Escrita. En mi cabeza sonaba fenomenal

No es ningún secreto que una de las cosas de mi trabajo que se me hace más pesada es escribir. Si, ya sé que puede sonar raro para una persona que ha escrito unos cuantos libros y que publica disciplinadamente sus dos posts de ochocientas palabras cada semana. Pero es así. Escribir se me “hace bola”.

Pero también es cierto que hay algo que repito con frecuencia y es que, aunque te dediques a algo que te gusta, siempre hay aspectos que te aburren más o que te cuestan más. Lo que ocurre es que son necesarios y sin ellos, todo lo demás se caería o funcionaría mucho peor.

Con esto también quiero descartar un par de mitos.

Uno de ellos es que sólo debes hacer lo que te gusta. Que sólo deberías hacer algo si tienes la actitud adecuada. Pues no. Resulta que primero haces lo que tienes que hacer (si lo que TIENES, aunque disguste a muchos autoayudistas) y luego ya verás como tu actitud está por las nubes… y no al revés.

El otro tópico es el de que para hacer algo bien, tiene que gustarte. Pues creo que no. Creo que se puede llegar a conseguir una buena destreza con cualquier cosa siempre que le dediques el tiempo y esfuerzo necesario.

Todo pasa por escribir

Te guste o no, con el tiempo me he dado cuenta de que gran parte de mi trabajo, por no decir todo, tiene una fase de escritura. Puede ir desde lo informal hasta lo planificado, pero es casi imposible evitar plasmar tus ideas en un papel o en una pantalla.

Al preparar una presentación, al asistir a una reunión, al presentar una propuesta comercial, al enviar un correo electrónico, al crear un vídeo o un curso, y por supuesto, al escribir un post como este, un manual o un libro, todo pasa por convertir tus ideas en palabras.

Así que, si eres como yo y se te hace cuesta arriba, más te vale asumirlo.



En mi cabeza sonaba fenomenal

Quizás una de las razones por las que nos paraliza la escritura es porque eso implica “materializar” algo que tienes muy claro en tu cabeza. Y no siempre es sencillo.

Siempre digo que, incluso en el caso de que nadie leyese tu blog, merecería la pena seguir escribiéndolo porque es uno de los mejores ejercicios de autoconocimiento y de mejora personal que puedes tener.

Cuando tienes que explicar tus ideas locas a otras personas a través de la palabra escrita es cuando te vas a ver obligado a poner orden en esa olla a presión que es tu cabeza.

Y cuando, sobre todo al principio, lo que escribes se parece muy poco a lo que piensas, es un poco deprimente y es fácil pensar que eso no es lo tuyo.

Pero si empiezas y tienes la disciplina de pasar de las musas al teatro, verás que poco a poco vas mejorando y que a falta de un USB que puedas conectar de tu cabeza al ordenador, escribir se convierte en parte de ti.

Escribir te ayuda a encontrar y pulir tu estilo, tu Marca Personal

Una de las cosas más interesantes de convertir tus impulsos eléctricos cerebrales en palabras es que es una de las mejores formas de evolucionar y mejorar.

Por un lado vas a recibir opiniones y comentarios de otras personas sobre lo que estás plasmando. Pero creo que es aún más importante el “feedback” que te vas a dar a ti mismo. Me explico.

Una de las cosas más curiosas de escribir un libro es que, cuando lo terminas y te alejas un tiempo de él, cuando vuelves a echarle un vistazo es como si lo hubiese escrito otra persona. Mientras estás en plena faena, es difícil separarlo de tu vida, pero cuando ya lo ves publicado es cuando lo puedes juzgar. Y esa es una de las mejores formas de conocerte a ti mismo.

Con algo más sencillo como es este blog, he descubierto o, más bien, confirmado aspectos de mi personalidad que otros me comentaban. Humor, mala leche, sentido común, cierta negatividad,… Una cosa es que te lo digan y otra cosa es que lo vean tus ojitos.

Y cuando sabes como eres, ya has dado el primer paso para mejorar, pulir tu estilo y cambiar cosas para generar un impacto mayor y dejar tu Marca Personal.

Si no quieres que roben tus ideas, escríbelas y compártelas

Uno de los temores más habituales, aunque menos confesados, de mucha gente con la que trabajo es el miedo a que les copien las ideas.

Por un lado creo que, a estas alturas, es muy raro encontrar una idea que no haya sido expresada. Casi siempre el éxito tiene más que ver con la ejecución o con la personalidad de quienes las ponen en marcha que la idea en sí misma.

Pero estoy convencido de que, divulgar tus ideas, es aún más útil para protegerlas que tratar de esconderlas. Si compartes cada cosa que se te ocurra al mayor número de personas posibles, te estás garantizando la autoría. Especialmente en estos tiempos de Internet en los que todo queda registrado.

Escribir y divulgar lo que se te ocurre creo que tiene más utilidad que dedicarte a perder tiempo y dinero registrándolas en organismos oficiales.

Por eso, y aunque escribir me suponga un esfuerzo extra, es algo que me acompañará mientras tenga algo que decir.

Ah, y ahora que he terminado de escribir este post, mi actitud es mucho mejor que antes de poner la primera palabra.

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