Así lucha Zoom, la app más pujante de la cuarentena, para evitar ser la «estrella estrellada»

Pocas apps se han beneficiado tantísimo de la cuarentena como la aplicación estadounidense enfocada a las videoconferencias Zoom. Sin embargo, su fulgurante éxito ha sacado a relucir también no pocos problemas, unos problemas que Zoom lucha por atajar rápidamente para no ver mermado su arrollador éxito.

Espoleada por el teletrabajo, la educación online y todo tipo de reuniones de naturaleza virtual (en la cresta de la ola como consecuencia del confinamiento), Zoom, que el pasado mes de diciembre contaba con apenas 10 millones de usuarios, tiene actualmente a más de 300 millones de usuarios a su vera.

Pero su fenomenal escalada hacia la popularidad se ha visto empañada por no pocos problemas. Todo comenzó con el denominado «zoom bombing», el que practican aquellos amparados por los agujeros de seguridad en esta plataforma para «colarse» en videoconferencias ajenas. Como consecuencia de este engorroso fenómeno, imágenes pornográficas se han abierto paso en clases escolares online y reuniones virtuales de Alcohólicos Anónimos se han visto interrumpidas por inconvenientes anuncios de bebidas espirituosas.

El FBI no tardó en intervenir para colocar en la diana la inadecuada protección de la privacidad del usuario en esta plataforma. Y las múltiples deficiencias en cuanto a seguridad de Zoom comenzaron a salir a la luz.



En los ordenadores Mac en particular uno de los agujeros de seguridad de Zoom (que son al parecer extraordinariamente numerosos) permitiría el acceso a la cámara y el micrófono sin el consentimiento expreso del usuario (haciendo, por lo tanto, estos dispositivos mucho más susceptibles de eventuales ataques). Y el acceso a la cámara y al micrófono seguiría siendo posible una vez desinstalado el software de Zoom en el ordenador.

Además, una de las funcionalidades de Zoom permitiría a quienes ejercen de administradores dentro la app monitorizar el nivel de atención de otros usuarios durante las videoconferencias.

Zoom se pone las pilas en cuanto a seguridad se refiere para no perder su «punch»

Y no solo eso. Las conversaciones (a menudo de carácter íntimo) alojadas en los servidores de Zoom son accesibles desde el exterior y pueden llegar potencialmente a manos de terceros provistos de intenciones espurias.

Zoom se defendió de las acusaciones argumentando que su definición de encriptación «end-to-end» no se atiene a la interpretación habitual de este concepto. En este sentido, los datos están encriptados para el usuario final, pero la compañía tiene acceso a ellos, lo cual se traduce en no pocos problemas (al menos de naturaleza potencial). En teoría Zoom puede abrirse paso a hurtadillas en cualquier videoconferencia (y ver y escuchar lo que allí ocurre).

Aun así, de Zoom preocupa aún otro dato: que buena parte de su tráfico es canalizado a través de servidores sitos en China. Y el Gobierno chino tiene la potestad de solicitar la desencriptación del tráfico encauzado a través de servidores emplazados en su territorio.

Por esta razón, las autoridades gubernamentales chinas tienen teóricamente el poder de infiltrarse en videollamadas que tienen lugar en territorio estadounidense. El supuesto no es absoluto baladí si tenemos en cuenta que parte de la administración estadounidense se vale de Zoom para sus reuniones.

Zoom se defiende, no obstante, de esta última acusación argumentando que «se toma la privacidad y seguridad de sus usuarios muy en serio. El sistema de Zoom está orquestado para recolectar el mínimo posible de información y cualquier dato que transita el sistema se envía a través de la zona de la reunión que ofrece el mejor rendimiento, sujeto a ciertas georrestricciones». La compañía puntualiza además que cuenta «con 17 data centers en todo el mundo, uno de los cuales está en China (la infraestructura se encuentra en unas instalaciones propiedad de Telstra, un proveedor de telecomunicaciones australiano) y usamos data centers en la nube de forma global. Los sistemas de Zoom están diseñados para mantener georrestricciones en China, asegurándose de que los datos de usuarios fuera de China no circulan por los servidores que se encuentran en esa región».

Eric Yuan, fundador de Zoom, se disculpó públicamente por los fallos en un post publicado recientemente en el blog corporativo de la compañía. Yuan entonó el «mea culpa» y aseguró que la precipitación y la inesperada popularidad de la app no habían permitido a ésta adaptarse a los requerimientos en cuanto a protección de datos con suficiente celeridad.

Pero Zoom parece haberse puesto manos a la obra para implementar mejoras en su plataforma. Y por lo pronto ha dado el alto al desarrollo de nuevos productos, ha modificado o erradicado por completo funcionalidades problemáticas, ha adoptado la sana costumbre de publicar informes de transparencia y ha revisado minuciosamente su sistema de encriptación.

Zoom ha publicado además un manual para que sus usuarios puedan protegerse adecuadamente cuanto utilizan sus servicios.

Por ahora, y a pese a que la sombra de los problemas sigue siendo alargada, la popularidad de Zoom no se ha resentido. Y la app trabaja contrarreloj para que sus servidores puedan procurar servicio a la elevadísima demanda.

Aunque es la crisis del coronavirus la que le ha catapultado al estrellato, Zoom quiere afianzarse en el mercado más allá del momento actual. Y lo cierto es que tiene muchísimas papeletas para convertirse en un auténtico gigante online (siempre y cuando solvente con suficiente agilidad sus problemas).

Vía: Marketing Directo

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