5 beneficios de improvisar

La improvisación es a corto plazo. Así, cuando la ponemos en juego, empleamos la parte de nuestro cerebro que se encarga de tomar decisiones rápidas. Hoy queremos hablarte de cómo puedes disfrutar de todos los beneficios derivados de la improvisación.

Hay personas más reflexivas y otras más impulsivas; así, la reflexión y la impulsividad serían los dos extremos de un continuo. Lo cierto es que tanto pensar bien las cosas antes de actuar, como no hacerlo, conlleva beneficios. En este artículo nos centramos en los beneficios de improvisar y pensar menos las cosas.

Pero, ¿de qué hablamos exactamente? Improvisar se define como ‘hacer una cosa sin tenerla prevista o preparada’. Cuando improvisamos, nos centramos más en la acción que en el pensamiento. Simplemente, actuamos. Esto no quiere decir que no pensemos nada en las consecuencias de nuestras acciones, sino que nos dejamos llevar más por lo que sentimos o nos apetece.

“Creo que improvisar, saber adaptarse y responder al instante es la clave de la felicidad”.

-César Aira-

5 beneficios de improvisar y pensar menos las cosas

La vida no siempre resulta como esperamos, y es que hay muchos factores implicados que escapan a nuestro control en todo lo que nos sucede. Y esto muchas veces puede parecer un verdadero lío, pero también es la oportunidad para poner en marcha nuestra capacidad de improvisar y resolver las cosas sin tener que pensar tanto en cada paso antes de darlo.



Pero, ¿cuáles son los beneficios de improvisar? Aprender a ser más flexibles y libres a la hora de actuar (sin pensar tanto en las consecuencias de nuestras acciones) tiene varios aspectos positivos. Te contamos los más interesantes y cómo empezar a improvisar.

1. Te permite ser más flexible

Cuando no tenemos todo calculado y somos capaces de improvisar, nos volvemos más ágiles reaccionando a acontecimientos imprevistos. Así, la incapacidad de improvisación nos permite ser más flexibles: ese lanzador de penalti que es capaz de cambiar de lado en el último momento porque ve que el portero se está estirando hacia el lado que él en principio había elegido, tiene una decisión tomada; pero es capaz de variarla en función de lo que percibe hasta muy poco antes de que tenga que ejecutar la decisión.

Y es que la flexibilidad es de gran ayuda para poder reaccionar ante situaciones en las que no tenemos tanto control (déjanos contarte que la mayoría de las situaciones que nos ocurren, no las podemos controlar), y nos da la valiosa oportunidad de poder actuar conforme a lo que sucede sin quedar congelados sin saber qué hacer.

2. Te ayuda a vivir en el presente

Cuando pensamos menos las cosas, hacemos un ejercicio valioso para nuestra salud mental: estar presentes en el aquí y ahora. A la hora de improvisar solemos centramos en lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y no tanto en lo ocurrido antes o en las expectativas futuras.

Solo se trata de no vivir siempre esperando el futuro y pensando en todo lo que aún no ha sucedido, porque puede que incluso no suceda nunca. Pensar demasiado en las cosas que aún no pasan puede generar mucha ansiedad, y si esta no es tratada a tiempo puede convertirse en un verdadero problema para la salud mental y emocional.

3. Te ayuda a descansar

Sí, lo cierto es que vivir pensando mucho todas las cosas y siguiendo estrictos protocolos para actuar por la vida puede llegar a ser verdaderamente agotador. Por ello, permitirnos vivir el momento de forma improvisada puede ser un gran alivio para el alma (y el cuerpo y la mente).

No tener que prepararte mentalmente para todo lo que va a suceder te va a ayudar a no tener tanto estrés y a estar más descansado, y verás cómo poco a poco las cosas comenzarán a fluir de mejor manera y te sentirás más libre y feliz que antes.

4. Te permite sentir

Seguramente hace mucho tiempo que no recuerdas lo que es sentir verdaderamente. Si este es el caso, date la oportunidad a ti mismo de poder fluir sin pensar tanto y siendo más libre, improvisando ante las situaciones que te suceden.

Darte permiso para sentir te va a ayudar a mejorar tu capacidad de ver y disfrutar de los pequeños detalles y de aprender a escuchar verdaderamente a los demás. Además, notarás cuánto puedes llegar a aprender de los demás cuando verdaderamente les prestes atención.

5. Fomenta tu autoconocimiento

Finalmente, improvisar y pensar menos las cosas también te ayudará a conocerte a ti mismo, a “ponerte a prueba” y a salir de tu zona de confort, pudiendo apreciar cómo te comportas ante entornos nuevos y retos desafiantes para ti.

Piénsalo (y válgase la redundancia); si piensas siempre tanto las cosas, no das espacio para la novedad, para lo nuevo, lo diferente… En cambio, improvisar más y pensar menos te permite, no solo conocer nuevas realidades, sino conocerte a ti mismo en ellas.

Conocer los beneficios de improvisar para empezar a vivir

Sabemos que improvisar y pensar menos las cosas puede llegar a ser un poco complicado al principio (sobre todo si eres una persona con cierta rigidez mental, que necesita mucho el control, muy reflexiva, autoexigente, etc.) y, como todo, requiere de práctica y constancia.

Pero conocer los beneficios de improvisar es el primer paso para darte cuenta de que hay muchas cosas que escapan a nuestro control, y que está bien así; podemos ser felices igualmente. Y una vez logres encontrar este equilibrio entre sobrepensar e improvisar, te garantizamos que el esfuerzo habrá merecido la pena.

“Aquello que será después es ahora. Ahora es el dominio de ahora. Y mientras dura la improvisación yo nazco”.

-Clarice Lispector-

Cómo aprender a improvisar y no pensar tanto

La clave en todo esto está en encontrar tus propias estrategias para improvisar y no pensar tanto, sin que esto te genere problemas. Algunas ideas para comenzar:

  • Empieza con cosas “fáciles”, que no sean importantes, como pedir comida para llevar, decir algún comentario que nos salga de dentro a un amigo, hacer un plan improvisado solos o con amigos, etc.
  • No te presiones por improvisar; simplemente, inténtalo progresivamente, empezando con cosas sencillas.
  • Identifica cómo te sientes después de improvisar; tal vez ¿libre? ¿Angustiado? ¿Intentando recuperar el control?
  • Valora los beneficios de improvisar y no pensar tanto las cosas.
  • Anímate a salir de vez en cuando de tu zona de confort.

Laura Ruiz Mitjana.

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