¿Conoces la ley de la causa-efecto?

Nuestro universo se rige por una serie de leyes que todos y cada uno de nosotros deberíamos conocer si de verdad estamos dispuestos a disfrutar de la abundancia que nos ofrece. Hoy te queremos hablar de una de ellas: la ley de la causa-efecto.

Lo primero que debes saber es que cualquier cosa que experimentas en la vida es un resultado. Dicho en otras palabras: cualquier acontecimiento de la vida está causado por algo. Es posible que haya sido originado por diferentes causas o que desconozcas la causa pero lo cierto es que lo que ocurre en la vida ha sido originado por una o varias causas. Normalmente por varias.

Es posible que no seas capaz de relacionar los resultados que experimentas en tu vida con sus causas y por tanto quizá hayas decidido, arbitrariamente, que no existe correlación. En ese caso vivirás en la fantasía de que habitas un mundo regido por principios mágicos, donde suceden acontecimientos sin causa que las genere. Es posible que no establezcas la correspondencia porque haya transcurrido demasiado tiempo entre las causas y su manifestación. También puede suceder que un efecto sea consecuencia de causas diferentes y no seas capaz de establecer una relación entre ellas.

Cuando experimentas un resultado como la incapacidad para afrontar deudas contraídas, la falta de dinero para disfrutar del estilo de vida que tanto deseas, la ausencia de una pareja con la que compartir una vida plena, un problema de salud que se repite una y otra vez… La primera reacción natural es buscar las causas.

Y el drama está servido cuando no eres capaz de relacionar las unas con las otras. Por un lado experimentas dolor, desesperación, fatiga… Y, si no eres capaz de establecer una relación con la causa que generó esa consecuencia, sufrirás confusión.

Y de esta manera solemos concluir que la escasez, ya sea económica o de cualquier otro tipo, está presente en nuestra vida sin que hayamos hecho nada para que aparezca o sin que podamos hacer algo para revertir esa situación. Seguimos creyendo en las chisteras y en los conejos que aparecen sin causa. Seguimos creyendo en que puede haber efectos sin causas.

Pero nada más lejos de la realidad…

Efectivamente, tu estado económico es un resultado, tu felicidad es un resultado, tu salud es un resultado, las relaciones que tienes son un resultado.

Posiblemente, uno de los principales retos que enfrentes cada vez que deseas cambiar algo en tu vida es que aunque deseas el resultado no estás dispuesto a protagonizar un cambio sobre la causa que lo genera o que no seas capaz de identificar cuál es la causa.

Los seres humanos tenemos cierta inclinación por incidir en el efecto antes que en la causa. Sé que estás acostumbrado a incidir en el efecto: cuando experimentas un problema de salud la inercia te lleva a tomar una pastilla que incide sobre el efecto en lugar de buscar cuál es la causa que origina ese dolor. Si deseas tomar un medicamento, tómalo porque no hemos venido a este mundo a pasarlo mal pero comprométete además a buscar la causa que originó ese dolor para así atajarlo no una sola vez sino para siempre.

Contemplar la vida como un enorme escenario donde suceden constantemente causas y efectos es un hábito a la vez sanador y liberador.



¿Cómo puedes aplicar la Ley de la causa y el efecto para crear abundancia?

Toma conciencia. Uno de los motivos que impiden entender la Ley de la causa y el efecto es que tomamos decisiones sin estar presentes y sin aplicar la totalidad de nuestra consciencia a cada momento de nuestra vida y, por tanto, cuando recibimos la causa que aquella originó no somos capaces de establecer la relación.

El hecho de estar presente en cada momento te facilitará la información necesaria para tomar cada decisión de tu vida con lucidez. Estar presente es prestar atención a tu cuerpo y a cómo te sientes en el momento de tomar esa decisión. Cada decisión no significa sólo el momento de las grandes decisiones sino también, y especialmente, el momento de las pequeñas decisiones de cada día que posiblemente adoptas en piloto automático.

Pregúntate por las consecuencias de tus decisiones. Ante cada decisión que adoptes puedes adoptar el hábito de preguntarte ¿cuáles podrían ser las consecuencias potenciales de esta acción? Por supuesto que no siempre las sabrás pero este sencillo hábito te dotará una consciencia extraordinaria. Hay una pregunta que si practicas con frecuencia transformará tu vida: ¿Cuál será el efecto de adoptar esta decisión en mi vida, en otras personas y en el conjunto del Planeta?

Observa tus emociones. Cada ser humano viene con un equipamiento de serie para ayudarle en todo momento a tomar la mejor decisión. Este equipamiento se llama emociones. Escucharlas te ayudará a tomar la mejor decisión para tu vida en cada momento. Obviarlas es eliminar una fuente de sabiduría que la vida te ha regalado.

Olvídate de lo que esperan o dicen de ti otras personas. Cuando tengas que decidir, olvídate de todo, consigue algo de silencio, quédate a solas y sigue tu intuición porque ella sabe lo que es mejor para ti. Y cuando lo sepas, aférrate a tu verdad porque esa será la fuente de tu felicidad presente y futura. Las emociones están ahí para ayudarte y escucharlas te proporcionará información relevante en tu vida.

Y si esta entrada te ha resultado interesante, a continuación rescatamos una conferencia en la que Sergio Fernández explica ésta y otras leyes que determinan la abundancia en el universo:

¡Gracias por leer el post y compartirlo!

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