Porque la vida no se detiene, vence tus miedos y ¡actúa!

Uno de los efectos negativos des bombardeo mediático al que nos someten día a día a través de los medios tradicionales (offline) y de los digitales es que no siempre podemos entender la realidad tal y como es. Haz de cuenta que vas a un restaurante, pides tu plato favorito y comienzas a comer con tanta gana, con tanta ansiedad, que no lo disfrutas. Peor, terminas con indigestión.

Sí, indigestión. Y eso es precisamente lo que muchas personas sufren por estos días. “Que te reinventes”“Que es ahora o nunca”“Que es tu última oportunidad”“Que después lo vas a lamentar”“Que el mundo cambió para siempre” y otras tantas especies que no son verdad. En el mejor de los casos son verdades a medias o medias verdades, como prefieras llamarlas.

A pesar de los vaticinios, de los pronósticos oportunistas, el mundo no se acabó. De hecho, varios de los países que sufrieron con más rigor los efectos del coronavirus, como China (donde se originó), España o Italia, ya salieron del túnel. No lo han superado, no lo han dejado atrás, siguen en estado de alerta, pero ya salieron del túnel y comenzaron a reactivar sus actividades.

Que, valga decirlo, son las mismas de antes, solo que con cuidados especiales, con características distintas. Distintas, sí, pero no imposibles de cumplir, de modo que nos vamos a acostumbrar, de la misma manera que, por ejemplo, nos acostumbramos a la paranoia y a las medidas extremas de seguridad después del atentado a las Torres Gemelas, o a los destrozos de los huracanes.

La capacidad del ser humano para adaptarse, para aprender y cambiar, es ilimitada. Aunque a veces nos resulte difícil o doloroso, aunque a veces nos resistamos, aunque a veces nos tome más tiempo del que nos gustaría. Tarde o temprano, nos adaptamos a las nuevas condiciones, que a la hora de la verdad no son tan nuevas: son distintas. Lo hacemos porque sabemos que la vida sigue.

Sí, la vida no se detiene. Y nuestra tarea, más allá de las dificultades que se presenten en el camino, consiste en seguir adelante. En buscar nuevas oportunidades, en aprender de los errores y de las circunstancias. En hacernos más fuertes y resistentes a través del conocimiento, de los valores. Y específicamente en el caso de los emprendedores, a través de servir a los demás.

En las últimas semanas, he recibido las llamadas de varios clientes y amigos, también de algunos colegas, que están inquietos por la incertidumbre, por las cifras de la economía, por el riesgo de la salud, en fin. Por supuesto, a mí también me preocupan esos aspectos, también tengo miedo, pero he aprendido que hay que seguir adelante, con miedo incluido, porque lo peor es postrarnos.

Varias de esas personas me manifestaron su preocupación porque estaban en las etapas iniciales de sus emprendimientos, que sin duda son las más difíciles. Cuando tenían la expectativa de alzar vuelo, apareció el coronavirus y les cortó las alas, los enfrentó a una dura realidad para la cual no estaban preparados. Y en medio del pesimismo y del bombardeo mediático los invadió el pánico.

El principal temor es perder el camino que ya habían recorrido, perder los clientes que ya habían ganado. El problema fue que cuando la crisis se nos vino encima no supieron cómo reaccionar y eligieron el camino equivocado: quedarse quietos. Lo he mencionado antes y lo repito porque es importante que no lo olvides: en situación de crisis, lo peor que puedes hacer es no hacer nada.

Tus clientes, muchos o pocos, antiguos o recientes, sienten lo mismo que tú. Ellos también tienen miedo, también están a la expectativa, también sienten temor de perder su trabajo o contagiarse con el coronavirus. Esa es una realidad a que la que nadie está ajeno. La diferencia radica en la forma en que cada uno la enfrenta: el pesimista se hunde, mientras el optimista sale a flote.



Si eres uno de los emprendedores que se encuentra en esta situación, solo puedo darte un consejo: aprovecha las circunstancias, saca partido de la oportunidad y comunícate con el mercado. Hoy, la gente está muy pendiente de la forma en que actúan las marcas, de cómo ayudan a los necesitados, de cómo están dispuestas a dar solución a los problemas que la aquejan.

Entonces, si a través de tu conocimiento y experiencia, de tus dones y talentos, de tu pasión y vocación de servicio tú puedes ayudar a otros, ¡exprésalo!, ¡grítalo! Que todo el mundo se entere. Hazte visible, muestra tu propuesta de valor, demuestra que en verdad eres diferente a lo que ya existe en el mercado y conecta con esas personas a las que puedes ayudar. ¡Es tu oportunidad!

¿Cómo hacerlo? Hay mil y una opciones válidas, pero bajo una premisa fundamental: establecer una relación basada en la confianza en la credibilidad y, sobre todo, en el respeto por tu cliente. No vayas a cometer el error de mostrarte como un oportunista, no engroses la lista de los vendehúmo, no te obsesiones con vender a la fuerza. Confianza, credibilidad y respeto son la clave.

En la actualidad, las personas están más abiertas, pero también, más sensibles. Muchas creían que ser digital era conectarse a internet a través del teléfono celular y lo ocurrido durante la crisis les enseñó que hay un ilimitado universo de posibilidades, de oportunidades, de herramientas y recursos que desconocían, o que habían menospreciado, o que no sabían cómo los beneficiaban.

Ahora, en cambio, dado que se vieron obligadas a desconectarse de esa realidad de antes que consumía su vida, que lograron cambiar esas rutinas tóxicas que los consumía, quieren ingresar al ecosistema digital. ¡Bienvenidos todos! Bienvenidos los que quieran aportar su conocimiento, los que nos quieran enseñar con su experiencia, los que puedan aportar en beneficio del mercado.

Una de las más valiosas lecciones que nos ha dejado esta crisis provocada por el coronavirus es que no estamos solos en este mundo, que dependemos el uno del otro, que necesitamos cuidarnos el uno al otro. Y, en el campo de los negocios, dentro o fuera de internet, que no podemos asumir nuestra trabajo como una competencia, como rivalidad, sino como colaboración.

Si eres una de esas personas a las que la situación extrema le dañó el vuelo justo en momentos en que intentaba despegar, ¡no te rindas! No te quedes quieto, alza la voz, busca ayuda, asesórate de personas idóneas, busca un mentor que te guíe y pueda llevarte a donde quieres estar. Y no dejes de trabajar en ti, de invertir en tu conocimiento, trabaja cada día en la construcción de tu mejor versión.

Y comunícate: ¡no te quedes callado! El mercado está abierto a las nuevas y mejores opciones, está dispuesto a acoger a aquellos que, honesta y generosamente, estén en capacidad de ayudar, de compartir conocimiento, de intercambiar beneficios. Si eres una de ellas, ¡muéstrate!, hazte visible, cuéntale al mercado qué tienes para él, realza tu propuesta de valor. ¡Haz marketing!

Por estos días, muchas personas sufren indigestión producto del bombardeo mediático, porque se comieron algunas de las especies tóxicas que pululan en el mercado. Otros, en cambio, somos más fuertes, hemos estrechado los vínculos con nuestros clientes, nos beneficiamos mutuamente. Recuerda: la vida no se detiene. Es hora de actuar, a pesar del miedo, gracias al miedo…

ÁLVARO MENDOZA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: