¿Pararemos esta locura a tiempo?

En los últimos años, estamos viendo y padeciendo (como en muchos países se ha experimentado) un aumento de las tensiones políticas, que a su vez se trasladan a la sociedad, y que provocan una pérdida de confianza en los gobernantes y una mayor tensión social.

Esto genera un gran desafío y un peligroso escenario: una sociedad cada vez más dividida y politizada, en un entorno político cada vez más polarizado, en donde nadie escucha a nadie pero todos culpan y acusan a quienes no piensan igual. 

Pero si no podemos hablar y comunicarnos, si no podemos escucharnos para comprendernos, ¿cómo podemos superar nuestras diferencias y trabajar juntos para encontrar soluciones, resolver los problemas y construir un futuro mejor? 

1. ME PREGUNTO CUÁNTO TIEMPO MÁS PUEDE AGUANTAR LA SOCIEDAD ESTA RABIOSA POLARIDAD POLÍTICA QUE VIVIMOS EN LA ACTUALIDAD

 

Cuánto tiempo más van a seguir los políticos dividiendo el país, alimentando la hostilidad y la intolerancia con la estrategia de la acusación y degradación del otro.

Las políticas y los grupos identitarios en muchos casos excluyen o desprecian a los que no piensan como ellos, etiquetan a las personas para colocarlas en un bando. «No digas nada, ya sé cómo eres», así se elimina al individuo, se le deshumaniza y automáticamente todo el mundo reacciona y se comporta ante esa persona no como una persona, sino como a alguien de un grupo, con una ideología concreta y a quien se le ha juzgado de antemano. Así se crea la idea de nosotros contra ellos, los buenos contra los malos. 

No hay debate, sino discursos para imponer sus ideas a los demás; no hay conversación ni un intento de comprensión, nadie escucha, todos reclaman, exigen y culpan, creando así una mayor división y tensión en la sociedad, un conflicto que aumenta día a día, y cuyo clima se ve magnificado en las redes sociales, que son amplificadores de las emociones, las cuales son fácilmente manipulables. 

Es muy fácil crear rabia e indignación tocando nuestros aspectos morales

 

La manipulación de la información a través de la tecnología está provocando que saque la peor parte del ser humano, ya que nuestras emociones y nuestro comportamiento, aunque queramos creer lo contrario y neguemos la evidencia, son fácilmente manipulables. Basta con hacer click en nuestros botones emocionales. Es muy fácil crear rabia e indignación tocando nuestros aspectos morales, o simplemente mostrando información sesgada que hace reaccionar a las personas de forma compulsiva.

Cuando la prensa se pone de un lado, descuartiza la verdad para mostrar solo una parte, la más interesada y sesgada. Cuando cada medio muestra su visión de la verdad igualmente sesgada, el lenguaje que compartimos se vuelve incomprensible, porque ahí surgen los sesgos de confirmación, la tendencia automática a buscar información que confirme lo que ya creemos, lo cual nos hace ser más irracionales.

2. COMPARTIMOS UN IDIOMA EN COMÚN, PERO PARECE QUE SOMOS INCAPACES DE COMUNICARNOS

 

La verdad es condenada al silencio, se oculta y queda enterrada bajo montañas de egoísmo, intereses personales y miedos. Se crea un mundo dividido que se pelea consigo mismo y refleja la tensión con la que el ser humano vive en su interior. Así la desconfianza y la falsedad cubre de superficialidad el paisaje diario, y el abismo se abre frente a nosotros y entre nosotros. 

En ese escenario da la impresión que la política se ha convertido en un diálogo de sordos por decisión propia; eso sí, todos hablan, todos culpan al de al lado y todos exigen. ¿Hay alguien que escucha? Nadie quiere escuchar lo que el otro tiene que decir, al parecer están demasiado ocupados en culpar y denigrar al otro para sentirse superiores, y así la destrucción continua. Nadie se responsabiliza de nada, pero todos exigen responsabilidades a los demás. Es más fácil y más cómodo buscar un culpable que asumir algún tipo de responsabilidad.

Es el macabro juego de la nueva cultura de la acusación pública que genera el odio hacia el otro, las constantes disputas por cuestiones muchas veces irrelevantes, los permanentes reproches y culpas. ¿Alguien cree que esas actitudes, la rabia, la acusación y la intolerancia pueden solucionar algo? ¿Alguna vez maltratar, humillar y pisotear la dignidad de alguien ha traído algo bueno? Contundentemente ¡NO! Tan solo ha generado más resentimiento, odio y violencia.

Parece que muchos han olvidado o no quieren recordar lo que la historia ha demostrado tantas veces, el peligro que acarrea colocar etiquetas para catalogar y deshumanizar por pensar distinto, por ser de los otros. A estas alturas ya sabemos que en la vida se recoge lo que se siembra y no se puede recoger una buena cosecha sembrando odio, división e intolerancia.



En la sociedad se han abierto varios cráteres, o tal vez tengamos ya océanos de por medio que nos dividen, y cada uno desde su lado de la orilla se cree mejor que el otro; la incapacidad de escuchar o la nula voluntad de comprender a los demás está realmente erosionada. 

La gente es defensiva con lo que sabe, defienden sus opiniones como un territorio que otros quieren ocupar, se encierran tras las fronteras concebidas por sus creencias y convicciones,  así es imposible comprender a nadie, ni negociar, ni avanzar. Tal vez lo más importante sea descubrir nuestra propia ignorancia, lo que no sabemos y necesitamos aprender, porque si ya supiésemos, lo más probable es que nuestra vida sería mucho mejor.

3. LA INCONTINENCIA VERBAL PARECE SER OTRO DE LOS MALES ACTUALES

 

Todo el mundo parece tener opiniones sobre todo, aunque el tiempo que muchos dedican a reflexionar sobre las suyas propias es el mismo que el de un pedo: al parecer se les escapan las opiniones, o tal vez sus ciegas convicciones.

Un mínimo error, una palabra incorrecta llega a distorsionarse hasta convertirse en una guerra de gritos y acusaciones. Una sola palabra malinterpretada es suficiente para que algo irrelevante se convierta en transcendental, para que los despiadados vampiros de la crítica salgan a buscar sangre en búsqueda de una nueva víctima.

El nivel de ofensa ha caído tan bajo, la acusación y la denigración pública se ha elevado tanto, que muchos callan ante esta amenaza, callan por miedo a ser señalados, criticados y juzgados en esta cultura de la acusación pública, que parece ser la versión moderna del lapidamiento. Son muchos los que ocultan sus pensamientos, es el silencio provocado por el miedo al juicio social. 

La tiranía crece lentamente y nos pide que retrocedamos en pasos relativamente pequeños a la vez, pero cada paso atrás, cada silencio aumenta la posibilidad del siguiente avance tiránico. Así es como se crea el infierno en la tierra, esa es la lección del Holocausto, y también probablemente la mayor atrocidad de la historia, como fue el Archipiélago Gulag en la era de Stalin, el horror a través del silencio impuesto por el miedo. 

La línea que divide el bien y el mal atraviesa el corazón de todo ser humano. Aleksandr Solzhenitsyn.

Es una peligrosa realidad, un silencio que divide una sociedad, pero todo en la vida tiene consecuencias, tanto lo que hacemos como lo que no, tanto lo que decimos como lo que callamos, pero cuando callamos y toleramos lo intolerable, cuando justificamos lo injustificable, las consecuencias de la inacción son terroríficas, es el inicio de caos, como desgraciadamente se ha demostrado a lo largo de la historia, y porque la mente humana está preparada para el tribalismo.

Y mientras observamos el lamentable espectáculo de la política, las peleas de egos y de poder, más preocupados por las declaraciones, por culpar al de al lado, por controlar la información, más preocupados por lo que tienen que decir en vez de lo que tienen que hacer, esa tóxica cultura sigue abriendo el abismo de la división y la desesperación. 

Que nadie confunda la velocidad con el tocino. Aunque a estas alturas del artículo cada persona ya ha reaccionado de alguna manera, puede que visceral, tal vez ya me ha colocado en un bando, algo al parecer inevitable hoy en día debido a los sesgos cognitivos y de información (y esa es precisamente la raíz del problema), yo no hablo de un partido, hablo del terrible espectáculo de la política en general.

¿Quién sufre las consecuencias de todo esto? Los de siempre, los ciudadanos, las personas a las que supuestamente deben servir. Mientras, una buena parte de la sociedad, muchas familias, observan atemorizadas al borde del abismo, buscan esperanza, una visión de un futuro mejor, alguna nueva ilusión, algo en lo que creer, pero la respuesta es la cultura del miedo, palabras vacías, indiferencia, incompetencia, promesas incumplidas, pérdida de libertades y más control, supuestamente por nuestro propio bien…

Toda esta locura tiene que parar, porque esto no es un juego en el que alguien puede ganar (nadie lo hace) aunque los políticos inconscientemente (eso espero) estén jugando a ese juego. De hecho, sería realmente grave y más peligroso aún si cabe, porque significaría que todo vale, aunque eso conlleve arrasar con todo y destruir la propia sociedad.

Si queremos progresar y crear una sociedad mejor, tenemos que abrirnos a nuevas perspectivas y procurar comprender otros puntos de vista, debemos frenar nuestros instantáneos juicios morales, procurar comprender y atacar los problemas no a las personas.

4. ¿PODRÍAMOS INTENTAR PONERNOS DE ACUERDO EN QUE ESTAMOS DE ACUERDO? ¿QUÉ VALORES TENEMOS EN COMÚN? ¿QUÉ QUEREMOS LOGRAR? ¿QUÉ FUTURO QUEREMOS CONSTRUIR?

 

Si hay un objetivo común, una diana a la que apuntar, cabría la posibilidad de tener un debate y una discusión más sana o productiva para ver las formas, alternativas y  decisiones, para intentar construir y dirigirnos hacia ese futuro mejor que todos anhelamos 

Si queremos comprender el mundo, el comportamiento humano, si queremos mejorar pero nos enrocamos en lo que creemos sin escuchar, aniquilando la diversidad de ideas, nos caeremos hacia un lado y si todo cae a un lado extremo, independientemente del lado, la historia ha demostrado que los extremismos son el inicio del caos.

Como dijo el filósofo Bertrand Russell una de las cosas más dolorosas de nuestros días, es que aquellos que tienen las más absolutas certezas son los más estúpidos, y aquellos con algo de imaginación y comprensión, están llenos de dudas e indecisión

Es hora de dejar de mirar hacia fuera donde siempre podemos encontrar culpables, es lo fácil, siempre hay muchos disponibles a mano, o de buscar una idea simple que lo justifique todo, porque no la hay. Es hora y es deber de cada uno de nosotros mirar hacia dentro para encontrar comprensión y soluciones.

Ojalá que la vida fuese más fácil, pero ésta, el mundo, el ser humano y cada uno de nosotros somos algo realmente complejo que requiere profundizar para llegar a comprender muchos aspectos de la vida, de nosotros mismos y de las relaciones con los demás. 

Puedo estar equivocado, muy equivocado, no tengo razón, ni la necesito. En realidad ojalá que sea yo quien esté mal, muy mal. Espero y ojalá que sea solo yo quien ve esos peligros, ojalá que el mundo esté bien y sea yo quien vea las cosas distorsionadas, sería un gran alivio, ya que así no sería la sociedad la que tiene que cambiar, tan solo tendría que cambiar yo.

Javier Iriondo

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