidores en áreas geográficas más dispersas.

Por tanto, los webinars han llegado para quedarse, al menos para quedarse con más fuerza que la que tenían hasta ahora. Pero ¿cuáles serán las tendencias que marquen estos eventos y que usen las marcas para conectar con sus usuarios?



Una hora y desde el ordenador

Algunos estudios ayudan a perfilar cómo serán las cosas. Uno de una plataforma de este tipo de soluciones, ClickMeeting, ha analizado cómo han sido los webinars y qué se puede saber sobre los que realmente funcionan. Los datos, eso sí, están basados en lo que ocurrió durante 2019, el último año del que se tienen datos al completo, algo que podría haber cambiado por culpa de la pandemia. El coronavirus, al fin y al cabo, lo ha revolucionado todo por completo.

Según sus datos, se puede concluir que los usuarios siguen prefiriendo la tecnología más tradicional y que, cuando se sientan a ver un webinar, lo hacen con atención. La mayoría de los participantes, un 68%, se une a webinars empleando un ordenador, ya sea uno de sobremesa o un portátil, frente al 32% que lo hace vía dispositivo móvil. Lo más habitual es que se usen formatos que incluyen más capacidades, como abrir turnos de preguntas y respuestas o pantallas compartidas, para hacer la experiencia más completa.

Por lo que respecta al engagement de los usuarios, la media de tiempo está en los 53 minutos. Ese es el tiempo que los participantes suelen permanecer conectados y atentos a lo que ocurre, lo que dice bastante del poder de atracción de un webinar bien hecho pero también de que no se debe estirar en exceso el evento.

En horario laboral, pero no rompiendo la rutina

Además, este tipo de contenidos funcionan en horario laboral, pero no cuando rompen la rutina de trabajo y los flujos. El día que suele tener más éxito de convocatoria es los jueves y el horario aquel que se posiciona a primera hora de la tarde, que no suele ser el momento de más pico de trabajo.

Los webinars no solo funcionan como herramienta de marketing para vender directamente cosas. Aunque un 27,8% de los webinars encajan con demos de producto y marketing directo, el 35,6% son cursos de formación online y sesiones de entrenamiento y un 11% encuentros de negocios. Esto abre muchas oportunidades a las marcas y a las empresas y a su estrategia de marketing. Los webinars se pueden integrar, por ejemplo, en su estrategia de marketing de contenidos y asentarlos como fuentes expertas en un tema.

Vía: Puro Marketing

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