Cómo conciliar cuando trabajas desde casa

El teletrabajo ha llegado para quedarse. Si bien en España antes de la crisis sanitaria menos de un 10% de la población trabajaba desde casa, el confinamiento elevó la cifra a un 30,2%, aún por debajo de otros países de Europa. Un continente en el que nos situamos a la cola en materia de teletrabajo y donde lugares como Francia u Holanda, con un 16,7 y un 17,6 en cifras pre-pandemia, tienen un sistema mucho más afianzado en este sentido. Así, son muchas las empresas nacionales que han visto las ventajas del trabajo desde casa, tanto para la entidad como para los trabajadores, y estudian nuevas organizaciones en las que se favorezca esta flexibilidad.

Atrás quedó la idea de que cuando uno trabaja desde casa se hace de manera más relajada, libre, sin presiones; incluso ha desmontado estructuras mentales conservadoras que aseguraban que implicaba menos dedicación. La realidad es que el teletrabajo exige de mucha responsabilidad, que hay que aprender a poner límites porque se suelen emplear más horas y que requiere de un espacio y un ambiente adecuado. Además, a esto hay que unir la conciliación, pues es un arma de doble filo. Trabajar en casa y cuidar de la familia es una ventaja pero hay que tener en cuenta una serie de claves para que funcione.



Adaptar un espacio de trabajo

No vale de nada que tengas la ‘oficina’ pivotando allá donde haya una demanda de atención en casa. Nada de la mesa del comedor mientras tus hijos ven una película y nada de cocina a la hora del desayuno. Busca un espacio apropiado dedicado al trabajo, donde puedas concentrarte y trabajar en silencio, con luz natural, buena ventilación, con todo lo que necesitas a mano y en el que te sientas a gusto. Igualmente, es importante que pongas cuidado en la mesa y la silla, en sentarte correctamente y en moverte cada cierto tiempo.

Fijar un horario

Trabajar en casa no significa hacerlo sin horarios. No le estaríamos haciendo ningún favor a la conciliación sino todo lo contrario. Ten claras las horas que implica tu jornada y pon límites. Pero a la vez sé flexible, es decir, aprovecha esos momentos en que los niños están ocupados para ser más efectiva pero no dejes de prestarles atención si es necesario y tu tarea puede realizarse un poco más tarde. Es importante que ellos también sepan que estás trabajando. La clave está en encontrar el equilibrio.

Planificar tu jornada

Solo encontrarás ese equilibrio si dedicas un tiempo a planificar. Tener una visión general de la semana, de las tareas, prioridades… te permitirá organizar cada día con antelación. Siempre pueden surgir contratiempos, pero con una buena planificación previa hay un alto porcentaje de éxito asegurado. Antes de apagar tu ordenador, emplea unos minutos a dejar esbozado un esquema de tareas para el día siguiente, marca las urgentes y ten en cuenta las necesidades que más allá del trabajo te va a demandar la jornada. Monta el puzzle para que todo cuadre.

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