Gloria, honor y dinero

¿Te gustan las películas de gladiadores, Jose Manuel? 

Seguro que has visto un montón de ellas.

O al menos, la de Russell Crowe. 

Tanto si te gustan, como si no, voy a “destripártelas” todas.

Porque casi todo lo que cuentan esas películas es falso.

Empezando por lo del gesto del pulgar hacia arriba o hacia abajo para salvar o sentenciar a los gladiadores: es mentira. Un invento de Hollywood. 

Para continuar, los combates casi nunca acababan con la vida de los luchadores. 

Se celebraban “a primera sangre”. Es decir, que cuando uno de los gladiadores empezaba a sangrar, se paraba el combate. 

Aun así, eran auténticos espectáculos que gozaban de gran aceptación popular.

Y, sobre todo, eran un gran negocio. 

Esto es lo poco de cierto que reflejan algunas películas.

Generalmente, los gladiadores eran esclavos, prisioneros de guerra o criminales obligados a luchar en la arena.

¡Menudo negocio para los lanistas!

Los lanistas eran los dueños de las escuelas de gladiadores.

No sé si la expresión viene de que ganaban mucha “lana”, pero estos tipos se lo montaban de maravilla. 

No pagaban salario alguno y sus gastos se limitaban a dar de comer (y beber, claro) a los luchadores. Menudo chollo.

Pero había un tipo de gladiador que era diferente. Muy diferente.

Eran los auctorati.

Hombres libres que luchaban por el dinero y la gloria. Se podría decir que su profesión era la de gladiador. 

Se formaban durante años en escuelas de gladiadores para convertirse en luchadores de élite.

Eran más competitivos y daban más espectáculo que los condenados, prisioneros o esclavos.

Peleaban por el honor, la gloria y el dinero. 

Además, solían combatir solo tres o cuatro veces al año.

Y ganaban su buen dinero, porque tenían una paga fija y comisiones por objetivos.

Lo único que tenían que hacer para convertirse en auctorati era renunciar a ciertos derechos políticos. 

O sea, que era mucho mejor ser auctorati que, por ejemplo, legionario.

¿Por qué? 

Porque los auctorati  ganaban más dinero, se exponían menos, eran libres para tomar sus decisiones y podían conseguir la admiración popular. 

Los legionarios, sin embargo, recibían una ridícula paga fija y se les obligaba a combatir en campañas militares. 

Es decir, se jugaban la vida por un pequeño salario.

Y, además, no se les consideraba como héroes ni se valoraba lo que hacían.

Como ocurre hoy con tantos y tantos trabajos…



Desde mi punto de vista, hay demasiados “legionarios” actualmente. 

Personas que se dejan los mejores años de sus vidas en trabajos en los que no les valoran lo que aportan y valen, a cambio de un sueldo que más o menos les permite pasar el mes. 

Es lo que yo llamo un trabajo alimenticio. 

Un empleo que no te hace feliz, que no te arranca una sonrisa cuando te levantas cada mañana y con el que solo deseas que llegue el viernes y los días de vacaciones. 

Ser “legionario” bueno… 

Es una elección…

Pero sin duda, prefiero ser un auctorati

Tomar mis propias decisiones en cada momento y tener la posibilidad de elegir. 

Jugar según mis reglas. 

Ganar lo que quiero cada mes.

Disfrutar de lo que hago y convertir los lunes en viernes porque los límites entre trabajo y placer desaparecen. 

Luchar por mis sueños. 

Y vivir la vida memorable que deseo. 

¿Tú qué prefieres, Jose Manuel? 

¿Quieres ser un auctorati

Lo tienes muy fácil. 

No necesitas renunciar a ningún derecho político. 

Ahora tú eliges. 

¿Legionario o gladiador? 

Un fuerte abrazo

Franck “gladiator” Scipion

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: