Sé visible, posiciónate y llama la atención: ¡Tú puedes!

En internet, hoy, no se trata de ser omnipresente, sino de ser visible, reconocible. Quizás no lo sabías, pero según el portal especializado Internet Live Stats en 2019 hay 1.742 millones de páginas web, aunque tres cuartas partes de esta cifra (1.280 millones) están inactivas, lo que nos deja un total de 427 millones de sitios en funcionamiento. Un bosque bastante tupido, ¿cierto?

La cuenta comenzó el 6 de agosto de 1991, el día en que el físico inglés Tim Berners-Lee, fallecido hace poco, lanzó el protocolo world wide web (www) y publicó el sitio info.cern.ch. Un año más tarde, había 10 páginas y a partir de mediados de los años 90, cuando surgieron buscadores como Yahoo y fue posible abrir cuentas de correo en Hotmail, que la cifra comenzó a crecer sin cesar.

En 1998, cuando apareció Mr. Google, ya había 2,4 millones de webs y en 2004, cuando llegó Facebook y se inició el fenómeno de las redes sociales, se superó la barrera de los 50 millones de sitios. Fue en 2017, sin embargo, gracias a los avances de la tecnología, a la irrupción de los dispositivos móviles y a que internet llegó a más lugares, que se subió el listón hasta los mil millones.

Quizás te parezca que 427 millones webs activas son pocas, per la verdad es que son muchas, demasiadas. ¿Te imaginas cuánto tiempo requerirías para hacer clic en cada una de ellas? Años enteros dedicados a eso, nada más. De hecho, estoy seguro de que nunca terminarías, porque además la cifra aumenta cada día y resulta prácticamente imposible ir al mismo ritmo.

A lo que voy es a que, independientemente de cuántas webs están activas, la posibilidad de que alguien haga clic en tu página ¡es mínima! Sí, aunque cueste trabajo reconocerlo, que tu página sea la elegida entre más de 427 millones es prácticamente un milagro. Esa es una dura realidad a la que nos enfrentamos a diario quienes somos parte del ecosistema digital. Todos, absolutamente todos.

Por supuesto, me dirás que no tiene interés en contactar a los 4.445 millones de usuarios de internet que hay en el mundo, ni a los casi 600 millones que están regados a lo largo y ancho de América, desde Alaska hasta la Patagonia. Quizás te conformes con una mínima parte de ellos, unos 1.000, o solo 500 o nada más 100 buenos clientes que te compren una y otra vez.

Aunque sea así, repito, la posibilidad de que alguien haga clic en tu página ¡es mínima! Eso, en todo caso, no significa que la batalla esté perdida. Hay una opción, mínima, pero opción al fin, y es que consigas ser visible y reconocible en ese inmenso bosque que es internet. Ojo: no basta con ser visible; hay que se reconocible, es decir, hay que entrar en la cabeza y el corazón del usuario.

Piénsalo de esta manera: una mañana entras al supermercado y vas directo a donde se exhiben los refrescos. ¿Qué ves? Cientos de botellas de diferentes tamaños, de todos los colores y de diversas marcas. A pesar de ello, la vista te conduce directo a donde están los que más te gustan, que te atraen como si tuvieran un imán. ¿Por qué? Porque esa es una marca reconocible para ti.

También es pertinente que entiendas que no se trata del producto o servicio que ofreces, ni del precio. Todo el tiempo, la gente compra cosas que no necesita, simplemente porque no fue capaz de contener el impulso emocional activado por una marca con la que está conectado, con la que se identifica. Se trata, precisamente, de esto último: de ser visible, reconocible, que haya afinidad.

Tampoco es suficiente con tu conocimiento y, mucho menos, con autoproclamarte experto en la materia. Por si no te has dado cuenta, en internet pululan los expertos, los sabelotodo que prometen esta vida y la otra y, a la vuelta de la esquina, se esfuman como por arte de magia. Son estrellas fugaces incapaces de subsistir en ese ecosistema canibalesco, plagado de fieras salvajes.

Entonces, te preguntarás ¿qué debes hacer para ser visible, reconocible y generar identificación? En últimas, proporcionar la solución definitiva a un problema específico de ese nicho al que le apuntas, de esas personas a las que diriges tu mensaje. Ese es el final. Ahora, vamos por el comienzo: debes darte a conocer, posicionarte y estar en capacidad de llamar la atención del mercado.

Siguiente pregunta: ¿qué hacer para darte a conocer, posicionarte y llamar la atención de tus prospectos o clientes? Fórmula mágica no hay, te lo advierto de una vez. Hay varias alternativas, pero determinar cuál usa depende un poco de ti y otro poco del mercado al que te diriges, de las personas a las que les vas a ofrecer lo que tienes. Sin embargo, una efectiva es escribir un libro.

No son muchas las herramientas que te brindan autoridad, posicionamiento y visibilidad como lo hace un libro, un buen libro. Cuando comencé a trabajar en internet, por allá en 1998, te confieso que me costaba escribir un párrafo de 5 líneas. Hoy atesoro más de 20 libros publicados y todos los que llevé a Amazon.com se convirtieron en best seller. El último de ellos, ¡Tú puedes!

Tengo que aclarar que no soy un escritor, pero gracias a las enseñanzas de mis mentores y a la experiencia acumulada me doy mañas para escribir. Además, hoy el mercado te ofrece la opción de contratar a periodistas, copywriters o storytellers expertos que te ayuden, que le den el toque profesional que tu producto necesita. De hecho, ese es uno de los esquemas que utilizo.

Cada día, a través del correo electrónico, de las redes sociales o de los medios de comunicación nos llegan decenas de libros. La verdad, la mayoría son basura, algunos inclusive una burda copia de publicaciones anteriores (copy+paste). Otros muchos no dicen nada nuevo, o simplemente no dicen nada. Y hay unos pocos, la minoría, con contenido de valor que realmente aportan conocimiento.

El tuyo, por supuesto, debe integrar esta última categoría. Si 2020 es el año para que tu negocio despegue y comience a volar alto, escribir un libro quizás sea una buena estrategia para sobresalir nítidamente en ese tupido bosque que es el mercado. Y, por si no lo sabías, no tienes que quebrarte la cabeza buscando un buen tema: tú eres tu mejor historia, hay una buena historia en ti.

Mi consejo es que te asesores de un profesional, de alguien que pueda exprimir tu conocimiento, que pueda sacar a flote tus experiencias, que tenga la capacidad de transmitir tus aprendizajes. Asegúrate de que sea contenido de valor, que aporte al crecimiento de quienes lo van a leer y que, sobre todo, te permitan cumplir con el propósito de ser visible, de posicionarte y de llamar la atención.

¡Tú puedes! lo publiqué en compañía de seis emprendedores que forman parte de mi Círculo Interno y que, quizás como tú, buscan visibilidad y posicionamiento. Fue un trabajo enriquecedor para todos y los resultados no pueden ser más satisfactorios: ya no son uno más del bosque, sino que brillan con luz propia, se destacan del resto. Última pregunta: y tú, amigo mío, ¿qué esperas?

ÁLVARO MENDOZA

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