Producto. Si no hay Demanda, genera Oferta

Antes de empezar a trabajar como profesional libre, hubo dos ocasiones en mis quince años como “cuentajenado” en las que me quedé sin empleo. En ambos casos se debió a la situación de crisis que pasaba el país o la empresa y no a un problema con mi trabajo. Pero eso no lo hizo más agradable.

En la primera ocasión, a principios de los 90, trabajaba en REPSOL y se suponía que ahí me jubilaría. Pero las cosas ya no eran como con nuestros padres y los trabajos “para toda la vida” estaban desapareciendo a pasos agigantados. Pero yo era todavía muy joven y no supuso ningún trauma.

La segunda ocasión, en 2004, fue la que me dio el empujón definitivo para decidir no volver a buscar un empleo y hacer lo posible para ganarme la vida de otra manera menos encorsetada.

Cuando pregunto a mis alumnos sobre lo que más me preocupaba en esos momentos en los que te ves fuera de lo que llevabas años realizando, aquellos que nunca han tenido un empleo me hablan de cosas como la autoestima, la preocupación por la búsqueda de otro empleo o cualquier otra cuestión relacionada con cosas mentales.

No digo que eso no ocurra o que no sea importante. Pero lo que realmente te obsesiona es algo más material y pragmático, me refiero a ¿Cómo voy a conseguir ingresos para pagar la hipoteca, el colegio o la luz?

La respuesta sencilla y la que recibo normalmente es, buscar otro empleo (Punto). Y no digo que no sea una opción, lo que tengo claro es que no es ni la ÚNICA ni la mejor opción. Especialmente cuando ya tienes una edad y experiencia.



No seas un extraterrestre de Toy Story

No sé si es una cuestión cultural, pero lo cierto es que, el hecho de plantear que existe vida más allá del contrato ¿fijo? a alguien que está en el paro o, algo peor, que tiene un empleo, genera dudas o incluso rechazo.

Comentarios como, “es que yo no soy emprendedor”, “es muy peligroso poner en marcha un negocio” o “ser autónomo es muy complicado”, son el pan de cada día. Y eso lo dicen personas que llevan semanas, meses o años esperando encontrar un empleo o sufriendo en el que tienen actualmente.

El problema del empleo es que cada día es más escaso y peor. Pero aún así, muchos siguen comportándose como los extraterrestres verdes de Toy Story esperando que venga “El gancho” a salvarles y llevarles a una vida mejor.

Déjame que te diga una cosa. Cuando empecé a trabajar en REPSOL y durante los quince años siguientes, ni se me pasó por la cabeza otra cosa que tener una nómina. Hasta que te das cuenta de que, en realidad, uno no nace EMPLEADO, DESEMPLEADO, AUTÓNOMO o FUNCIONARIO, sino que somos PROFESIONALES que debemos preocuparnos de vender nuestro trabajo independientemente del tipo de relación que tengamos con nuestro CLIENTE.

Si no hay Demanda, genera Oferta

Supongo que todos tenemos nuestra forma de entender la vida y cada cual tiene sus preferencias y manías. Yo, por un lado, detesto que me digan lo que tengo que hacer y, por otro, no me siento cómodo si no tengo cierto control sobre las cosas. Soy consciente de que ambas cosas son imposibles de conseguir al cien por cien, pero me facilita las decisiones cuando me hacen una propuesta.

Ojo, no digo que todo el mundo deba trabajar por su cuenta, lo que propongo es que no limites tus opciones a una única situación laboral. La gran cuestión es, “lo que hago para este jefe o empresa ¿podría hacerlo por mi cuenta?” o algo mejor “¿Hay algo que no esté haciendo y que, además de saber hacerlo, me encantaría hacer y cobrar por ello?”

Lo que te estoy diciendo es que si no hay demanda (empleo) o este es penoso o te va a hacer perderte la vida en lugar de ganártela, deberías pensar en buscar fuentes alternativas de ingresos, lo que yo llamo Proyectos Paralelos. Es más, ni siquiera te estoy proponiendo que dejes tu trabajo actual o que montes un negocio con toda su parafernalia. Lo que te estoy diciendo es que te atrevas a hacer, desarrollar o crear tu propia oferta. De momento para ir aprendiendo y perdiendo el miedo y más adelante para diversificar tus fuentes de ingresos.

De Servicio a Producto y Viceversa

Hoy puedes convertir tus ideas y tus cualidades en algo monetizable. No te estoy proponiendo que montes una oficina en el centro y que, antes de empezar ya estés endeudado. Lo que te digo es que descubras lo que la gente quiere (problemas, mejoras, trabajos) y que tu puedes ofrecer.

Se trata de convertir tus Servicios (lo que haces en un empleo) en Productos (algo vendible). Como han hecho siempre los músicos (conciertos a CDs o ahora a mp3). O al revés, los Productos en Servicios. Y, por supuesto, también tienes la opción de pasar de ofrecer tus Servicios (trabajo) de uno a muchos.

Lo que te quiero decir es que las cosas están cambiando y no necesariamente a peor si sabes aprovechar las oportunidades. Creo que nos estamos liberando (la libertad es otra de las cosas que me guían) de depender de estructuras que no controlamos y se nos abren puertas para utilizar y monetizar nuestras ideas y cualidades.

Si eres de los que en este momento estás pensando cosas como, “esto no va conmigo”, “no todo el mundo sirve para esto que cuentas” o “Andrés es que tu has tenido mucha suerte”, el que te desea suerte soy yo, porque la vas a necesitar.

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