Ante los problemas, ¿eres como el roble o como la espiga?

Es una contradicción, porque significa ir en contra de la esencia de la vida. ¿A qué me refiero? A que a los seres humanos, a prácticamente todos, nos incomoda darnos cuenta de que la vida nos pone a prueba. Lo hace de muchas formas, incluidas algunas que son dolorosas, que se antojan injustas, que más que una huella, nos dejan una cicatriz. Sin embargo, es algo inevitable.

Lo peor, como dice el dicho, es que “al que no quiere sopa, le dan dos tazas”. ¿Entiendes? La vida nos pone a prueba todos los días, sin excepción, en diversos ámbitos. Pruebas sencillas unas, comprometedoras otras. Fáciles de superar, unas, indescifrables y aleccionadoras las otras. En lo laboral, en lo personal, en lo sentimental, pruebas destinadas a ayudarnos a forjar el carácter.

Por supuesto, las pruebas son más frecuentes en función de lo que haces, de aquello a lo que te dedicas. Por ejemplo, si eres un emprendedor, necesitas desarrollar habilidades como paciencia, tolerancia, escucha activa y prudencia (entre otras) para lidiar con tus clientes. Que son diversos, que nunca te la ponen fácil, que llegan a ti con expectativas muy elevadas, con grandes urgencias.

Cada cliente y cada proyecto significan una prueba. El resultado está determinado por la forma en que asumimos cada uno de esos momentos, por nuestra actitud. Cuando te enfrentas a una situación adversa, ¿ves un problema o una oportunidad? ¿Una dificultad o un aprendizaje? No es un tema menor, déjame decírtelo, porque para muchos, más bien, es un obstáculo insalvable.



A lo largo de casi 25 años en el mundo de los negocios, dentro y fuera de internet, he conocido a miles de personas muy valiosas. Personas con gran conocimiento, con amplia experiencia, con un propósito muy fuerte, con vocación de servicio. Sin embargo, personas que no logran cristalizar sus sueños, que no logran sus objetivos, que se frustran y tiran la toalla a mitad del camino.

¿Por qué? Porque se dejaron vencer por las dificultades, porque fueron inferiores a los retos que la vida les impuso, porque no tuvieron la capacidad para sortear las pruebas que aparecieron en su camino. Una de las razones es que se dejaron llevar por las emociones y eligieron una opción equivocada o, por otro lado, que se resistieron, dieron la batalla, pero al final la perdieron.

Una de las asignaturas que todo emprendedor debe aprobar, sin falta y ojalá con nota sobresaliente, es la de aprender a adaptarse a las circunstancias, a las condiciones de cada momento, al reto que supone cada cliente, cada proyecto. Eso significa que debemos ser una especie de camaleones que nos transformamos permanentemente, que evolucionamos.

Esa capacidad de adaptación, créeme, se aprende y se desarrolla. Para algunas personas es más fácil, mientras que para otras es una prueba insuperable. Lo primero es entender que no se trata de una confabulación del universo en tu contra, que no hay enemigos que se cebaron contigo, que no eres víctima de una conspiración de la competencia. Simplemente, es la dinámica de los negocios.

En principio, cuando comenzamos nuestra aventura como emprendedores, prácticamente todos somos reacios a aceptar y entender estas circunstancias cambiantes y retadoras, adversas. Y no hay demasiadas opciones: aprendes o fracasas. Así de sencillo. Más en estos tiempos modernos en los que la tecnología y, en especial, los hábitos y los gustos del consumidor cambian con rapidez.

El problema, porque siempre hay un problema, es que cada vez es más frecuente escuchar a emprendedores, tanto novatos como experimentados, relatar historias de resistencia al cambio. Es algo natural en el ser humano, pero también algo que está a nuestro alcance modificarla, todos estamos en capacidad de aprender a adaptarnos a las circunstancias, a sacar provecho de ellas.

Cuando alguna de estas personas acude a mí en busca de ayuda me gusta comentarles acerca de la metáfora del roble y la espiga. ¿La conoces? Es aquel texto inspirador que nos habla acerca de la necesidad de desarrollar la habilidad de la flexibilidad, en especial de la mentalidad, y convertirla en una fortaleza, en una aliada. Es un recurso de la sicología que se aplica a todos los ámbitos de la vida.

“Cuenta la leyenda que una vez un hermoso y fuerte roble se vanagloriaba de su poder y fortaleza y con ello se burlaba de la espiga diciendo ‘yo soy grande y tengo poderosas ramas. ¡Qué pequeño e insignificante eres!’. A la espiga no le molestaban estas palabras, pero sí le entristecía la vanidad del roble. Una noche, de manera inesperada, llegó la tormenta, azotando con sus fuertes vientos todo a su paso.

El roble ofreció toda la resistencia que pudo, intentando vencer a la tormenta con la fortaleza que sabía poseía. Mientras que la espiga, sabiamente, se movía con la dirección del viento, de manera flexible. Al día siguiente, estaba el roble destrozado, arrancado de raíz y, por el contrario, la espiga había salido ilesa ante la sorpresa del roble que no entendía cómo, siendo tan débil, había sobrevivido a la tormenta”.

Por la educación que nos brindan en la niñez y por el ejemplo que seguimos a lo largo de la vida, somos más roble que espiga. Es decir, asumimos una actitud negativa, a la defensiva, cuando las condiciones son distintas de las que esperamos, cuando aparecen las adversidades. Nos dejamos llevar por las emociones (que son malas consejeras) y terminamos pagando un alto precio.

La vida no es fácil, y no tiene por qué serlo. Además, aunque nos cueste trabajo aceptarlo, las dificultades son fruto de nuestros actos y decisiones, de decisiones equivocadas, de riesgos que asumimos y nos rebasaron. Esa es la realidad y lo sé porque lo he vivido, porque lo vivo cada día en mi trabajo como emprendedor. Todos enfrentamos dificultades y todos podemos superarlas.

Uno de los aprendizajes más valiosos que necesitamos incorporar, en especial los emprendedores, es aquel de ser flexibles ante las dificultades. No podemos pasarnos la vida reaccionando de modo instintivo, emocional. Eso, entiéndelo, solo nos trae problemas. Además, impide que percibamos lo positivo que encierra cada situación y, lo más importante, adquirir la lección que nos ofrece.

También es necesario que cambies la forma en que te hablas a ti mismo, los mensajes que le envías a tu mente. Seguramente sabes que actuamos en conformidad con lo que pensamos, con aquello en lo que creemos. Si siempre estás en modo negativo, si actúas de forma reactiva, si pierdes el control y se lo concedes a las emociones, los problemas serán la constante de tu vida.

La clave del éxito en la vida y los negocios no consiste, como creen muchos, en evitar los errores o en eludir los obstáculos. Más bien, se trata de enfrentarlos, superarlos y aprender el conocimiento valioso que incorporan para aplicarlo en las próximas experiencias. Por supuesto, requerimos una actitud positiva, una mentalidad abierta y, sobre todo, la capacidad para ser flexibles.

Todos los seres humanos, absolutamente todos, podemos desaprender ese conocimiento que ya no nos es útil o que, peor, nos resulta perjudicial, y sustituirlo por uno nuevo, útil y provechoso. No es un proceso fácil, sin duda, pero es posible. Así mismo, no es un proceso que debas cumplir en solitario: requieres la ayuda de quien ya pasó por esta situación y la superó con acierto.

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