La ley de la atracción: rodéate de quien te aporta para enriquecer tu talento

El talento se enriquece rodeándote de personas que te aportan. De hecho, es un pez que se come la cola: cuando enseñas tus valores y talentos, atraes a gente a la que aportas y que también te puede aportar mucho, muchísimo. Es la ley de la atracción. Diría que al final, este sentimiento de comunidad y de networking, de crear una red valiosa de gente de la que aprendes cada día, es de las mejores cosas que puedes hacer para tener una vida plena y satisfactoria. La red es uno de los activos de la Marca Personal, pero por mucho que haya que desarrollarla estratégicamente para el éxito, no olvidemos que la Marca Personal sólo es un medio, siendo el verdadero fin al que debemos aspirar alcanzar la realización y promover la felicidad.

A finales de junio mi hija Valeria se graduó del colegio de primaria. En la ceremonia de la graduación un montón de niños y niñas que cerraban una etapa miraban expectantes hacia el futuro. En esas edades, cuando tienes toda la vida por delante, todo es emocionante y todo es posible.

Tuve el honor de ser invitada a compartir unas palabras junto con Maria Eugenia Gay, Delegada del Gobierno en Cataluña y Helena Torras, Inversora y Mentora de Start-ups, ambas queridas amigas y madres también de ese colegio. En mi caso me quise central en el papel fundamental que tienen los amigos y compañeros en la creación del carácter.



Siempre he creído importante rodearte de quienes aportan valor y nuevos conocimientos, aunque sean distintos a ti. Son las relaciones -algunas cómodas, otras retadoras- las que nos ayudarán a confiar en nosotros mismos y también a abrir puertas, a superar obstáculos, a sacar lo mejor de nosotros, a aprender y a conocernos más. Por eso mi discurso trató sobre ello y quisiera compartirlo con vosotros a continuación:

Uno los primeros recuerdos que tengo del colegio es el olor de la goma de borrar Milán. También la emoción de cuando pasé del lápiz al boli, señal de que los profes me veían “suficientemente mayor”. Y de estar con 4 años en los columpios del patio jugando con mi amiga Cinta.

A Cinta le llamaban la atención cosas que a mí no, como las ranas o las hojas de los árboles. Cuando eres pequeña solo  percibes que hay diferencia de intereses, pero no sabes el por qué. Se hace más visible cuando creces. Yo estudié letras y ella ciencias. Cinta me hablaba de su pasión por la biología y la química y yo de lo que aprendía en historia del arte y literatura. No siempre nos entendíamos.

Cinta me enseñó que había música que no sonaba en los 40 principales de la radio. Con ella descubrí a los Smith y canté la primera canción de The Cure. Cuando se cambió de colegio seguimos viéndonos. Hoy Cinta es profesora de ciencia y tecnología en Alicante y seguimos en contacto.

También quiero hablaros de otra amiga del colegio. Se llama Pilar. Juntas fuimos “multi-emprendedoras”. Convencimos a las monjas del colegio para que nos permitieran vender bollos a nuestros compañeros en el patio. Los comprábamos en una panadería y los revendíamos. Financiamos nuestro de viaje de estudios montando una compañía de teatro con alumnos de otro colegio. También nos atrevimos como periodistas y editamos nuestro propio periódico durante dos años. Siempre he pensado que jamás me hubiera embarcado en ninguna de estas aventuras sin ella. Pilar vive ahora en Bélgica y seguimos siendo muy amigas.

Hoy yo trabajo ayudando a la gente a encontrar su talento, a descubrir en qué son buenas para que puedan brillar con toda su fuerza. Y a pesar de ser una trabajo “de letras” me siento muy cerca de las ciencias, de las que cada día leo algo. También os contaré que estoy montando mi segunda empresa, Innero Personal Brands, para impulsar las carreras profesionales a través de soluciones innovadoras.

Tras toda esta historia ahora viene lo importante: en el colegio no solo se aprende de las lecciones de clase y de los profesores. También se aprende mucho de los amigos y compañeros. Os animo a que cuidéis las relaciones. Encontrad a esos amigos y amigas que os abren a mundos diferentes y con las que encuentras alguien en quien embarcarte en mil aventuras.

Si no, pensad, ¿qué hubiera sido De Harry Potter sin Ron ni Hermion? ¿De Nobita sin Doraemon?

Es crucial en todas las edades cuidar las amistades, la familia y las relaciones en general. Los beneficios de contar con una red social de apoyo emocional y estímulo intelectual han sido estudiadas y demostradas ampliamente. Más como siempre, una cosa es saber cómo funciona, y otra cosa hacerlo funcionar. Es necesario dedicarles tiempo, explorar personas y puntos de vista diferentes, colocarse en situaciones de incomodidad saliendo del A-B-C de la cotidianedad. La soledad puede ser deprimente, pero no estresa. La convivencia social alegra, y a la vez requiere un esfuerzo de empatía y generosidad que puede llegar a estresar.

Yo no sé vosotros, pero tras la reclusión de la pandemia he observado a mi alrededor una cierta pereza social, la tendencia a la soledad y la impaciencia con los demás. Pero a la vez del repunte de libros y contenidos sobre «la gente que son tóxica», con consejos sobre «apártate de quién te quita las energías»  también ha surgido una contra-ola defendiendo todo lo contrario, con esos consejos tan optimistas de «busca y rodéate de las personas vitamina».

Quizá es el momento de revisar quién nos aporta y a quién es mejor apartar, pero mi recomendación es que no sea nunca para escudarnos en el aislamiento y la soledad. Porque el talento es un concepto social, y por lo tanto necesita a las personas para que sea real.

Arancha Ruiz

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