En lugar de perfección, busca la finalización

Uno de los rasgos que permiten distinguir claramente a las personas altamente efectivas de las que no lo son tanto es la obsesión por terminar lo que empiezan.

El cerebro es perezoso y cualquier excusa le parece buena para dejar lo que está haciendo y ponerse con lo que acaba de llegar. Si alguna vez has cerrado tu programa de email al final de la jornada laboral y tenías unos cuantos borradores a medio escribir, ya sabes a qué me refiero.

Tener o no tener el hábito de terminar —sistemáticamente y lo antes posible— todo lo que se empieza es importante, porque afecta significativamente a tu energía mental. Como sabes, la energía mental es uno de los recursos más valiosos para cualquier persona que se dedique al trabajo del conocimiento.

Porque el hecho es que, mientras están abiertos, los temas consumen energía. Que consuman mucha o consuman poca dependerá de tu nivel de competencia en materia de efectividad personal, pero —tengas el nivel competencial que tengas— siempre van a consumir algo.

A menudo no somos conscientes de que, mientras un tema permanece abierto, está abierto en dos sitios.

Por una parte, en su lugar físico, cualquiera que sea. Esto es obvio. Si, por ejemplo, tienes que terminar de vaciar las cajas de una mudanza, las cajas seguirán allí —físicamente— hasta que las vacíes.

Por otra parte, en tu cabeza, al margen de que seas más o menos consciente de ello. Esto puede resultar menos obvio. Por utilizar el mismo ejemplo de antes, las cajas de la mudanza pendientes de vaciar estarán dando vueltas por tu cabeza hasta que las vacíes.

Y el problema de que estén en tu cabeza es que, mientras lo están, tu cerebro consume energía «gestionando» todos esos «asuntos pendientes» —también conocidos como «incompletos» en la metodología GTD®—.

«Gestionando» significa que, de manera aleatoria —y también cada vez que veas las cajas— tu cerebro entiende que debe recordarte que tienes pendiente terminar de vaciarlas.

Por desgracia, la cosa no queda ahí. Además de recordarte que el tema sigue pendiente, también te hará sentir culpable por llevar todo el tiempo que llevas procrastinando hacer lo que tienes que hacer.

Si dejar las cosas sin hacer —o sin terminar— nos hace sentir mal, ¿a qué se debe que nos cueste tanto terminar lo que empezamos? Los motivos pueden ser variados.

Por ejemplo, en ocasiones no terminamos las cosas por simple pereza. Hay cosas que no nos gusta hacer y por tanto nos resistimos a hacerlas. En consecuencia, es fácil que empecemos alguna de ellas y, si algo nos interrumpe, la dejemos a medias.

La reflexión que tiene sentido hacerse sobre esta situación es que —al margen de que hacer algo te guste más o menos— si al final lo vas a tener que hacer de todos modos, cuanto antes lo hagas, mejor.

Otras veces, no terminamos las cosas porque no tenemos claro qué hacer con ellas. Dicho de otra forma, porque aún no hemos decidido qué hacer al respecto.

Esta situación es muy habitual. «Tener claro qué hacer con las cosas» es lo que en GTD® se llama «Aclarar», es decir, pensar y decidir, y ya sabemos que pensar

La reflexión vendría a ser la misma de antes. Si al final lo vas a tener que decidir igual, cuanto antes lo decidas, mejor, porque antes saldrá de tu cabeza y antes dejará de consumir energía.

Otro motivo por el que no terminas las cosas puede ser que seas perfeccionista.

Por si no lo sabes, la perfección es inalcanzable, así que estás dedicando tus recursos al objetivo equivocado. Además, en términos de efectividad, el perfeccionismo y la chapuza son equivalentes.

Además, el perfeccionismo es —en el fondo— un caso particular de indecisión. Como no has decidido qué significa «terminado», sigues mejorándolo y mejorándolo, esperando que llegue un punto en que no se pueda mejorar más.

El problema es que, en muchas ocasiones, ese momento no llega nunca. Eres tú quién tiene que decidir cuándo está suficientemente bien.

Dejando a un lado las posibles causas, cada vez que tengas algo pendiente de terminar, piensa que estás malgastando tu energía mental.

Evidentemente, evitar esto requiere que pongas también de tu parte, pero la efectividad personal te ofrece un buen puñado de estrategias de utilidad contrastada para contrarrestar la tendencia natural a procrastinar.

Yo, por ejemplo, lo que hago habitualmente, en lugar de plantearme como objetivo terminar algo, es plantearme solo avanzar con ello, por poco que sea.

De primeras, puede parecer poco ambicioso, pero si cada vez que tienes oportunidad de avanzar con algo, lo haces —en lugar de procrastinar—, llega un momento en que está terminado. Te lo digo por experiencia. Así logré escribir mi libro en tiempo récord 🙂

Lo que hay que tener claro es que algo muy perfecto, pero sin terminar, es peor que algo menos perfecto, pero terminado.

Así que, si eres una persona perfeccionista y este rasgo de carácter te pone difícil terminar las cosas, deja de obsesionarte con la perfección y empieza a obsesionarte con la finalización.

Ten por seguro que tu efectividad y tú saldréis ganando.

Un artículo escrito por Jose Miguel Bolivar

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