Me miraban como si me fuese de voluntario a la Legión

Cuando empecé mi primer negocio hace más de 25 años, lo inicie con muy poco capital, el dinero que me dieron del paro.

Sabía que tenía los meses contados si no empezaba a vender rápido.

Miedo, mucho miedo y vértigo, tenía.

Pero también tenía mucha ilusión y ganas de emprender. Dentro de mí creía que si lo daba todo podría salir adelante. Tenía mucha confianza en mí, que le vamos a hacer.

Y me arriesgué.

Tuve que aprender sobre la marcha, dedicar muchas horas.

Empecé en un despacho de 12m2 montando ordenadores a medida, sin tener prácticamente ni idea, para distribuir a toda España.

Esto se llama pensar en grande, y lo demás son tonterías.

Convencí por un tiempo a mis dos hermanos para que me ayudaran a repartir propaganda a la salida del metro, para también poder vender localmente.

No existía la publicidad de pago, ni banners, ni webs. No existían.

No fue fácil, hacer subir a las personas a un despacho en el 5º piso, por muy económicos que fuesen los ordenadores. Pero algún curioso subió.

Cuando vendí mi primer ordenador estaba cagado de miedo. Solo había montado el que tenía expuesto, ¡con dos cojones!

Entonces no habían tantos cursos online como hoy, ni tutoriales en YouTube hasta para poner en marcha el lavavajillas.

Todo era romperse la cabeza e ingenio. Por aquel entonces no teníamos videojuegos y hacíamos puzzles.

El primer ordenador que monté me tiré 4 horas para acabarlo. Cuando tienes practica, lo tienes en menos de 30 minutos.

Imagínate que hubiese tenido que hacer cursos(que no habían), para primero ser un experto en montaje y configuración de ordenadores, y luego lanzar el negocio.

Lo siento, no tengo paciencia. Además te haces experto haciendo.

Tuve que afrontar muchos miedos, nadie estaba de acuerdo con lo que iba a hacer.



Me miraban como si me fuese de voluntario a la Legión.

Cuando me entraban las dudas, no sabía si ir a correr a esconderme debajo de la cama de mamá, y pedir perdón por tanta osadía, o alistarme en la Legión y convertirme en un hombre de verdad.

A todo ello dejé mis estudios en la universidad para emprender. Mi madre no me habló en 3 meses.

Era cabezón (y lo sigo siendo). Pensaba que si no llegaba a tiempo a este mercado, que estaba en plena expansión, más adelante sería peor, estaría más saturado.

Paranoias de joven, vamos. Mercado y posibilidades siempre hay, pero yo entonces no lo sabía.

Mi familia y amigos pensaban que no saldría adelante y tiraría el dinero del paro.

Todo fue muy bien, crecí muy rápido, mi negocio fue todo un éxito. De hecho en la actualidad, uno de mis negocios es este de informática.

Aprendí muchísimo de todo, ya sabes, no hace falta que me extienda en esto, había nacido otro hombre orquesta más.

Si quieres que te enseñe todo lo que sé de negocios online, que sepas que formo y mentorizo a emprendedores y futuros emprendedores.

Las tonterías del miedo se te van a ir solas en cuanto empieces y veas a los demás compañeros. Y las creencias limitantes te las quito yo rápido.

«La inacción engendra la duda y el miedo. La acción genera confianza y coraje. Si quieres vencer el miedo, no te sientes en casa y pienses en ello. Sal y ponte a trabajar.» Dale Carnegie.

Saludos y un fuerte abrazo 🙂

José Miguel García

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