Ansiedad de rendimiento: qué es y cómo superarla

Tener que demostrar ante otros lo buenos o hábiles que somos en cierta tarea puede generarnos gran ansiedad, haciéndonos fallar. Descubre qué está en la base de este fenómeno y si lo sufres, qué puedes hacer

¿Quién no se ha puesto nervioso antes de un examen, al afrontar una cita o una reunión importante? Entendemos que ciertas situaciones despiertan en nosotros un temor a fallar o a no estar a la altura, y que esto es natural. Sin embargo, hay quienes experimentan un miedo muy intenso ante eventos que están muy lejos de ser potencialmente amenazantes. Es aquí cuando hablamos de la ansiedad de rendimiento.

Esta sensación puede aparecer a cualquier edad y está relacionada con ciertos rasgos de personalidad y habilidades de afrontamiento. Es decir, que ante una misma situación, una persona puede estar tranquila, y otra sufrir ansiedad anticipatoria durante semanas.

Afortunadamente, es posible abordar esta interpretación de la realidad para aliviar el malestar. Te contamos más a continuación.

¿Qué es la ansiedad de rendimiento?

Denominamos ansiedad de rendimiento al temor que se experimenta a fallar, fracasar o no poder cumplir con una tarea, lo cual supondría (a nuestro juicio) humillación y fracaso interpersonal. Cabe mencionar que la presencia, la mirada o la evaluación de otros es clave en este aspecto; ya que, pese a que dominemos bien una actividad, saber que debemos rendir cuentas ante otros es lo que dispara las alarmas.

Esta ansiedad no es negativa en sí misma; de hecho, puede ser necesaria para motivarnos e impulsarnos a rendir adecuadamente. La conocida ley enunciada por Yerkes y Dodson da cuenta de esto: la relación entre excitación y desempeño toma una forma de U invertida, de modo que la ansiedad mejora el rendimiento, pero solo hasta cierto punto, a partir del cual este empeora.

Cuando el miedo, la preocupación y la activación del organismo es excesiva, la reacción se vuelve disfuncional e interfiere en el bienestar y en la consecución de logros. Y es que genera síntomas y consecuencias a diferentes niveles.

Algunas de las manifestaciones de la ansiedad de rendimiento son las siguientes:

  • Sensaciones fisiológicas, como sudoración, taquicardia, problemas digestivos o dolores de cabeza.
  • Pensamientos negativos respecto a la propia capacidad. La persona asume que no logrará un buen desempeño, que será duramente juzgada o rechazada y que su mal hacer tendrá serias consecuencias.
  • Es común que se intente evitar la situación que genera ansiedad, para evitar dichas consecuencias. Sin embargo, esto solo fortalece la creencia de que no somos capaces de lograrlo, pues no nos damos la oportunidad de intentar.
  • El propio temor que se genera hace que el rendimiento sea realmente deficiente. Y es que la persona está en modo alerta, le cuesta concentrarse y es excesivamente consciente de sí misma; por esto, no logra poner en práctica las habilidades que realmente tiene. Este mal desempeño, a su vez, refuerza la idea inicial de incapacidad, por lo que se produce una profecía autocumplida.

¿Cómo nos afecta la ansiedad por rendimiento?

Como decíamos, cuando la excitación es elevada, en lugar de impulsarnos, nos paraliza, nos entorpece y nos limita. Así, afecta a cualquier ámbito en el que esta ansiedad por rendimiento aparezca. Puede llevarnos a suspender un examen para el que estábamos bien preparados; puede impedirnos mostrar nuestro potencial en una entrevista de trabajo o hacernos olvidar del discurso que íbamos a pronunciar en público.

También puede afectar en momentos más cotidianos. Por ejemplo, hay quienes sienten un gran temor a la hora de contestar llamadas de teléfono, conducir un coche o socializar con otras personas.

En muchos casos, este miedo aparece porque se percibe dicho evento como un acto en el que tenemos que rendir, estar a la altura o cumplir con unos parámetros de cara a los otros. Esto nos impide ser espontáneos, auténticos y estar tranquilos; y, por el contrario, aumenta nuestras posibilidades de fallar o de querer evitar esas situaciones tan necesarias.

Incluso, es un temor que está muy relacionado con el desempeño sexual y con diversas disfunciones sexuales. La ansiedad que genera pensar que no vamos a dar la talla, puede derivar en impotencia, eyaculación precoz, dispareunia o trastornos del deseo sexual hipoactivo.

¿Qué podemos hacer al respecto?

El grado en que aparece esta ansiedad por rendimiento tiene relación con la forma en que vemos el mundo y nos vemos a nosotros mismos. Así, hay algunas claves y técnicas que pueden ayudar a reducirla:

  • Trabaja el perfeccionismo. Cuando nos exigimos en exceso y somos nuestros peores críticos, colocamos sobre nosotros una presión insoportable. Si logramos relativizar, hacernos conscientes de que tenemos derecho a errar y ser más compasivos con nosotros mismos, la ansiedad disminuirá.
  • Desarrolla una mentalidad de crecimiento. Esto implica entender que ni la inteligencia, ni la creatividad, ni ninguna cualidad son fijas, todas ellas se desarrollan y mejoran con la práctica. Por tanto, es normal y aceptable que no siempre podamos dar un 100 %.
  • Practica ejercicios de relajación para disminuir tus niveles de activación física y mental. Estos pueden ayudarte a afrontar las situaciones que temes con más calma, así como reducir la ansiedad general que sientes durante el día.
  • Revisa y reestructura tus pensamientos. Quizá estés cayendo en sesgos como el catastrofismo o la dicotomía al interpretar tu rendimiento en las tareas que temes. Recuerda evaluar tus pensamientos antes de darlos por ciertos, y modifica aquellos que no te ayuden por otros más funcionales, flexibles y ajustados a la realidad.
  • Afronta las situaciones que temes en lugar de evitarlas. Esta es la mejor vía para lograr que dicha ansiedad se reduzca, pues al exponerte te permites comprobar que las consecuencias no son tan trágicas como imaginas y que, al habituarte a la situación y disminuir el temor, eres realmente capaz de rendir adecuadamente.

A pesar de seguir estas indicaciones, es posible que ciertas situaciones se te dificulten especialmente y la ansiedad siga haciendo acto de presencia. Si esto ocurre, no dudes en buscar apoyo psicológico. Un profesional puede ayudarte a analizar tu caso y proporcionarte herramientas para aprender a manejar ese temor que te limita.

Elena Sanz.

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