Cómo convertirte en el mejor líder de tu negocio

“Se necesitan hombres para viaje peligroso. Salarios bajos, frío extremo, meses de completa oscuridad, peligro constante, retorno ileso dudoso. Honores y reconocimiento en caso de éxito”. 

Por sorprendente que parezca, a esta oferta publicada en el periódico The Times en 1914 por el explorador Ernest Shackleton, respondieron unas cinco mil personas. 

De ellas, se seleccionaron a 28. 

¿Para qué? 

Para atravesar a pie por primera vez el continente antártico, de extremo a extremo, a lo largo de 2800 km.

O al menos, intentarlo.  

Porque los planes iniciales no saldrían como Shackleton esperaba. 

De hecho, la expedición fue un fiasco: 

Al poco tiempo de llegar a la Antártida, el barco en el que viajaban se quedó atrapado en el hielo y no tardó mucho en acabar hundido por completo. 

Y no. No tenían otro de repuesto. 

Ahora imagínate tú estar en mitad de la Antártida y sin posibilidad de pedir ayuda de forma inmediata. 

Pues a pesar de la situación en la que la tripulación se encontraba, y contra todo pronóstico, Shackleton consiguió llevar de vuelta a casa a sus hombres sanos y salvos.

A todos. 

¿Cómo es posible que los 28 náufragos de la expedición sobrevivieran durante 2 años a las duras condiciones del continente antártico y volvieran vivos a Inglaterra? 

Después de mucho análisis, la conclusión es unánime: 

Por la gestión y el liderazgo que ejerció Shackleton desde el primer instante. 

Ahora verás.    

Fue capaz de mantener autoridad moral sobre la tripulación, transmitirles confianza en el futuro y adoptar las decisiones oportunas en los momentos críticos. 

Supo organizar, compartir las responsabilidades, motivar a sus hombres, reconocer sus necesidades, anticiparse a los hechos, dar instrucciones, delegar y, ante todo, mantener una actitud positiva que trascendió a todos los miembros. 

Y también supo infundir en sus hombres un rasgo esencial para vivir en situaciones extremas: la adaptabilidad. 

Así que los náufragos fueron desarrollando conductas nuevas ante los nuevos desafíos que se iban presentando cada día.

Todas estas cosas fueron determinantes para lograr algo increíble: convertir un fracaso en una hazaña épica de supervivencia.



Fíjate cómo sería que aún hoy se estudia en las Escuelas de Emprendedores como un modelo de liderazgo.

Y es que trasladado al mundo de los negocios, Shackleton dejó una huella interesante en lo que convierte a una persona en un gran líder. 

Estas son algunas: 

Un líder debe saber comunicarse con su equipo y tener habilidad para utilizar las palabras adecuadas en el momento preciso. 

También es necesario valorar positivamente la evolución de las personas, elogiar sus logros y reconocer su esfuerzo. 

Eso sin dejar de lado la importancia de saber guiarlas para mejorar aquellas conductas no deseadas para la consecución de los objetivos del negocio. 

Mira. 

Creo que no me equivoco si afirmo que todos sabemos identificar a un buen líder. 

Sin embargo, no siempre resulta sencillo convertirse en uno. 

Y menos cuando das tus primeros pasos en la gestión de equipos. 

Pero, como todo en esta vida, a liderar se aprende. 

De modo que tú también puedes convertirte en un auténtico Shackleton de tu negocio. 

¿Cómo? 

Hay dos vías. 

La compleja: experimentar por tu cuenta y aprender a base de prueba y error. 

Además de compleja es larga y, a menudo, frustrante. 

Pero hay otro camino. 

Es más agradable, divertido y efectivo. 

Es el método que yo mismo uso en mi empresa día a día y que enseño a mis alumnos en mis mentorías.

En poco tiempo, son capaces de formar los equipos perfectos que necesitan para conseguir sus objetivos y se convierten ellos mismos en líderes de éxito. 

1 fuerte abrazo,
Franck “Expedición de liderazgo” Scipion

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