Aprender a trabajar desde casa y en un entorno siempre conectados es imprescindible

Para muchos el teletrabajo ha supuesto una nueva fórmula no solo para trabajar cuando existen restricciones, sino para hacerlo más allá del horario laboral reglado y establecido. Hace ya años que se viene hablando del fenómeno de los workaholic, pero ahora todo es mucho peor. Porque si antes las horas se quedaban restringidas al tiempo que se pasaba en la oficina, actualmente se extiende a todos los ámbitos de nuestra vida personal. Por eso es necesario aprender a trabajar desde casa y en un entorno siempre conectados.

La apertura de las posibilidades del teletrabajo lo han cambiado todo. En muchos casos para mal. Porque una cosa es utilizar la posibilidad de trabajar desde casa para no pasar tantas horas en la oficina, para hacer un esfuerzo extra en un momento determinado de picos de trabajo, pero cuando lo hemos convertido en un rutina, llegar a casa y conectarnos para seguir virtualmente en la oficina se acaba pagando.



Tu vida es el trabajo y solo el trabajo

El principal problema es que no separamos nuestra vida profesional de la personal. Porque sin darnos cuenta nos hemos ido quedando sin la segunda. Si damos prioridad absoluta al trabajo, en poco tiempo nos damos cuenta que a poco que no desconectemos vamos a ocupar todas las horas disponibles con temas laborales.

No te das cuenta y acabas contestando un correo desde el móvil mientras haces la compra, te conectas para ver si hay algo nuevo después de cenar, o te das cuenta que el único grupo de chat en el que de verdad estás activo es el de los compañeros de la oficina. Tu cabeza no descansa en ningún momento, no dejamos de pensar en cuestiones laborales.

Esto a medio plazo acaba pasando factura. Mentalmente no estamos ágiles. Nos cuesta concentrarnos y esto nos obliga a prolongar el tiempo de trabajo. Somos menos eficientes y tenemos un escaso rendimiento. Pero lo suplimos trabajando más horas. Se entra de esta forma en una espiral de la que es muy complicado salir.

Pero hay algo peor. Se puede producir un colapso. Y es mucho más frecuente de lo que podría parecer. Gente que tiene que ponerse en manos de profesionales. Si son conscientes de que están trabajando mal, de gente que les enseñe como tienen que organizarse mejor para sacar el máximo partido a sus habilidades y el tiempo disponible.

Desconexión total en casa

Si no se ha llegado a estos extremos es fundamental comenzar por hacer un esfuerzo personal. Empezando por una desconexión total en casa. Apagar el teléfono. Dedicarnos a tareas que no requieran un esfuerzo intelectual, que no nos lleven a pesar en el trabajo.

A ser posible que no sean sedentarias. El ejercicio físico nos ayudará a realizar esta desconexión mental. Ya sea correr, nadar, hacer bicicleta o quedar con alguien para jugar al tenis. Cada cual tiene sus preferencias y tenemos que elegir algún deporte con el que nos sintamos cómodos y motivados.

Esto no no solo nos servirá para evitar sobrecargas de trabajo. También en momentos de estrés laboral como el actual, no precisamente por motivos de demasiadas tareas, sino por todo lo contrario en muchos casos. No saber cuando se recupera la normalidad, si nuestra empresa seguirá adelante o tiene que cerrar, cómo se pagarán las próximas facturas, etc.

Todo esto acaba por mermar nuestra capacidad de concentración, de análisis, de síntesis, nuestras habilidades en definitiva, que nos hacen ser eficientes en el trabajo. Y precisamente cuando más necesitamos dar lo mejor de nosotros mismos para mantener negocios y empresas en marcha.

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