El poder de las palabras: cosechas lo que siembras…

No era algo que estuviera entre mis cuentas, pero finalmente sucedió. Y te confieso que no es fácil lidiar con esta situación, cuyo control se escapa de tus manos y que, además, no puedes eludir cuando eres un emprendedor. ¿Sabes a qué me refiero? A lo que se conoce como infodemia, ese molesto bombardeo mediático al que somos sometidos a diario con información tóxica.

Este fenómeno es uno de los efectos colaterales de la crisis provocada por el coronavirus. Fue la Organización Mundial de la Salud (OMS), precisamente, la que acuñó el término para referirse al exceso de información relacionado con la pandemia, mucha de ella de dudoso origen o, peor aún, simplemente falsa. Según esta entidad, “la desinformación es el mejor aliado del virus”.

Prendes el computador y prácticamente cualquier página que consultes habla del tema y, no solo eso, sino que encuentras noticias que son abiertamente contradictorias lo cual ya genera sospechas. Las redes sociales, ni se diga: son el caldo de cultivo de esas informaciones sin sustento, pero las personas las replican una tras otra, sin verificar, como si no hubiera remedio.

Si prendes la televisión, si escuchas la radio, si lees los periódicos, la situación es idéntica. Y si te reúnes con alguien, si conversas con alguien (así sea de manera virtual), el tema sale a flote en algún momento. Es lógico, porque vivimos una realidad caótica a la que no estábamos acostumbrados y que nos sobrepasa, que nos incomoda, que nos llena de inquietud y miedo.

Procuro mantenerme alejado de esos canales que están tan contaminados, como si viviera en una burbuja. Eso no quiere decir, de ninguna manera, que desconozco la realidad o que no soy consciente del riesgo: tomo todas las medidas de prevención, me cuido y cuido de los míos, solo que intento hacer una vida normal, intento que mi vida no dependa solo del coronavirus.

Lo que me preocupa, lo que me aterra, lo que me produce pánico es que cada día veo más y más emprendedores y marketeros que cayeron en las redes de este mal, que se contagiaron de infodemia y son productores y multiplicadores de información que a todos nos hace daño. Por supuesto, respeto las decisiones de cada uno y sé que mi prioridad es no sumarme a ellos.

Como lo he mencionado otras veces, no soy quien para decirles a otros cómo deben actuar, entre otras razones porque ya somos adultos y no solo podemos tomar decisiones, sino que además estamos en la obligación de asumir las consecuencias de nuestras acciones. Sin embargo, si me siento comprometido con mis clientes, contigo, para prevenirlos de los peligros del mercado.

Cuando comenzó esta crisis del coronavirus, por allá en un mes de marzo que nos parece lejano, la vida nos cambió de muchas formas. Y el trabajo, cómo hacemos el trabajo y cómo nos relacionamos con nuestros clientes, es una de ellas. En aquel momento, lo primero que hice fue reunirme con el equipo que me respalda para trazar las estrategias que íbamos a seguir en la crisis.

No era la primera crisis que se atravesaba en el camino y la experiencia vivida en las anteriores me enseñó que, en estas circunstancias, el mercado se torna sensible. No puedes hacer como si nada, ir por ahí con la sonrisa de lado a lado intentando dar la impresión de que a ti nada te perturba mientras otras personas en verdad lo pasan mal. Lo que se requieres en actuar con empatía.



Y en eso, precisamente, nos hemos enfocado: en tratar de ponernos en los zapatos del otro, en la situación del otro; en tratar de sentir la necesidad del otro, el dolor del otro. Si sigues con atención el contenido de valor que publico en mis canales digitales, te habrás dado cuenta de que en las últimas semanas nos enfocamos más en el ser humano, en su bienestar, que en sus negocios.

La verdad, no podemos desligar lo uno de lo otro. Lo que seas como ser humano, la clase de persona que puedas construir será el reflejo de lo que logres en tu trabajo, de lo que perciban tus clientes y el mercado. Sin embargo, considero que en estos momentos es más importante el ser humano que el emprendedor porque vivimos una época de gran incertidumbre, de mucho riesgo.

Por eso, la mayor parte de contenido generado te invita a reflexionar, a que pienses en quién eres, en qué haces, en para qué lo haces, en por qué lo haces, en para quién lo haces. Que te conectes no solo con el propósito de tu vida, sino también con tu pasión, con aquello que amas, con eso que harías todos y cada uno del resto de tus días, inclusive si no recibieras una paga por ello.

Y, al mismo tiempo, para que canalices los mensajes adecuados para tus clientes, para quienes te siguen. Hoy, en medio de la incertidumbre y el medio, las marcas (sobre todo, las personales) se convirtieron en la referencia para el mercado, que anda en busca de respuestas que las autoridades no son capaces de ofrecer. Esa, sin duda, es una responsabilidad y una oportunidad.

En la red pululan los mensajes negativos, el pesimismo que resulta del miedo. Sin embargo, dado que soy de los que ven el vaso medio lleno, de que entiendo que tengo algo que aportarles a otros a través de mi conocimiento y experiencia, de mis dones y talentos, me enfoco en lo positivo, en lo constructivo. Sé que las crisis son oportunidades de las cuales podemos salir fortalecidos.

Además, como sicólogo y como emprendedor con más de 22 años de trayectoria, entiendo el poder de las palabras. Soy un convencido de que todo lo que ocurre en nuestra vida es fruto de la ley de causalidad, de las acciones que ejecutamos, de las decisiones que adoptamos, de la forma en que programamos nuestra mente con los mensajes que producimos. ¡El infinito poder de las palabras!

En las actuales circunstancias, la gente está muy expuesta al bombardeo mediático entre otras razones porque tiene más tiempo para consultar las redes sociales y los medios de comunicación. Y hay estudios que demuestran que, a medida que pasan los días, los consumidores eligen alejarse de ese frenesí informático, de la infodemia. Solo quieren recibir mensajes constructivos, inspiradores.

¿El tuyo, el que les transmites a tus clientes, cumple con esta condición? O, más bien, ¿eres uno más de los que creen que la fragilidad emocional del mercado es la oportunidad para sacar provecho? Ten cuidado, porque el mercado está muy atento y dispuesto a castigar a aquellos que sean oportunistas, a los que se enfoquen solo en obtener réditos en medio de la crisis.

Mi compromiso es tu éxito, tanto como persona como emprendedor. Haré todo lo que esté a mi alcance para ayudarte a crear tu mejor versión y eso significa que te impulsaré desde tus fortalezas. Que aproveches tus dones y talentos, tu conocimiento, para explotar tu potencial al ciento por ciento, para bridarle a tu familia el bienestar que se merece, para ayudar a otros.

El marketing de contenidos, uno de mis más fieles y poderosos aliados desde que comencé mi trayectoria, es la mejor herramienta para sembrar en estos tiempos de incertidumbre, dolor y miedo. La cosecha, si la semilla que siembras es fértil, vendrá después. La venta, amigo mío, es una consecuencia, no un objetivo: para vender, primero debes entregar, aportar. Así es el marketing…

Alvaro Mendoza

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