El transformador Hábito de Concretar lo próximo y lo que necesitas

En el título lo he llamado “hábito” pero en el fondo es una forma de pensar y sobre todo actuar, un estilo de hacer las cosas, un enfoque a la hora de ponerte en marcha. Y cuando se repite lo suficiente llegará a formar parte de ti. Es un hábito del que se habla poco y que sin embargo es un importantísimo en Productividad y Desarrollo Personal.

El «Hábito de Concretar» se refiere a la capacidad de centrarse y orientarse especialmente en las acciones necesarias para lograr un objetivo o introducir un nuevo hábito personal. Implica tener una mentalidad enfocada en la acción y la resolución de problemas, muy centrada «en el siguiente» paso, y en dividir el camino, proyecto o hábito en piezas/acciones específicas y claras.

El Hábito de Concretar es la medicina perfecta para combatir el síndrome del deseo constante en el que muchas personas viven («a ver si…», «tendría que…», «debo hacer…»).

1/ Te dirige hacia acción y no al deseo

Cuando algo te orienta hacia la acción hace que desactives el síndrome del deseo constante del que te hablaba. Cuando concretamos lo que necesitamos en proyectos y hábitos, nos ponemos en movimiento. En lugar de quedarnos atrapados en la fantasía de lo que deseamos lograr, nos enfocamos en la acción concreta. Esto es especialmente útil para aquellos que tienden a procrastinar o a soñar despiertos sin poner manos a la obra.

2/Comprendes mejor lo que tienes por delante

Al concretar nuestros proyectos y hábitos, nos vemos obligados a analizar los detalles de lo que queremos lograr. Esto nos ayuda a tener una visión más realista de nuestros objetivos y a entender mejor las acciones que debemos llevar a cabo para alcanzarlos.

Una de las técnicas más efectivas y sencillas donde se ve este punto, es en la del “Divide y trocea”, que sirve por ejemplo para estructurar y descomponer objetivos. Lo que te lleva a aterrizar y concretar. Al aplicarla en esencia divides tus metas en pequeñas tareas o acciones específicas y asignas un plazo para cada una de ellas. De esta manera, podrás tener una visión más clara de lo que debes hacer y cuándo hacerlo.

3/ Te ayuda a Centrarte y no dispersarte

Al concretar te centras y te enfocas, pues al ir a lo espcífico delimitas el camino que tienes que seguir y eso contribuye a que no te difumines. Y es que la dispersión es un problemón hoy en día. Moverte día a día centrado y enfocada, te permite no perder de vista lo que realmente importa, evitando distracciones y actividades que quitan Tiempo + Energía + Atención.

Una propuesta creativa para mantenernos centrados es la técnica del “tiempo de enfoque”. Establece bloques de tiempo específicos para trabajar en tus proyectos o hábitos, y elimina todas las distracciones posibles durante esos periodos. Así, podrás dedicar toda tu atención y energía a lo que realmente importa.

Quien se anda por las ramas, quien se pasa los días dando vueltas a una rotondas, quien abusa del debate mental, quien no aterriza y no concreta sus intenciones y deseos, tiene problemas para construir, avanzar y corregir.

4/ Mejora la planificación y el reparto

Como comprendes y estimas mejor el camino, también lo estructuras y repartes mejor: un proyecto, implantación de un cambio en equipo, desarrollar un hábito personal, lo que sea. Pues cuando sabes más claramente lo que quieres lograr, y qué pasos seguir, es más fácil organizar nuestro tiempo y recursos sin caer en errores de bulto. Al menos en el inicio (luego ya llegarán los inevitables ajustes.)

En este aspecto un recurso que te ayudará es hacer un Mapa Mental. Crea un mapa visual de tus proyectos y hábitos, conectando las acciones específicas y los recursos necesarios para llevarlos a cabo. Esta representación gráfica te ayudará a ver las conexiones entre las diferentes tareas y a identificar posibles cuellos de botella o áreas de mejora.

5/ Fomenta la adaptabilidad y la revisión

Ese camino que emprendas (proyecto, hábito…) está llamado a desviarse o torcerse con el tiempo. Casi seguro. Y el hecho de pensar y actuar concretando también te ayudará en esos casos. ¿Cómo? Recolocando las “piezas”.

Reajustar, replanificar, reprogramar y adaptar un plan, no es más que recolocar las piezas que habías dispuesto sobre un tablero. Cuando piensas y actúas yendo a lo concreto, tienes más claro cuáles son esas piezas. O si tienes que introducir otras nuevas o eliminar alguna antigua.

Hay más ventajas, y como ves necesitamos estas cosas. Y cada día más. Así que mi sugerencia es esta: concreta, concreta, concreta y concreta.

Autopreguntas para el hábito

Algo que te ayudará sin duda a ello es hacerte una serie de preguntas… y contestarlas de la forma más clara y detallada posible, además de hacerlo por escrito.

  • ¿Cuál es mi objetivo principal y en qué consiste realmente (sé específico)?
  • ¿Cómo puedo dividir mi objetivo en tareas más pequeñas y manejables?
  • ¿Qué acciones concretas puedo realizar para avanzar hacia mi objetivo?
  • ¿Qué plazos realistas puedo establecer para cada tarea y cómo puedo asegurarme de cumplirlos?
  • ¿Qué personas participan (si las hay) en este proyecto o hábito?
  • ¿Qué (pequeño) paso puedo dar hoy para avanzar hacia mi objetivo y superar la inacción?

También ayuda a otros

Hasta ahora te he hablado de este magnífico hábito como algo personal. Y lo es. Pero también es un modelo a seguir para otros, influyendo en quienes te rodean y ayudándoles a introducir esa forma de pensar-y-actuar. Algo que, por ejemplo en un equipo, tiene una utilidad increíble, pues puede llegar a cambiarlo radicalmente. El Hábito de Concretar es vital para que un equipo cierre cosas y avance y progrese al máximo.

Quien se anda por las ramas, quien se pasa los días dando vueltas a una rotondas, quien abusa del debate mental, quien no aterriza y no concreta sus intenciones y deseos, tiene problemas para construir, avanzar y corregir. Acciones las tres que son la esencia de cualquier proyecto o hábito.

Berto Pena

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