Hechizos y conjuros para forrarse en YouTube: los tarotistas ‘streamers’ ganan más dinero con los ‘super chats’ de sus directos que Ibai, Willyrex o DjMaRiiO

La inversión es mínima. Una cámara que apunta en un plano fijo, una mesa, una baraja de cartas del tarot y un fondo con flores y una figura religiosa. Nada más.

El pasado 9 de junio, el canal de YouTube Arlette Hechizos emitió en directo una sesión de tarot en la que, como de costumbre, hubo un poco de todo, desde lecturas del futuro más o menos convencionales a través de las cartas hasta supuestas conexiones con los ancestros.

Desde el comienzo de la sesión, la tarotista avisa: son tantas las preguntas que le han llegado, que no hay espacio para más en la hora y media que va a durar la sesión.

Quien quiera hacer una consulta a los astros, por tanto, debe o bien esperar a la siguiente sesión o bien formular una sola pregunta por vía urgente, lo que equivale a pagar 50 euros a cambio de poder escribir en el chat del directo con su cuestión inaplazable.

En realidad, el método de pago es siempre ese, lo que en YouTube se conoce como super chats (super comentarios), una herramienta pensada para que los seguidores de los canales puedan, a cambio de un módico precio, acceder al panel de comentarios de sus creadores de contenido favoritos.

Las tarifas de Arlette Hechizos no pueden estar más claras.

A los 50 euros de las consultas urgentes cabe añadir los 20 euros que cuesta poner una vela con una petición, los 20 que cuesta también el hechizo de amarre para un amor absoluto y salvaje, los 50 que vale abrir los 12 caminos aprovechando que llega San Juan, los 50 que vale un pack mensual para limpiar magia negra y protegerse con magia blanca y los 100 euros de los rituales privados (150 por dos rituales).

El negocio no puede ir mejor. En 2021, según recoge la aplicación Playboard, Arlette Hechizos recaudó solo a través de YouTube más de 156.000 euros, lo que la convirtió en la youtuber que más dinero le sacó en España a los superchats.

No es un caso único. La número dos de la lista es la tarotista Gregoria Pérez Pérez, que obtuvo más de 105.000 euros durante 2021.

Muy atrás queda, por ejemplo, DjMaRiiO, el archiconocido creador de contenido que se ha hecho célebre por sus partidas al FIFA, o el mismísimo y legendario Willyrex.

En el caso de DjMaRiiO, las ganancias que logró vía el super chat de YouTube en 2021, según Playboard, fueron de casi 64.000 euros, apenas algo más de una tercera parte de lo conseguido por Arlette Hechizos. Y poco más de lo conseguido por el canal Eduardo Tarot Profesional y Ari Tarot, que se quedaron muy cerca de la simbólica barrera de los 50.000 euros.

Estos números llaman todavía más la atención cuando se observa el número de seguidores. Arlette Hechizos, por ejemplo, acumula cerca de 400.000, una cifra más que respetable que palidece, sin embargo, al compararse con los casi 8 millones de DjMaRiiO.

Lo mismo cabe decir de los más de 700.000 de Eduardo Tarot Profesional. Quien más seguidores acumula entre los primeros puestos en ganancias del super chat es Gregoria Pérez Pérez, con más de 1,5 millones de seguidores.

No son una legión, por tanto. Sin embargo, los seguidores del tarot en YouTube componen un público extremadamente fiel y, sobre todo, decididamente dispuesto a echarse la mano al bolsillo, sabedores de que los arcanos, por algún motivo que todavía no ha explicado ningún tarotista, solo trabajan en el más allá al son del dinero que se mueve en el más acá.

YouTube se lleva el 30% de los ingresos generados por los super chats, mientras que los creadores se quedan con el 70% restante.

Business Insider España se ha puesto en contacto con YouTube, pero la compañía ha declinado hacer cualquier tipo de comentario.



La Ley General de Medios: un salto forzado de la tele a la tablet

Para entender qué hacen tantos magos, hechiceras, brujos y adivinas tratando de abrirse paso a través de su canal de YouTube hay que remontarse algo más de 10 años, concretamente a 2010, año de la entrada en vigor de la Ley General de Medios, como se la conoció entonces.

Esta, en su artículo 7.2, dedicado a los derechos del menor, arrinconaba los programas dedicados al esoterismo a la franja horaria nocturna, es decir, de 10 de la noche a 7 de la mañana.

Lo hizo contemplando el hecho de que podían ser perjudiciales para los menores, aún a pesar de que estas prácticas son legales en España y están avaladas por la jurisprudencia, que considera que, quién da dinero a estos negocios lo hace sabiendo que venden un servicio, en el mejor de los casos, dudoso.

Así, los programas del tarot, que durante décadas pudieron emitirse en televisión a todas horas en canales consagrados casi en su totalidad a ellos, se vieron obligados a recluirse en la noche, un momento en el que el insomnio de algunos televidentes es un poderoso aliado, pero en el que la competencia es feroz.

Como consecuencia, surgieron personajes cada vez más extravagantes. 

Si en los 90 una túnica fue suficiente para hacer famoso a Rappel, la segunda década de los 2000 dio a Sandro Rey, un supuesto adivino que, forzado por las circunstancias, acostumbraba a salirse de las vaguedades con que la mayoría tratan de resolver las consultas para tratar de hacer adivinaciones algo más concretas.

Como cabía esperar, sus errores a la hora de tratar de adivinar cosas como las enfermedades o el estado civil de algunos de los que le llamaban (y sus consiguientes enfados con los clientes, como si fuese culpa de ellos que él no adivinara) lo dejaron en evidencia más de una vez.

Aunque aún hoy es posible encontrar en la parrilla de televisión programas dedicados al tarot, los grandes canales fueron encontrando poco a poco maneras más rentables de ocupar las madrugadas como los juegos de azar o la teletienda. Y sin el escaparate televisivo, los brujos optaron por llevarse su magia a las nuevas plataformas que estaban en auge.

Se trata de una evolución que no sorprende demasiado a José Miguel Mulet, profesor de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, divulgador científico y una de las personas que más ha alzado la voz en los últimos años contra el peligro que representa la difusión de las pseudociencias, el espiritismo, el ocultismo y todo saber no sustentado por la ciencia.

«Siempre se han adaptado. Hace años, en cualquier revista la mayor parte de la publicidad eran números de tarificación especial para llamar al tarot, y no digamos ya en revistas dedicadas a lo esotérico como Año 0 y cosas así», explica el experto por teléfono a Business Insider España.

«Estos negocios aprovechan muy bien momentos de crisis económica y crisis social, momentos en que la gente tiene apuros con el dinero y además se siente sola. En situaciones así, la gente busca certezas y está dispuesta a pagar con tal de escuchar lo que quieren escuchar».

Es el primer paso de lo que se conoce en ciencia como Efecto Forer o Efecto Barnum, un fenómeno psicológico en el que una persona se va convenciendo poco a poco de que un interlocutor tiene poderes supuestamente adivinatorios.

El proceso no es especialmente complejo. Mediante vaguedades que se podrían atribuir prácticamente a cualquiera y que reciben el nombre de declaraciones Barnum, el supuesto adivino va convenciendo a la persona de que puede ver más allá de lo que se ve.

Muchas de estas afirmaciones nacen la propia condición humana: todo el mundo se ha sentido triste o solo alguna vez. Otras, de lo obvio: quien llama preguntando si va a encontrar trabajo está también preocupado por el dinero. Unas últimas, de la observación: si alguien tiene las uñas amarillas, eso quiere decir que fuma, y una persona que fuma y es mayor debe cuidar su salud.

Los tarotistas fían su sustento en su capacidad de afinar estas declaraciones Barnum con arreglo a la información que el cliente les va dando sin querer.

«Al final, la mayoría de las veces la llamada se va a resumir en que las cosas van mal, pero irán mejor», afirma Mulet, que ofrece además una clave para distinguir a quien tienes poderes sobrenaturales y es capaz de ver el futuro de quien no los tiene.

«Animo a cualquiera a que les pregunten por el número de la lotería de mañana. Si no lo saben, ¡vaya adivinos! Si de verdad existiera una persona que viera el futuro, llevaría traje y corbata, no un turbante, y estaría en Wall Street forrándose moviendo acciones. Eso es seguro».

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