La paradoja de la productividad o por qué para hacer más hay que ser más holgazán

Cuando hablamos de la codiciada pero terriblemente escurridiza productividadtendemos a pensar que para ser el epítome de la productividad tenemos que hacer sacrificios casi inhumanos y levantarnos a las 3:45 horas (tal y como hace el bueno de Tim Cook).

Sin embargo, lo cierto es que no hace falta entregarnos a semejantes y lacerantes martirios para alcanzar la productividad. Y es que la productividad porta sobre los hombros una afortunada paradoja: que tenemos realmente el poder de hacer más cosas en menos tiempo si tenemos la feliz idea de dejar más ratos muertos en nuestra apretadísima agenda.

Esta paradoja puede parecer a bote pronto demasiado buena para ser verdad. ¿Realmente podemos alcanzar cotas más altas de productividad permitiéndonos el lujo de ser más holgazanes? La respuesta a esta pregunta es un «sí» rotundo. Esta es la tesis en torno a la cual orbita Slack, un libro ya clásico sobre la eficacia en el trabajo publicado allá por 2001 por Tom DeMarco.

En su obra DeMarco esboza la paradoja que late en lo más recóndito del corazón de la productividad: dejando más espacios en blanco en nuestra agencia parecemos zambullirnos en la indulgencia más absoluta (y condenable), pero lo cierto es que cuando estamos permanentemente ocupados, no damos lo mejor de nosotros mismos en términos productivos.



Cuando toda nuestra jornada laboral está ocupada, somos incapaces de absorber golpes o de virar de estrategia cuando la situación cambia. Lo cierto es que podríamos trabajar todo el tiempo, pero terminaríamos volcando nuestros esfuerzos en tareas equivocadas o lidiando con cuellos de botellas de naturaleza organizacional, tal y como recoge Inc.

Dejando más huecos en nuestra agenda daremos brillo y esplendor a nuestra productividad

Dejar huecos en nuestra agenda es ineficiente es un universo del todo predecible, pero como ya quedó demostrado en 2020, vivimos tiempos azarosos ajenos a todo sentido de la previsión.

Ser un poco haraganes (solo un poco) nos ayuda a gestionar mejor las sorpresas menos halagüeñas que nos depara la vida (que lamentablemente no son escasas).

DeMarco no es, de todos modos, el único experto que propugna la paradoja de la productividad. También defiende esta teoría la autora y socióloga Christine Carter.

«No aflojo el ritmo porque sea una vaga o porque no me importe ser productiva. He comprobado, de hecho, que hace hacer pausas me hace más productiva porque holgazaneo de manera estratégica, tomándome descansos en momentos muy concretos y a intervalos regulares para así reforzar mi concentración y ponerme de nuevo a trabajar», explica Carter. «!La holgazanería estratégica me ha permitido aumentar de manera dramática tanto la calidad de mi trabajo como la cantidad de las tareas que emprendo cada día», añade.

La clave está en apostar por la ociosidad de manera estratégica. Parar de vez en cuando es necesario para que los árboles no nos impidan ver el bosque, valorar la situación y ajustar nuestra manera de abordar la montaña de tareas que tenemos frente a nosotros.

El secreto para obtener la máxima productividad no es tan doloroso como puede parecer a simple vista. Y consiste simplemente en dejarnos a nosotros mismos cierto margen de maniobra a la hora de actuar. La haraganería no solo nos ayudará a estar más cuerdos a largo plazo sino que espoleará también nuestro ánimo para acometer un mayor número de tareas en menos tiempo.

Vía: Marketing Directo

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