Conocimientos. Si quieres aprender, aprende a enseñar

Nunca me he considerado escritor, aunque he escrito unos cuantos libros y montones de posts y artículos. Nunca me he considerado conferenciante, aunque llevo a mis espaldas centenares de charlas. Y tampoco me he considerado formador, aunque he impartido cursos y talleres a miles de personas.

Y no me he considerado nada de lo anterior por dos razones. La primera es que siempre he defendido que lo que nos define no es una profesión, título o cargo sino lo que hacemos con ello. La segunda es que escribir, hablar en público o formar son herramientas, canales, instrumentos para influir o generar un cambio, no un fin en si mismos.

Pero dicho esto, está claro que, si no quieres quedarte estancado, tarde o temprano vas a tener que ponerte delante de aquellos a quienes quieras influir, cambiar, mejorar o ayudar. En una pantalla, en un papel o ante un auditorio o aula. Y por eso hay que hacerlo del mejor modo posible.

La mejor forma de aprender es obligarte a enseñar

Cuando hace diecisiete años empecé mi vida como Profesional Libre, me tuve que enfrentar, prácticamente sin contemplaciones, a todas esas situaciones y lo cierto es que, en mi vida de “cuentajenado”, casi nunca había tenido que hacer nada de eso. Mi trabajo era operativo, ejecutivo, pero salvo algún acompañamiento básico a los que se iban incorporando a la empresas en las que estaba, mi fase de formador era mínima.

Lo primero que descubres es aquello de “en mi cabeza sonaba fenomenal”. Me refiero a que hay cosas que dominas por costumbre, experiencia o hábito, pero la cosa cambia mucho cuando tienes que convertirlo en un manual o en un programa de formación. Es decir, cuando tienes que explicar a otros lo que tienes en tu cabeza.

Y lo cierto es que, al tener que “exportar” tus aprendizajes a otros, es cuando realmente vas a entender lo que has estado haciendo. Al obligarte a explicar cómo y por qué haces lo que haces, vas a descubrir opciones de mejora y posibilidades de innovar.

Por eso, te recomiendo que aunque te dé mucha pereza o vergüenza, te animes a crear un manual, un libro, un blog, un canal de vídeo, un podcast o te ofrezcas a dar un seminario, un taller o una ponencia presencial o remota sobre lo que se supone que dominas.



Al enseñar, el/la protagonista no eres tú

Una de las primeras cosas que aprendes al tener que transmitir lo que sabes es que tú sólo eres un medio, un canal. Los protagonistas son aquellos en los que quieres influir, motivar, desarrollar. Y no sólo eso, sino que cada persona es de su padre y de su madre Así que, debes hacer algo casi mágico, meterte en la cabeza de de todos ellos para que el resultado sea efectivo.

Los buenos formadores siempre dicen que la clave está en conseguir que sean los receptores de tu mensaje quienes deduzcan, descubran o identifiquen por sí mismos lo que tratas de transmitirles. Esto no va de soltar la “chapa”, de ir de telepredicador sino de guía que les ayude a encontrar el camino.

Esta es una de las lecciones más difíciles que he tenido que aprender. Pero al obligarte a pensar como tus lectores, audiencia o alumnos, vas a enriquecer mucho tus contenidos y a ti mismo/a.

La valentía genera resultados

“Es que no sé si lo que puedo decir es interesante”. “No voy a escribir un blog porque otros saben más que yo”. “¿Quién soy yo para dar lecciones a nadie?”, “Ofrecerme a presentar los proyectos de mi empresa en una feria de mi sector, calla loco”.

Como suele ocurrir con muchos de los elementos de la Estrategia Personal, la mayor barrera no es técnica o económica, sino mental. El miedo, el pudor, la falsa modestia, el síndrome de impostor,… lo que te frena no es material sino mental.

Lo que he descubierto en todos estos años es que quien se atreve a mostrarse y a compartir lo que sabe, consigue resultados. Que te pones nervioso, por supuesto. Que no siempre sale todo perfecto, por descontado (aunque los problemas son mucho menores de lo que imaginas). Qué cada vez que terminas de escribir un libro, dar un curso o realizar un taller vas a pensar que podrías haberlo hecho mejor, ni lo dudes. Pero cada acción te ayuda a mejorar, nunca lo vas a hacer tan mal como piensas y la gente suele ser muy agradecida si nota que te gusta lo que haces y que lo has preparado.

Nunca terminas de aprender a enseñar

Con todo esto de la pandemia, muchos hemos tenido que pisar el acelerador y adaptarnos a nuevos formatos. Y eso es bueno porque te permite descubrir herramientas, técnicas y formas de comunicar.

Pero lo cierto es que las sutilezas a la hora de realizar el traspaso de conocimientos son muchísimas. Te das cuenta (de un modo algo doloroso) de todo lo que te queda por aprender cuando ves a quienes lo hacen mejor o mucho mejor que tú y te das cuenta de todo lo que te falta por aprender.

Una de esas personas que te hacen sentir pequeño cuando le escuchas, lees o simplemente conversas con él, es mi amigo y maestro David Barreda. Es un ejemplo genial de lo que te cuento. Desde su blog genial pasando por sus charlas o talleres hasta sus consejos mientras te tomas unas cañas, David es un ejemplo “de libro” de lo que implica todo esto que te cuento.

Por eso es genial que, por fin, haya sacado su libro, El Formador 5.0 en el que explica todo lo que puedas necesitar para ponerte frente a una audiencia y conseguir que se ponga en marcha. Eso es dejar huella, generar un cambio, dejar Marca Personal.

David domina todo lo relacionado con la formación, desde poner en marcha su propio negocio cuando era un chaval, hasta emocionar, divertir y motivar a un auditorio de centenares de personas o un pequeño grupo de media docena de alumnos.

Aquí te lo dejo, para que le conozcas y te animes, al menos, a echar un vistazo al libro fundamental, útil y muy entretenido que te ayudará a “exportar” lo que tienes en tu cabeza a la de otros.

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