Ser perfeccionista no es malo: así debes canalizar tu necesidad de controlarlo todo para que potencie tu éxito, según una terapeuta

La terapeuta Katherine Morgan Schafler por fin lo tenía todo como quería.

Estaba felizmente casada, tenía una exitosa consulta y trabajaba como terapeuta in situ para Google. Entonces le diagnosticaron un cáncer.

El cáncer que padecía Schafler tenía una tasa de éxito del 95%. Aun así, se negó a llamar a la enfermedad por su nombre y, en su lugar, lo calificó de «trastorno». Su círculo más cercano le rogó que descansara, pero a ella le preocupaba que descansar significara renunciar a su perfecta vida.

«No me di cuenta de lo mucho que controlaba cada detalle de mi vida hasta que todo se vino abajo y tuve que frenar en seco», explica Schafler a Business Insider.

Afirma haberse sentido víctima de su propia búsqueda de la perfección, al igual que muchos de sus clientes, y decidió escribir un libro sobre ello.

En The Perfectionist’s Guide to Losing Control (La guía del perfeccionista para perder el control), que salió a la venta el 17 de enero, Schafler afirma que las mujeres suelen sentir vergüenza, culpa e insatisfacción cuando aspiran al perfeccionismo, pero no lo consiguen. En lugar de eso, deberían tener autocompasión y entender por qué se esfuerzan por tener el control.

En última instancia, la terapeuta considera que el afán de perfección de una mujer es un intento de sentir que puede con todo en un mundo que está pendiente de todos sus movimientos.

Una persona que es perfeccionista y que necesita tener el control de todo lo manifiesta en sus relaciones personales, en el trabajo y en la forma de pensar y actuar, afirma. Dado estos comportamientos se intensifican en varios ámbitos de su vida, Schafler ha clasificado a 5 «tipos» de mujeres que necesitan tener el control, basándose en sus 13 años de trabajo terapéutico.

Estos son los 5 tipos de mujeres perfeccionistas

En su libro, Schafler explica las motivaciones de cada tipo de comportamiento perfeccionista y cómo se pueden transformar en cualidades útiles y que, si no se controlan, pueden conducir a un perfeccionismo malsano.

Con ello, Schafler quiere que las mujeres se sientan comprendidas, capacitadas para convertir una potencial obsesión por el control en algo que las lleve al éxito sin que tengan que sentir vergüenza.

Alguien puede tener varias características de los diferentes tipos, que son:

  • La perfeccionista clásica valora la autodisciplina, la coherencia y la estructura, por lo que comparte abiertamente sus preferencias con los demás, aunque en algunas ocasiones puede parecer rígida, cuadriculada o sin capacidad de cambiar de opinión. Actúa así porque quieren dejar claro lo que piensa que es la mejor manera de hacer las cosas. Es detallista y fiable.
  • La perfeccionista parisina se preocupa mucho por caer bien a los demás aunque sea superficialmente, de esta manera se siente mejor consigo misma y siente que no tiene problemas con nadie, escribe Schafler. Se implica emocionalmente mucho más que el resto de personas, y además quiere que su afán de conexión parezca natural para protegerse de la decepción o el dolor. Ofrece mucha empatía a quienes les rodean.
  • La perfeccionista procrastinadora intenta evitar los sentimientos de pérdida. Les cuesta empezar cosas nuevas, ya sea un proyecto, el trabajo de sus sueños o incluso una cita, porque le preocupa cómo cambiarán las cosas una vez que lo hagan. Esto se debe a que está en su zona de confort, donde pueden controlar todo lo que pasa, y salir de él puede provocarle ansiedad por perder ese control. También se abaten cuando ven que otros persiguen cosas que ella quiere experimentar, y pueden aborrecerse a sí misma por su parálisis. Sin embargo, es experta en prepararse, tiene un gran control de los impulsos y considera las situaciones desde todos los ángulos.
  • La perfeccionista desordenada siente emoción al empezar algo nuevo, pero a menudo tiene problemas para terminar los proyectos. Tiende a hacer caso omiso de las limitaciones del mundo real, como el tiempo y el dinero, y favorecen la creencia de que pueden hacerlo todo a la vez siempre que se guíen por el optimismo. Cuando fracasa en algo o no lo termina, se culpan a sí misma y asume que se debe a un defecto de carácter. Está llena de ideas, es muy adaptable y se muestra entusiasta —que no ansiosa—, ante los nuevos comienzos.
  • La perfeccionista intensa siente la necesidad de lograr su resultado ideal, ya sea subir a un avión sin problemas o alcanzar un objetivo profesional autoimpuesto. Considera que su visión es la definitiva y no les importa resultar antipáticos a los demás. Puede tener problemas para controlar emociones como la ira cuando las cosas no salen como había previsto. Posee un enfoque muy preciso y puede ser directa con los demás.

Cómo controlar los comportamientos de los diferentes tipos de perfeccionistas

Al conocer qué tipo de perfeccionismo se tiene o qué características se comparten con cada uno de los perfiles (que se puede averiguar con un cuestionario), se puede entender cómo ciertas formas de pensar y ciertos comportamientos ayudan o perjudican, asegura Schafler.

Por ejemplo, si eres una perfeccionista procrastinadora, puede que pospongas algo como mudarte a una nueva ciudad. Eres muy consciente de que necesitas un cambio en tu vida para crecer, pero cuando empiezas a buscar apartamento y ves que es algo real, te paralizas, sabiendo qué pasar a la acción también conllevará muchas complicaciones y cosas por las que no quieres pasar.

Cuando un perfeccionista procrastinador se da cuenta de que este es el origen de su comportamiento, puede trabajar para cambiar su forma de pensar: «Si bien el cambio implica una pérdida y otros retos, no cambiar implica una pérdida mucho más profunda», escribe Schafler.

Pero no importa qué tipo de perfeccionista seas, hay algunas herramientas universales que pueden guiarte hacia una relación más sana con tu tendencia a controlarlo todo y que sea perfecto. Para manejar mejor el perfeccionismo de forma que aporte satisfacción y alegría, y no vergüenza y culpabilidad, Schafler recomienda separar lo que es el valor y el rendimiento. 

La terapeuta señala que todos los perfeccionistas actúan en ciclos de autocastigo en los que repiten un comportamiento para reprenderse a sí mismos por «arruinar» una situación.

Cuando empiezas a creer que eres merecedor de las cosas que deseas, como una relación amorosa exitosa, un proyecto terminado o simplemente la felicidad, es menos probable que entres en una espiral de autocrítica cuando cometes un error o experimentas un rechazo, según Schafler.

Para ponerlo en práctica, Schafler aconseja pensar en quién eras hace 5 años y en todo lo que has conseguido desde entonces y celebrar tu perseverancia sin importar en qué punto del camino te encuentres.

Mientras Schafler escribía su libro, por ejemplo, compró adornos para la celebración de la publicación y saboreó sus esfuerzos junto a su hija de 3 años y su marido. Todo lo que tenía era un documento de Word inacabado, pero la celebración fue suficiente para seguir adelante hasta que el libro estuvo (casi) perfecto.

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