¿En qué condiciones es más probable que la ansiedad nos paralice? ¿Qué podemos hacer cuando nos quedamos en una situación tan vulnerable? En este artículo contestamos a estas y otras preguntas.
Quedarse en blanco ante un examen, en una entrevista laboral o mientras somos víctimas de un robo son posibilidades nada remotas si tenemos en cuenta cómo funciona nuestro sistema cognitivo.
La ansiedad es un mecanismo de defensa natural y universal que habitualmente nos permite reaccionar de modo adaptativo cuando percibimos una amenaza que compromete nuestra integridad. Su propósito consiste en movilizar al organismo y mantenerlo alerta para actuar funcionalmente.
De forma muy sencilla, Aaron Beck, el referente de la psicología cognitiva, la describe como una reacción de miedo. Pero, ¿qué sucede cuando la ansiedad desborda ciertos límites?

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En este caso, puede dejar de cumplir su función adaptativa, y tener efectos disfuncionales sobre nuestro cuerpo y mente. Me refiero a que la ansiedad puede paralizarnos, tanto física como cognitiva y emocionalmente cuando la experimentamos en niveles altos.
Cuando la ansiedad lleva al bloqueo
El bloqueo mental es uno de los síntomas más frecuentes en la ansiedad excesiva y puede manifestarse en los contextos más variados: en el trabajo, en la universidad, entre amigos e incluso en una cita romántica. Resulta frustrante detectar que nuestra mente se ha quedado en blanco y que no somos capaces de pensar, hablar o desenvolvernos como de costumbre.
Los pensamientos intrusivos suelen aparecer en estos momentos y complicar más las cosas. “¿Qué me está pasando?”, “olvidé todo lo que había estudiado, soy un desastre”, “no soy capaz de concentrarme”. Estos alimentan y potencian la ansiedad, provocando que nos sintamos en un callejón sin salida, sin capacidad de encontrar soluciones a nuestro problema.
En estos casos, nos sentimos incapaces de pensar con claridad, organizar nuestros pensamientos, sacar conclusiones o tomar decisiones. A su vez, la somnolencia mental puede ir acompañada de síntomas y sensaciones corporales, como la sensación de estar inmovilizado.
Como hemos visto, la ansiedad (adaptativa) nos predispone a llevar a cabo acciones rápidas para intentar alejarnos del peligro. Cuando nos paraliza, nos suceden cosas como no poder hablar en público, tener dificultad para incorporar y memorizar información nueva o ser incapaces de salir corriendo si un animal nos persigue. Es en estos contextos que, desafortunadamente, las posibles soluciones no nos pasan ni cerca.
Cómo actuar frente a la ansiedad paralizante
Resulta desagradable sentirse bloqueado: la ausencia de sensación de control puede ser realmente frustrante. Además, suele afectar negativamente a las diferentes áreas de la vida de quien lo padece, desde sus estudios y crecimiento profesional y laboral, hasta el aspecto vincular y afectivo.
Lo cierto es que cuando experimentamos bloqueos con frecuencia, el cuerpo y la mente nos están intentando dar un mensaje: merece la pena escucharlo. Generalmente, viene a comunicarnos que vamos muy de prisa con nuestra vida, que no estamos haciendo lo que verdaderamente quisiéramos, que llevamos dentro una intensa presión y que es momento de empezar a actuar y tomar decisiones acordes a lo que deseamos y necesitamos.
Para revelar su propósito, puede ayudarnos hacernos las siguientes preguntas: ¿qué estoy haciendo que no quiero hacer?, ¿en qué momento dejé de sentirme auténtico?, ¿de qué exigencias necesito liberarme?, ¿qué emociones no me permito expresar?, ¿estoy viviendo como quiero vivir?, ¿qué aspectos de mi vida quisiera transformar?
Una vez que descubrimos aquello que la ansiedad quiere decirnos y generamos los cambios necesarios, ella puede retirarse de nosotros. Es posible aprender a gestionar la ansiedad con dedicación, paciencia y acompañamiento profesional y especializado.
Tratamiento específico
La terapia de aceptación y compromiso se considera una de las mejores opciones para tratar este tipo de problemáticas. Esta terapia te ayudará a identificar y superar los bloqueos por ansiedad a partir de la aceptación de tus emociones, sin oponer resistencia ante ellas.
En definitiva, se trata de adquirir herramientas para afrontar la ansiedad y potenciar el bienestar. En términos generales, existen algunas pautas que pueden ayudarte con estos problemas, a la par de que realizas un tratamiento psicológico: conectar con tu respiración, practicar mindfulness, tomar descansos, hacer deporte o yoga, mantener una alimentación saludable e identificar tus pensamientos y emociones.
