Preocúpate, si cultivaste y practicas estos 10 malos hábitos

¿Crisis, cuál crisis? ¿Limitaciones, cuáles limitaciones? ¿Obstáculos, cuáles obstáculos? Son meras excusas, frases que de tanto repetirlas en el imaginario popular adquirieron el rótulo de verdad, pero son falsas. Crisis siempre ha habido y siempre habrá. Limitaciones siempre hubo y siempre las habrá. Obstáculos siempre se presentan y siempre se interpondrán en el camino. ¿Entonces?

Los seres humanos somos harto contradictorios. Porque nos quejamos constantemente de que la vida no nos trata como merecemos, de que no recibimos lo que nos corresponde, de que, como decimos en Colombia, nacimos estrellados (sin estrella). O, como suelo escuchar cada vez con mayor frecuencia, con mala suerte, con un destino gris. Sin embargo, eso no es cierto.

Se trata, nada más, del resultado del modelo educativo en el que crecimos según el cual hay fuerzas supremas que mueven nuestro destino a su antojo, que nos manejan como si fuéramos marionetas. Y, más grave aún, que nuestro camino ya está labrado, nuestra historia ya está escrita y no la podemos modificar. Lo único que nos queda es aceptarla con resignación y vivirla.

Por fortuna, nada de eso es cierto. No voy a negarte que hubo alguna época de mi vida en la que también me creí esas mentiras y pagué por ello. Por fortuna, gracias al ejemplo de mis padres y a las enseñanzas de mis mentores, y de esa sabia maestra que es la vida, entendí que soy el único y total responsable de lo que me sucede. Mi destino es fruto de mis acciones y de mis decisiones.

Independientemente de mis creencias, de mi credo, de mi postura política: mi vida es resultado de lo que hago y de las decisiones que adopto. En otras palabras, mi vida es la que yo elijo. De lo que sí estoy completamente convencido, porque lo he experimentado para bien y para mal, es que las personas de las que te rodeas influyen, y mucho, tanto en esas acciones como en esas decisiones.

Por eso, debes cuidar bien de quién te rodeas, a quién le permites que entre en tu vida, en especial en aquella vida personal que suele ser frágil y vulnerable. La principal premisa, entonces, es tomar las riendas de tu vida y llevarla por donde quieres. Igual habrá dificultades, igual vas a cometer mil y un errores, igual estarás expuesto a la influencia negativa de otras personas.

Esa, amigo mío, es una realidad que debemos aceptar. Sin embargo, la mayoría de tus males, de tus desdichas, de tus motivos de preocupación surge de ti. Una de las premisa de la vida que más nos cuesta aprender, porque requiere humildad, es aquella de que todo lo que te sucede es el efecto de lo que diste, porque no hay casualidad alguna, sino una perfecta ley de causalidad.



Tu vida es fiel reflejo de lo que haces cada día, de cómo lo haces. Tus males no son producto de una tormenta, de una crisis, sino la sumatoria de tus pequeñas acciones y de tus decisiones. Son tus hábitos, tu comportamiento, los que definen tu rumbo, tu destino. Por eso, entonces, si no te gusta la vida que llevas es, quizás, porque cultivaste algunos de estos hábitos tóxicos:

1.- Rodearte mal. Aquella frase de “Eres el resultado del promedio de las cinco personas con las pasas más tiempo”, del empresario estadounidense Jim Rohn, es cierta. Nunca podrás avanzar si estás anclado por los mensajes negativos de tus familiares y amigos, si estás aferrado al pasado y no puedes soltar. El primer paso para comenzar a avanzar es liberarte de la cargas que te lastra.

2.- Hacer algo que no amas. Y que no disfrutas. Aunque ganes buen dinero, en algún momento te darás cuenta de que no eres feliz, de que tu vida está vacía, de que necesitas más para darle sentido a tu vida. La clave radica en que aquello a lo que te dedicas esté conectado con lo que te apasiona, de tal manera que deje de ser un trabajo y se convierta más bien en un propósito.

3.- Lo quieres controlar todo. No puedes, por fortuna, no puedes controlarlo todo. Porque de esa manera tendrías un vida monótona, aburrida, sin sentido. Aunque quieras, no vas a cambiar el mundo, no vas a cambiar a otros. Sin embargo, si te enfocas en dar lo mejor de ti mismo te vas a dar cuenta de tu propio mundo es mejor y eso, te lo aseguro, inspirará y motivará a otros.

4.- El bendito perfeccionismo. Nos infundieron tanto miedo al error, al fracaso, que nos fuimos al otro extremo, que es igual de vicioso (o peor). La obsesión por hacer todo perfecto solo te llevará a estar inconforme siempre, a no valorar lo que tienes y lo que logras, a estar insatisfecho a pesar de que estés donde quieres estar. Y, además, no disfrutarás el proceso y vivirás amargado.

5.- El bendito qué dirán. Esta es una de las creencias más limitantes porque nos educaron para pedir la aprobación de otros, para depender de otros. El miedo al qué dirán los demás es el freno a tus sueños, porque no tendrás confianza en ti, porque elegirás no hacer nada con tal de evitar una crítica. Aprende algo: siempre te criticarán, siempre te envidiarán, así fracases o tengas éxito.

6.- Vivir en función de otros. Está bien que te preocupes por los demás, que atiendas a quienes amas y te interesan. Sin embargo, no puedes olvidar que cada uno tiene su vida y que, por más que te esfuerces, se equivocarán, sufrirán y tendrán problemas. Este mal hábito consume esa energía que necesitas para cumplir tus sueños, así que no la malgastes en problemas ajenos.

7.- Ayudar a quien no te necesita. Este es un clásico problema de los emprendedores, que creemos que nuestro producto o servicio es para todo el mundo y que los demás lo deben aceptar porque les conviene. Y no es así. Aprende que muchas personas, por mal que estén, no quieren tu ayuda, no la necesitan (no en ese momento, al menos). No entres en una vida a la cual no fuiste invitado.

8.- Anclarte en el pasado. El desapego es uno de los aprendizajes más difíciles de adquirir porque, como lo mencioné antes, nos enseñan a depender de otros. entonces, vivimos en función de una exnovia, de una empresa en la que ya no trabajamos, de una persona que ya no está, de un hecho que nos marcó. Si estás obsesionado con el pasado, si no lo sueltas, jamás podrás avanzar.

9.- No saber decir no. Otro mal hábito de los emprendedores. Como siempre estamos en la búsqueda de nuevos clientes, nos cuesta decir no y, entonces, terminamos metidos en camisa de 11 varas. Y después lo lamentamos, por supuesto, y nos cuesta tiempo y dinero, energías que desperdiciamos y, lo peor, otros buenos clientes a los que no supimos atender en su momento.

10.- No tener vida propia. La falta de equilibrio entre la vida personal y la laboral es la madre de todos tus males, de tus malos hábitos, de tus acciones negativas, de tus decisiones equivocadas. Descansa, haz lo que te gusta, pasa tiempo solo, practica algún deporte, involúcrate en alguna labor de voluntariado, come sin remordimientos. Se vive una sola vez, así que ¡disfrútala!

No importa en qué momento te encuentres: si estás en la cresta de la ola, debes saber que en algún momento descenderás de ella y tendrás que lidiar con alguna tormenta. Si estás en la mala hora, debes saber que ese no es el punto final, que no es tu destino, siempre y cuando hagas lo necesario para salir de allí. Recuerda: tu vida es única y exclusivamente la que tú eliges.

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