Cómo multiplicar tu efectividad en 3 pasos

Sé que el título del post puede resultar un tanto sospechoso, pero solo si supones su contenido en vez de leerlo. Te aseguro que, si sigues fielmente estos pasos, puedes multiplicar tu efectividad hasta niveles nunca antes alcanzados.

Eso sí, te adelanto que cada uno de ellos supone un reto considerable en sí mismo.

Así que, si vienes buscando consejos simplones o apps milagrosas, has llegado al lugar equivocado.

Ahora bien, si tu intención es genuina y tu compromiso es firme, sigue leyendo. Mejorar la efectividad es más sencillo de lo que tal vez imagines.

La recompensa de hacerlo es enorme: poder elegir con confianza qué hacer y qué no hacer en cada momento.

Y este cambio —aparentemente pequeño— marcará un antes y un después en tu vida, porque la efectividad y la felicidad son sinónimos.

Paso 1: Cambia tus creencias

Lamentablemente, la mayoría de las personas rinde al nivel de sus creencias en lugar de hacerlo al nivel de sus capacidades.

Es más fácil decir «no sirvo para esto» o «esto no es para mí» que elegir el largo camino del compromiso auténtico.

Las excusas para tomar el camino fácil son casi infinitas y las justificamos con una serie de creencias sin fundamento alguno.

Una de estas creencias absurdas es el falso conflicto entre creatividad y efectividad.

Porque eso de que para ser una persona creativa tienes que ser también un caos organizativo es un simple cliché.

En la misma línea, están todas esas características que supuestamente son requisitos imprescindibles para poder multiplicar tu efectividad.

Me refiero a lo de ser una persona ordenada, organizada, estructurada, metódica, sistemática, disciplinada, etc. Nada de esto es cierto.

Evidentemente tú eres libre de pensar lo que quieras, faltaría más, pero a la realidad le da igual lo que tú pienses.

Y la realidad es que la efectividad personal es una competencia universal, ya que todos los seres humanos compartimos una misma biología.

Por eso, aunque te consideres un ser especial, único e irrepetible (y sin duda lo eres), evita caer en el engaño de pensar que necesitas una efectividad «a medida», porque no es así.



Paso 2: Aprende (auténtico) GTD®

El otro día me decía un cliente de GTD® Coaching que no le veía mucho sentido a arriesgarse experimentando con opciones de validez incierta cuando existía un estándar de eficacia probada como GTD®.

Sobra decir que suscribo esta afirmación punto por punto 🙂

Uno de los problemas cuando algo se populariza es que, de repente, aparecen personas «expertas» hasta debajo de las piedras.

La ignorancia es muy osada. Tanto más osada cuanta más ignorancia y, créeme, hay mucha.

Así que, por desgracia, la mayoría de las personas que se consideran «expertas» no es que estén intentando engañarte, es que se creen realmente «expertas».

Esto es un problema y muy serio. Si has tenido la mala suerte de cruzarte con una de estas personas, ya sabes a qué me refiero.

Tiempo y dinero malgastados, frustración, sensación de impotencia… Y eso si has tenido suerte.

Hay una minoría que, después de una mala experiencia en manos de una de estas personas «expertas», sigue buscando hasta dar con alguien capaz de enseñarle auténtico GTD®.

Pero la mayoría tira la toalla, convencida de que GTD® (el falso GTD® que han conocido) no funciona.

Por otra parte, el aprendizaje autodidacta de la metodología es un proceso largo e ingrato, que exige además un plus de compromiso.

Y aunque antes había pocas alternativas, ahora tienes la formación GTD® oficial a tu alcance, así que ya no hay excusa posible.

Paso 3: Aplícalo

Una vez hayas tenido acceso a formación fiable y tengas claros los fundamentos del auténtico GTD®, empieza el verdadero reto: aplicarlo y consolidarlo.

Porque puede parecer obvio, pero no lo es. Como dice David Allen, «un sistema que no se usa no es un sistema».

Hay mucha gente que, por ejemplo, aplica más o menos bien los primeros tres —o incluso cuatro— pasos, pero luego no aplica el paso Ejecutar. Esto y no aplicar GTD® es lo mismo.

Ten en cuenta que, como también dice el propio David Allen, «si adoptas parte de los hábitos de GTD®, tu vida mejorará pero, si los adoptas todos de forma integrada, tu vida cambiará».

Por otra parte, el riesgo de (mal)interpretar lo que te han explicado es alto, sobre todo en aquellas partes que conllevan un cambio de hábitos importante.

Y también es alto el riesgo de caer en la tentación de personalizar GTD® antes de tiempo. Resístete y espera el momento, porque fracasarás en el intento si te precipitas.

En realidad, triunfar o fracasar integrando GTD® en tu vida depende de estas 7 causas. Estúdialas, asegúrate de cumplir los requisitos y tenlos siempre presentes.

El camino para dominar GTD® es un camino apasionante. Disfrútalo. Cualquier punto del camino es un punto estupendo en el que estar.

Y, en lugar de obsesionarte con ir deprisa, obsesiónate con seguir avanzando, al ritmo que sea, pero avanzando.

Recuerda que da igual caerte y que da igual caerte mucho o poco, cada poco tiempo o cada mucho tiempo. Lo único que importa cuando te caes es volver a levantarte.

Como te decía al principio del post, la recompensa de multiplicar tu efectividad es enorme.

Tranquilidad y confianza. Alinear tus acciones con lo que es más importante para ti. Estar a lo que estás y disfrutar el momento presente.

Y son tan solo tres pasos. ¿A qué estás esperando?

Un artículo escrito por Jose Miguel Bolivar

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